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Ilustración: Mary Esther Lemus (para el libro «75 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Miradas desde Cuba»).

Derechos humanos en Cuba: del liderazgo en su creación a la represión y el silencio

6 / junio / 2023

«¿Qué ha pasado en la isla en las últimas seis décadas que ha propiciado que se haga un silencio difícil cuando se habla de derechos humanos?». Esta es una de las interrogantes que motivó la reciente publicación del libro 75 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Miradas desde Cuba.

La duda lleva a otra pregunta. ¿Cómo se ha degradado la nación al punto de que en un país que tuvo un papel fundamental en la redacción de la Declaración varias personas defensoras del régimen exclamaran en una manifestación: «¡Abajo los derechos humanos!»?

Asimismo, no es raro que agentes de la policía política o representantes del oficialismo digan, en tono despectivo, que una persona «es de la gente de los derechos humanos». El poder convirtió en estigma lo que debiera ser una virtud, con el objetivo de anular las voces disidentes.

En este contexto, el libro recientemente publicado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) —a propósito de que el próximo 10 de diciembre se cumplen 75 años de la publicación del documento fundamental de las Naciones Unidas (ONU)— aporta información al reconocimiento de una historia cubana sobre los derechos humanos. Esa historia tiene sus puntos de esplendor (como el aporte a la redacción de la Declaración de 1948), pero también de oscuridad (los derechos han sido negados por el poder). Además, se destaca la insistencia de los disidentes en apelar a ellos como «una herramienta jurídica e incluso ética» en la defensa contra el autoritarismo del régimen de La Habana.

75 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Miradas desde Cuba también permite revindicar el valor de los derechos humanos como herramienta legítima de la ciudadanía. Esto, mediante análisis de referentes de la academia, el activismo y el periodismo independiente —e ilustraciones de los artistas cubanos María Esther Lemus, Julio Llópiz-Casal y Renier Quer—. Se publica en un año, 2023, en que Cuba se someterá al cuarto examen periódico universal en el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU y también intentará reelegirse miembro del CDH.

Como advierte en la presentación del texto su compilador Gabriel Salvia, director general de Cadal, «a diferencia de las democracias defectuosas con graves situaciones de derechos humanos, el Gobierno no democrático de Cuba tiene como política de Estado la criminalización de estos, con disposiciones establecidas en su Constitución de 2019, su código penal y leyes especiales».

Al no ratificar los Pactos Internacionales de la ONU que firmó en 2008 (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales), Cuba «no asume el compromiso con los derechos humanos que demanda la resolución que en 2006 creó el CDH, pues impide investigar acusaciones de individuos y organizaciones a quienes el Estado cubano ha violado sus derechos», agrega Salvia.

En el libro, el historiador y activista Manuel Cuesta Morúa analiza la universalidad de la Declaración, la cual el régimen cubano cuestiona para limitar su incidencia dentro de las fronteras de la isla. En cambio, el Gobierno afirma que se trata de «herramientas del capitalismo, con enfoque occidentalista», lo que utiliza (por negación) para reforzar sus prácticas de discriminación y exclusión por razones políticas.

Reinaldo Escobar —editor jefe del diario digital 14yMedio—, en una relectura del discurso de Guy Pérez-Cisneros Bonnel —diplomático cubano y crítico de arte— al presentar el proyecto de la Declaración Universal en 1948, planteó: «¿qué queda hoy en Cuba de aquellas conquistas que se acercaban al horizonte de los derechos humanos? ¿Qué queda de aquel orgullo?».

En el libro se destaca que Cuba fue el país que encomendó al Consejo Económico y Social de la Naciones Unidas elaborar una Declaración Universal de Derechos Humanos. Con anterioridad, Ernesto Dihigo —doctor y profesor de la Universidad de La Habana— había presentado el primer proyecto del texto para que sirviera de base al trabajo de dicho Consejo. El 2 de mayo de 1948 Cuba fue ponente de la primera Declaración de los Derechos del Hombre aprobada por la IX Conferencia Internacional Americana, realizada en Bogotá, en la que se dispuso la creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Entre los aportes cubanos a la Declaración, Pérez-Cisneros también resaltó en su discurso el tercer «Considerando» del Preámbulo, en el cual se propone «que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión».

Sin embargo, el periodista independiente Reinaldo Escobar advierte que, aunque por primera vez en seis décadas de la llamada «Revolución cubana» la Constitución de la República aprobada en 2019 reconoció «el goce y el ejercicio irrenunciable, imprescriptible, indivisible, universal e interdependiente de los derechos humanos» (artículo 41), es sintomático que no se mencione por su nombre la Declaración Universal que los proclamó hace 75 años.

«Pero más llamativo resulta que en la práctica los únicos puntos de la Declaración que tienen alguna vigencia en Cuba son el artículo 16 que se refiere al derecho a casarse y formar una familia y el artículo 24 que reconoce el derecho que tiene toda persona al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas. Los otros 28 artículos se violan flagrantemente o se cumplen de forma parcial», concluye Escobar.

Por su parte, el profesor y doctor en Ciencias Jurídicas, Julio Antonio Fernández Estrada, «hace también un repaso por los documentos rectores de la vida de la nación desde 1959 (…) y da cuenta del pesado silencio y a menudo la negación explícita de la relevancia de los derechos humanos para la vida social en Cuba», reseñó en el prólogo del libro Hilda Landrove, máster en Estudios Mesoamericanos.

«Sin negar los avances —hoy perdidos y en crisis radical— en los derechos sociales, el balance que ofrece Fernández Estrada resulta en el reconocimiento de que tomará un arduo proceso de educación para las generaciones siguientes entender y asumir como propias e imprescindibles las definiciones de derechos humanos para su bienestar», agrega Landrove.

Por su parte, Gabriel Salvia considera que el texto podría contribuir con la educación cívica de los cubanos y motivarles a reclamar de forma pacífica el respeto a sus derechos. «Cadal aspira también a que este libro ayude a sensibilizar a Gobiernos democráticos sobre el bloqueo de las libertades fundamentales por parte del Partido Comunista de Cuba y a ponerse del lado de las víctimas en lugar de justificar a sus verdugos», afirmó.

Ampliar la discusión sobre DD. HH.

Hilda Landrove, Manuel Cuesta Morúa y Julio Fernández Estrada, en conversación con elTOQUE, coincidieron en que «los derechos políticos se han limitado de una forma drástica en Cuba». También en que hay discriminación hacia quienes tienen ideologías diferentes de la oficial. No es posible ejercer el derecho de huelga, no se reconoce la objeción de conciencia ni se permite fundar o registrar un partido u otra organización política.

En el restrictivo contexto cubano es esencial «que las nuevas generaciones sientan y entiendan como propios e imprescindibles para su bienestar y libertad la protección y la defensa de los derechos humanos para todas las personas», escribió Fernández Estrada en su artículo para el volumen.

En opinión de Cuesta Morúa, el Gobierno cubano desterró toda conversación en torno a los derechos humanos y castiga a quienes hablan de derechos.

Hilda Landrove apunta: «el término derechos humanos en Cuba se llegó a convertir en un tabú. Quien se identificara con los derechos humanos era, por definición, un “enemigo de la Revolución”. El Gobierno cubano ha partido de la retórica, y en la práctica concreta, de que “los derechos humanos son una construcción occidental de pretensión falsamente universalista”, por lo que no tendrían que respetarlos».

La idea, continúa la investigadora, «les sirve [a las autoridades cubanas] para decir: “ellos inventaron los derechos humanos, no nos interesan”. Pero es bueno recordar que, en esos países occidentales, regidos por democracias liberales, los derechos humanos son argumentos de peso para enfrentarse a la opresión, para resistirse a violaciones. El tema de los derechos humanos no está en la manera en que están constituidos o en el hecho de si son realmente universales, sino en la práctica y su uso para defenderse y para demandar derechos».

Julio Fernández Estrada precisa: «no solo estamos ante un tema tabú en Cuba, estamos ante un tema del que no se sabe casi nada [en la isla]. Recuerdo cuando la viceministra de Educación Superior [Martha del Carmen Mesa Valenciano, hoy diputada al Parlamento] dijo hace unos años que no se podía estar hablando de derechos humanos en las aulas con los estudiantes universitarios. Eso fue después de que, por primera vez desde 1959 para acá, se hablara de derechos humanos en un documento jurídico-político [la Constitución de 2019]».

«Un grupo de personas hicimos una carta en aquel momento reclamando el disparate que significaba lo dicho por la viceministra, e hicieron una Mesa Redonda [programa de la televisión estatal], a la cual fue el ministro de Educación Superior para defenderla y decir que todos los que habíamos criticado su posición éramos mercenarios», agregó el profesor Fernández Estrada.

En ese momento, el titular del Ministerio de Educación Superior (MES), José Ramón Saborido Loidi, esgrimió amenazantemente un ejemplar de la Constitución y recordó la existencia del artículo 5, en el que se impuso: «El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista, marxista y leninista (…) es la fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado».

«Ese día fue la primera vez que vi a un funcionario reconociendo lo que me parecía de toda la vida: que desde 1976 la Constitución cubana tiene un solo artículo», dijo Fernández Estrada.

«Por lo tanto, hablar de derechos humanos siempre es necesario e importante en todos los contextos. Lo más importante es que obliga a las instituciones políticas, específicamente al Estado, a comportarse de una manera particular frente a la ciudadanía. Son muy relevantes los mecanismos por los cuales a través de la Declaración se llega a las regulaciones y protecciones de los derechos humanos. No por gusto Cuba no firma los Pactos que no le interesan, no ratifica los Pactos que no le interesan. Porque son los Pactos los que convierten en vinculantes los contenidos de la Declaración».

«Los derechos humanos han sido durante décadas una bandera de lucha en el mundo. Son producidos por las luchas de los pueblos, por movimientos sociales. Es mentira que son un producto de la burguesía y del pensamiento liberal. Los derechos siempre surgen de grandes movimientos sociales o de luchas populares», especifica Julio Fernández.

El problema de Cuba, opina Fernández Estrada, es que el sistema político e institucional y la manera en la que está organizada la relación entre el Estado y el derecho de la ciudadanía impide el ejercicio de casi todos los derechos civiles y políticos que están concebidos en la Declaración Universal y en otros instrumentos internacionales de derechos humanos. «Por ejemplo, en Cuba no se puede crear una organización política diferente a la del Partido [Comunista]», apuntó.

Tampoco en la Constitución de 2019, incluso después del «deshielo» entre la Administración de Barack Obama y el régimen de Raúl Castro, se menciona la sociedad civil como concepto.

«Es decir, el “deshielo” no llega al punto de asumir que la sociedad civil es algo que va a estar en el texto constitucional. En la Constitución de 2019 no se menciona ni la emigración cubana ni su exilio ni se menciona la sociedad civil. Son innombrables», dijo el jurista.

Hilda Landrove señala que, a pesar del cerrado espacio político cubano, el régimen utiliza «una retórica de actualización, la intención de parecer un Gobierno moderno que se ajusta a las normativas internacionales y empieza a introducir términos dentro de esa retórica como el de los derechos humanos, que es fundamental. Pero que se hable de derechos humanos dentro de la Constitución no significa que haya una voluntad política de respetarlos o que se conviertan en una guía de actuación».

En opinión de Cuesta Morúa, «la represión, condenas, encarcelamiento, expulsión del país y ostracismo de la ciudadanía, de los activistas, de la sociedad civil… es un círculo que [la Seguridad del Estado] ha reproducido durante años y que hay que romper. Por eso el tema de los derechos humanos, sociales, políticos, económicos, culturales… es fundamental y urgente. Y en ese marco debemos desarrollar nuestras opciones y alternativas».

Las redes sociales han permitido socializar más la conceptualización de los derechos humanos y la ciudadanía empieza a apropiarse de ellos. «Cuando vemos lo que pasó en Caimanera, un pueblo aislado en el que hay que pedir permiso [a las autoridades] para entrar, donde [los manifestantes] pidieron libertad y derechos humanos, tenemos la evidencia de cómo ese concepto se ha socializado, cómo es parte del pueblo», dijo Cuesta Morúa.

El profesor Julio Antonio Fernández Estrada señala la importancia de «conocer la reescritura de la historia que hizo el Estado cubano». Según el doctor en Ciencias Jurídicas, «corresponde a la ciudadanía redescubrir y revalorar» la historia y la conceptualización de los derechos humanos.

«Por eso también vale la pena leer el libro. Apostamos por que la gente regrese al tema de los derechos humanos de una forma amena, que se pueda leer con facilidad, que se pueda discutir en la casa —me interesa mucho que la gente hable de estos temas dentro de su casa—. Como dice Manuel Cuesta Morúa, si la gente de Caimanera lucha por los derechos humanos ahí, a camisa quitada literalmente, es una victoria del pueblo cubano».

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