«Amor, me están llevando para la base»: el patrón que une a peruanos y cubanos reclutados por Rusia

9 de junio de 2026 a las 12:00 p. m.

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El teléfono sonó de madrugada en Lima. Ohana respondió, desesperada por tener noticias de su marido, un ciudadano peruano que horas antes había llegado a Moscú. «Amor, me están llevando para la base», escuchó.

Pocos días después, supo que se encontraba muy cerca de la primera línea de combate en el conflicto de Rusia con Ucrania.

«Mi esposo trabajaba como seguridad en una mina. Un grupo de amigos suyos ya se había ido a Rusia unos 15 o 20 días antes. Ellos le dijeron que les iban a pagar un bono importante y que el trabajo consistía, básicamente, en seguridad», cuenta en exclusiva a elTOQUE.

Salió convencido de que pasaría un año haciendo labores de vigilancia en instalaciones rusas. Los conocidos que estaban allá lo pusieron en contacto con otros peruanos devenidos reclutadores, que le hablaron de buenos salarios (2 600 USD), de bonos anuales de 20 000 y de tranquilidad.

Ella intentó persuadirlo para que no viajara. La guerra aparecía constantemente en las noticias y la idea de que viviera en Rusia le provocaba miedo. Pero la situación económica terminó pesando más.

«Nosotros teníamos muchas deudas aquí. Entonces mi esposo me dijo: “Mejor me voy para allá, voy a estar un año, tranquila. Me pagan el bono y te lo mando para que puedas cancelar las deudas”».

Su amigo, que resultó también víctima del engaño, lo tranquilizó. «Le dijo que todo estaba calmado, que al parecer ya la guerra se iba a acabar y podrían trabajar tranquilos. Entonces, él se animó. Por eso se fue».

Tras un viaje Lima-Panamá-Estambul, aterrizó en Moscú el 17 de abril de 2026; pero en lugar de ir a un hotel, como le habían dicho, esa misma noche siguió para una base del Ejército.

Poco después, le hicieron firmar contratos que no entendía. «A los que no firman, les pegan», asegura Ohana. La mayoría de los documentos estaban en ruso y las pocas versiones en español parecían traducciones incompletas. «No estaban completos. Le hicieron firmar prácticamente un papel en blanco».

La sospecha terminó convirtiéndose en certeza cuando encontró en TikTok una transmisión de mujeres que protestaban frente a la Embajada rusa en Lima. Denunciaban que sus familiares habían sido engañados y enviados a la guerra.

«Entonces yo me comunico con la muchacha del live y me comenta la situación y pongo en alerta a mi esposo. Él me dice: “Sí, amor, llegando acá me he enterado de ciertas cosas que eran mentiras”».

Desde entonces, comenzó a contactar a otras mujeres en situación similar a la suya y terminó conociendo a más de 200 familias. Ohana se convirtiéndose en la líder de un grupo que aboga por una solución para regresarlos a casa. «Hasta la fecha, sigo en la lucha de poder traerlo», afirma.

Las últimas semanas fueron de llamadas, denuncias y trámites. Ohana dice haber acudido a las autoridades peruanas, entre ellas la Cancillería, congresistas y la Defensoría del Pueblo; y, sobre todo, a la Embajada rusa, pero niegan cualquier irregularidad y sostienen que todo se realiza conforme a contratos legales.

Ohana cuestiona la posibilidad real que tiene su esposo de defenderse o abandonar el Ejército una vez dentro.

«No han querido ver los videos que tenemos de prueba de cómo maltratan a nuestros nacionales. Nos dicen que nadie los está maltratando. De ser así, entonces tienen que denunciar ellos y solamente ellos pueden solicitar su baja. Y yo le digo: “Pero ¿cómo? ¿Cómo ellos van a hacerlo? Si ellos están ahí adentro ¿Cómo se van a quejar a los mismos que los están maltratando? ¿Cómo pueden pedir su baja si no tienen las vías y no les hacen caso?”».

En los últimos días, Ohana ha perdido el contacto directo con su esposo. La última información que recibió es que él y otros latinoamericanos estaban siendo trasladados otra vez de base, sin saber hacia dónde. Aun así, insiste en mantener las protestas y la presión pública. Confía en que las denuncias de las familias obliguen finalmente a las autoridades peruanas a intervenir con más firmeza ante Rusia y a exigir la cancelación de los contratos de los reclutados para que puedan regresar a casa. 

Un patrón que se repite

La historia de esta familia peruana recuerda de manera inquietante lo que elTOQUE lleva documentando desde 2023 sobre cubanos reclutados para combatir en Ucrania. Desde entonces, el medio ha descrito las redes de reclutamiento que ofrecían a jóvenes cubanos salarios altos, ciudadanía rusa y supuestos trabajos de construcción o seguridad que terminaron vinculados al Ejército ruso. 

Los testimonios muestran un patrón que se repite casi punto por punto con el caso peruano. Muchos cubanos aseguraron haber sido convencidos por amigos o conocidos que ya estaban en Rusia. Varios viajaron creyendo que realizarían trabajos civiles lejos del combate y descubrieron la verdadera naturaleza del reclutamiento una vez dentro de las bases militares rusas. Otros denunciaron contratos exclusivamente en idioma ruso, pagos retenidos y enormes dificultades para abandonar el frente. 

elTOQUE identificó a varias mujeres vinculadas a redes de captación que operaban desde grupos de Facebook y Telegram, y que ofrecían contratos con salarios de más de 200 000 RUB (más de 2 000 USD) y promesas de pasaportes rusos para quienes aceptaran viajar. 

Otra investigación reveladora publicada por elTOQUE siguió el rastro de varios cubanos que, después de combatir para Rusia, terminaron abandonados en una especie de limbo legal. En el reportaje «Cubanos reclutados en el ejército ruso: sin dinero ni papeles tras expulsión», varios excombatientes denunciaron que, tras ser expulsados de sus unidades militares, quedaron varados sin documentación, con pagos pendientes y bajo amenaza de ser enviados otra vez al frente. Algunos dormían en estaciones de metro o aeropuertos mientras intentaban evitar la deportación o el regreso al combate. El texto, una vez más, recogía testimonios de cubanos que aseguraron haber firmado contratos incomprensibles en ruso, haber entregado sus tarjetas bancarias a las reclutadoras y haber descubierto demasiado tarde que las promesas de ciudadanía y regularización migratoria no se cumplirían. 

Las denuncias sobre el reclutamiento irregular de cubanos han empezado a generar consecuencias internacionales. En mayo de 2026, se informó que Reino Unido sancionó a Dayana Echemendía y Elena Smirnova, dos mujeres señaladas por participar en redes de captación de cubanos para el ejército ruso. Según el ministerio de Exteriores británico, ambas participaron «en el reclutamiento engañoso de ciudadanos cubanos mediante anuncios de trabajos bien remunerados difundidos por redes sociales y otros canales de comunicación. Una vez en Rusia, los reclutados eran obligados a combatir en Ucrania». 

La medida convirtió un fenómeno inicialmente tratado como problema migratorio o consular en un asunto con repercusiones diplomáticas y de seguridad internacional.

Las investigaciones también han empezado a medir el costo humano de esa maquinaria de reclutamiento. En febrero de 2026, elTOQUE publicó un reportaje sobre las familias cubanas que intentan cobrar las indemnizaciones prometidas por Rusia tras la muerte de sus parientes en el frente ucraniano. El texto detalla que, según fuentes ucranianas, al menos 93 cubanos han fallecido en la guerra, y describe la incertidumbre de familias que llevaban meses sin noticias de sus hijos, esposos o hermanos. 

Muchas de las historias comenzaron de forma parecida: ofertas de trabajo, necesidad económica y promesas de salarios imposibles de obtener en sus países de origen.

Según datos publicados en diciembre de 2025 por autoridades ucranianas, alrededor del 40 % de los cubanos identificados en territorio ruso tendría vínculos previos con estructuras estatales o militares cubanas

Sin embargo, se advertía que el universo de reclutados seguía siendo heterogéneo y estaba compuesto también por migrantes económicos y personas en situaciones vulnerables. La coexistencia de ambos perfiles —exmilitares y civiles precarizados— refuerza la idea de que Rusia podría estar alimentando sus necesidades de personal con la captación en países empobrecidos o marcados por la desigualdad económica. 

Un informe reciente de la Federación Internacional de Derechos Humanos citado por el diario español El País, sostiene que Rusia ha convertido a varios países latinoamericanos en focos de reclutamiento de extranjeros vulnerables —especialmente Cuba y Colombia— mediante ofertas engañosas difundidas en Facebook, TikTok y otras redes sociales. 

Lo que ocurre con los peruanos parece encajar en ese mecanismo: la oferta laboral ambigua, la llegada inmediata a una base militar, los contratos en ruso, la presión económica y el descubrimiento tardío del engaño. Más que casos aislados, las denuncias sugieren la existencia de una red de captación cada vez más amplia dirigida a latinoamericanos empujados por la precariedad económica y absorbidos después por la guerra.

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