Desde marzo de 2026, Ledis Aguilera ocupa una banca en el Parlamento uruguayo por el Partido Nacional y se convirtió en la primera diputada de origen cubano en integrar el poder legislativo de ese país suramericano. Aguilera nació el 25 de diciembre de 1983 en Holguín, al oriente de la isla. Se describe como una profesional, madre y afrodescendiente que conoció la libertad tras su llegada al Uruguay.
Luego de asumir su puesto, algunos videos de la parlamentaria en los que denuncia al régimen cubano y otros similares de la región se volvieron virales en plataformas online y redes sociales. Ante su repercusión mediática, decidí contactar a la diputada, por primera vez, el 17 de agosto de 2026 a través de la cuenta de Instagram de su equipo político «Tiempo de Avanzar». Ese primer acercamiento sirvió para que días después recibiera su respuesta, esta vez, vía correo electrónico. Allí, amablemente, nos concedía una entrevista en exclusiva para elTOQUE.
Mi motivación para solicitar la entrevista —además de visibilizar los logros de los cubanos en el extranjero—, estuvo regida por la idea de conocer qué siente una cubana como Leydis cuando posee y ejerce derechos políticos. También, cuando participa activamente en la toma de decisiones inherentes al Estado, sobre todo porque esos derechos son negados en su país de origen a quienes no militan o no obedecen a la cúpula del Partido Comunista cubano (PCC).
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Leydis Aguilera cuenta que durante su niñez y adolescencia pasó por la misma precariedad que embarga a la mayoría de las familias que habitan Cuba, pero «era feliz» porque no conocía otra realidad. Para ella, esa situación era normal y común: «el hambre, la miseria y el control pasaban un poco transparentes».
Sus primeros años de formación académica ocurrieron en el instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (Ipvce) José Martí, en Holguín. Luego, se trasladó a Santiago de Cuba para ingresar en el Instituto Superior Politécnico Julio Antonio Mella (Ispjam), de la Universidad de Oriente (UO). Fue en ese espacio donde comenzó a darse cuenta de que las cosas «no estaban bien». Y pese a las adversidades del sistema político imperante, Aguilera logró titularse como ingeniera en Telecomunicaciones y Electrónica.
Aunque en ese momento no hubo un punto de quiebre radical para ella, sus experiencias después de salir de Holguin y comenzar estudios superiores la hicieron ir cambiando de percepción de manera paulatina: «uno va creciendo y madurando (…), entré a la universidad, inicié mis estudios y ahí me comencé a cuestionar». Una vez, asistió a una reunión de la universidad en la que hicieron un comentario abierto acerca de que todos tenían que pertenecer «obligatoriamente» a la «Union de Jóvenes Comunistas»; ella no accedió.
Más tarde, Leydis realizó una especialización en Electromedicina. Ese entrecruce académico le permitió vincular su carrera base con el área de la Salud y comenzó a trabajar en el departamento de electromedicina del Hospital General Juan Bruno Zayas Alfonso, en Santiago de Cuba. Leydis era la encargada de supervisar el funcionamiento de equipos tecnológicos en el servicio de oftalmología. Le dijeron que también era obligatorio militar en el sindicato: «tienes que inscribirte, pero tu voz no va a ser escuchada».
Llegó a Uruguay en 2010 como parte de una brigada médica enviada por el Gobierno cubano. Allí, cumplía las mismas funciones que tenía en el hospital de Santiago. «Como sabemos, las misiones médicas cubanas están integradas por un conjunto de profesionales, licenciados, licenciadas, médicos y también ingenieros que somos los encargados del equipamiento médico».
Aquella experiencia le permitió entrar en contacto con una realidad distinta a la que había conocido en Cuba y comenzó a criticar algunas de las condiciones que hasta entonces había asumido como normales. «Formar parte de ese sistema de misiones fue la gota que derramó la copa; ahí dije: ¡basta!». Esa primera estancia en Uruguay la ayudó a cerrar un proceso que «había comenzado hacía algunos años» y agregó: «terminé de abrir los ojos, yo no quería ser parte de un sistema que explota a su gente».
Poco tiempo después de su llegada a Uruguay, a Leydis le cortaron la estancia en la misión porque el régimen no la consideraba una «persona confiable». La hicieron volver a la isla bajo el engaño de que realizaría un curso de capacitación, pero ese curso nunca existió. Sin embargo, el Gobierno de Uruguay le había exigido al Estado cubano que los miembros de las misiones tuvieran consigo un documento de identidad local: «este hermoso país le exigió al Gobierno cubano que nosotros debíamos estar documentados porque sabemos que uno de los tantos mecanismos de control que ejerce la dictadura en estos casos es retirarnos los pasaportes y dejarnos indocumentados en un país distinto al que nacimos, con toda la vulnerabilidad que eso implica».
Ese documento que recibió del país rioplatense —Cédula de Identidad de Residente Temporal— se convirtió en su pasaporte a la libertad definitiva. Leydis cuenta que corrió «con suerte» porque tenía su pasaporte (no oficial) vigente y una cédula uruguaya aún en su poder. Logró comprar un boleto de regreso a Uruguay.
Tras 16 años de su primera salida, describió a las brigadas cubanas como «un programa de explotación y control» y no de solidaridad como lo pinta la propaganda estatal. «Yo lo viví en carne propia, yo fui una de esas víctimas explotadas laboralmente. Me quitaron casi todo lo que ganaba, me vigilaban, me controlaban y me hicieron sentir que no era persona, sino una herramienta del Gobierno».
«Hoy lo puedo decir sin miedo, sin vergüenza, porque uno en Cuba tiene miedo de hablar de las atrocidades que ocurren allí y en otros regímenes como el de Nicaragua y Venezuela».
Ya fuera de la tutela del régimen de La Habana y establecida en Montevideo, revalidó su título en la Universidad de la República en 2015. A la par de un ejercicio profesional independiente, comenzó a involucrarse en otras actividades relacionadas con el activismo de la sociedad civil organizada.

Foto: IG
Cuando vivía en Cuba, la palabra «política» tenía una connotación negativa. Creció en un sistema totalitario y asociaba directamente esa actividad con el miedo, el hambre, la represión y la imposición de un partido único —una realidad que provoca que muchos de sus compatriotas prefieran evitar el tema—. «Cuando tú le dices a un cubano algo de política, corre para otro lado».
Sin embargo, su experiencia en Uruguay modificó esa percepción. Su primer acercamiento a la participación pública no ocurrió a través de los partidos tradicionales, sino mediante la militancia social activa dentro de la comunidad afrodescendiente. En ese espacio de organización y reivindicación social —que no existe en Cuba—, Aguilera comenzó a involucrarse hasta asumir responsabilidades dentro de distintas organizaciones. En específico, perteneció a la directiva de la Casa de la Cultura Afrouruguaya (CCA) como parte de la Comisión Fiscal. También formó parte de la organización Universitarias/os, Técnicas/os e Investigadoras/es Afrouruguayas/os (Uafro), allí fue secretaria de la directiva. Ambas instituciones no gubernamentales siguen operando en Uruguay.
Fue durante esa etapa de activismo social cuando conoció a Gloria Rodríguez, actual directora del Partido Nacional. Aguilera comenzó entonces a colaborar con ella mediante asesorías técnicas y, bajo su guía, se adentró de lleno en la política partidista.
Al integrarse formalmente al Partido Nacional, recibió el respaldo de Rodríguez, del diputado titular de la banca, Pablo Abdala, y de los militantes. Esa experiencia transformó por completo su perspectiva previa y le enseñó que la política no es un fin en sí mismo para el control, sino una herramienta fundamental para estar cerca de las personas y transformar sus vidas de manera real.
Aguilera se sintió plenamente identificada con los principios fundamentales de esa organización, caracterizados por la defensa de las leyes, la democracia y la libertad. Su trayectoria social y política la llevó finalmente a asumir responsabilidades legislativas y a convertirse, este 2026, en la primera diputada de origen cubano en integrar el Parlamento uruguayo.
En Uruguay, Aguilera no solo encontró la libertad y el acceso a la participación política, sino que logró construir una familia: tiene un hijo de 9 años y un esposo.
Cuba cambiará, el régimen lo sabe y tiene miedo
Para la diputada, la transformación política en la isla es inminente: «el cambio en Cuba es inevitable porque no se puede tener eternamente pisoteada la dignidad de un pueblo. Es inevitable porque Cuba ya ha demostrado ser un sistema fallido. Un sistema que lo único que ha generado es hambre, dolor, miseria, separación, familias rotas, hijos que no pueden ver a sus padres, padres que no van a ver crecer a sus hijos».
La diputada habló acerca de que no han cesado, desde 2021, las protestas públicas contra el régimen que hoy encabeza Miguel Díaz-Canel, aunque muchas veces no reciben la visibilidad necesaria. Leydis asegura que dentro de Cuba avanza un proceso de pérdida de confianza en el discurso estatal: «Cada vez hay más personas que se van sumando, tanto dentro como fuera de la isla, a ese clamor».
No obstante, ella sabe que el régimen cuenta con un aparato represivo que todavía lo sostiene. El miedo está tan instaurado en la psique de muchos cubanos —incluso en algunos que están fuera de la isla— que hablar de ciertos temas todavía los hace «bajar el tono de voz».
Para Aguilera, uno de los principales papeles de los cubanos que viven en el exterior es no guardar silencio y contribuir a visibilizar la realidad de la isla. «Millones de personas hemos vivido en regímenes autoritarios y muchísimos años en silencio. El silencio nunca nos resolvió nada. El silencio no es una opción y si nosotros no comenzamos a movernos no vamos a sentir nunca las cadenas. Es mi obligación no callar».
Una voz desde Uruguay por la libertad de Cuba
Desde Uruguay, Aguilera trabaja para impulsar un cambio político en Cuba y utiliza su posición pública para acompañar y visibilizar las voces de quienes permanecen dentro de la isla. En redes sociales, se le ha visto activa en marchas organizadas por la causa de la libertad de su país de origen.
«Cuba necesita que todos estemos sobre una misma línea para construirla en paz, con justicia, sin miedo, pero no con el olvido. Creo que el apoyo a las voces que están ahí adentro, en caliente, peleándola, como Anna Benítez, como otros tantos y como los presos políticos es fundamental: visibilizarlos, que se vea que existen, que están, que se levantan».
Para la diputada, su trayectoria personal y sus valores familiares están representados en buena parte de su actual compromiso político. Haber crecido bajo un sistema que asocia con el miedo y la represión y posteriormente conocer otras formas de participación social y política en Uruguay modificó su manera de entender el servicio público.
Agregó que —como parte de su trabajo legislativo— en abril de 2026 presentó un proyecto de ley de regularización migratoria. La iniciativa busca aliviar la situación de más de 30 000 solicitantes de refugio que permanecen legalmente en Uruguay y que se encuentran en un limbo legal sin poder acceder a una residencia. La propuesta se encuentra bajo análisis en las comisiones de la Cámara de Representantes.
Hoy, Leydis Aguilera —desde una banca parlamentaria y como primera diputada de origen cubano— sostiene que su principal compromiso es defender la democracia y mantener visible la situación de Cuba.






