En Perú, los resultados en las elecciones de la última década no han garantizado estabilidad política. Sin embargo, para quienes nunca han podido escoger entre varias opciones para liderar una nación o un Parlamento, votar sigue siendo una forma de «libertad» y una aspiración.
Ese contraste se siente con fuerza entre los cubanos que viven en Perú. Algunos acudieron el 12 de abril de 2026 a las urnas por primera vez en su vida; otros, aún no pueden hacerlo por su estatus migratorio, pero miran con curiosidad las reglas del juego democrático.
Para quienes sí participaron, la experiencia va más allá de una jornada electoral: es enfrentarse, por primera vez, a participar en la vida política y elegir entre opciones distintas. Incluso, una doctora cubana —nacionalizada peruana— integró una mesa de votación y vivió desde dentro un proceso que en su país de origen no ha existido en esos términos desde hace casi siete décadas.
Todo ocurre en medio de un tenso escenario político. En la última década, Perú ha tenido ocho presidentes, muchos de los cuales no completaron sus mandatos, y varios —como Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Martín Vizcarra— han sido investigados, detenidos o condenados en medio de escándalos de corrupción. Hoy el país tiene cuatro expresidentes encarcelados simultáneamente en un penal de Lima, récord inusual en el mundo.
Un punto crítico llegó el 7 de diciembre de 2022, cuando Pedro Castillo intentó un autogolpe de Estado mediante la disolución del Congreso y la declaración de un Gobierno de emergencia que no obtuvo respaldo de los mandos policiales ni militares. En cambio, fue destituido y detenido ese día, jornada en la que se abrió un ciclo de protestas y represión cuyas heridas aún no sanan.
Sin embargo, la crisis institucional peruana convive con cierta estabilidad económica y monetaria; lo cual acentúa la sensación de que se trata de un país que funciona a pesar de los temblores políticos.
En ese contexto, los peruanos volvieron a las urnas el 12 de abril de 2026 para decidir a quién apoyar con su voto entre 35 candidatos presidenciales, una elección fragmentada que refleja tanto la diversidad política como la falta de consensos. Con más del 92 % de las actas contabilizadas el 16 de abril, Keiko Fujimori —hija del expresidente autoritario Alberto Fujimori y candidata en tres ocasiones anteriores— lidera el conteo con poco más del 17 % de los votos válidos. Le sigue el candidato izquierdista Roberto Sánchez y el conservador Rafael López Aliaga, ambos separados por márgenes estrechos en la disputa por pasar a la segunda vuelta contra Fujimori, prevista para junio próximo.

Fuente: Ojo Público/Perú.
El proceso, sin embargo, no ha estado exento de tensiones: desde denuncias de retrasos logísticos en la distribución del material electoral hasta declaraciones como las de López Aliaga, quien ha pedido la anulación de los comicios.
Más allá de la desconfianza en el sistema y la pugna entre los partidos, para muchos cubanos que hoy viven en Perú, la cuestión que los interpela es otra: qué significa votar cuando vienes de un sistema en el que no es una opción elegir directamente a un presidente o a distintos partidos para representarlos en el Parlamento. Sus respuestas, lejos de idealizar el contexto peruano, lo colocan en perspectiva.
Entre el desencanto y la posibilidad
Gabriela González, editora audiovisual peruano-cubana, residente en Cusco, fue a votar «con esperanza», pero también con reservas. No apoya a la derecha —marcada, dice, por la corrupción del fujimorismo—, una percepción que también se nutre de las historias familiares: su abuelo y su madre peruanos vivieron los años de Alberto Fujimori en el poder (1990-2000) y el conflicto armado interno (1980-2000), y le han transmitido sus vivencias de ese período en el país. Su padre es el actor cubano Frank González (1946-2021), quien puso voz a Elpidio Valdés e interpretó otros personajes recordados en la isla. Ese cruce de memorias y contextos atraviesa su mirada política.
Durante los 14 años que Gabriela vivió en Cuba nunca votó. «Me parecía una especie de pantalla. Era “votar” por el único partido que existe», dice a elTOQUE.
«Para mí eso no es democracia, no la entiendo como me la han enseñado aquí en Perú», añade. Ese contraste marca su lectura del proceso electoral en el país sudamericano. Aunque cuestiona el sistema —«hay demasiada corrupción y siento que de alguna manera está dirigido para que salgan los mismos partidos»—, reconoce que «sí dista bastante de lo que era en Cuba» e insiste en participar.
Su valoración no es lineal. Hay expectativa, pero también «decepción con los resultados» de los últimos años. Aun así, su experiencia refleja que, incluso en medio del desencanto, votar en Perú implica un margen de elección y participación política que, en la isla caribeña, no existe.
La experiencia democrática desde fuera de las urnas
Para Carelsy Falcón, una profesora cubana residente en Lima, las elecciones tienen otro peso: representan la posibilidad de cambio, incluso sin haber podido votar aún porque no es posible con su actual estatus migratorio. Pero sigue el proceso de cerca, como alguien que ya está profundamente vinculada al país. «Lo vivo como una peruana más», dice.
Aquí ha echado raíces, trabaja, tiene amigos y familia; el rumbo político del país también le pertenece.
«Si lo han hecho mal, tienes la oportunidad de cambiar esa fórmula de Gobierno», comenta. Esa alternancia —aunque imperfecta— es, para ella, un rasgo esencial de cualquier ejercicio democrático: la posibilidad real de que quien gobierna hoy pueda perder mañana.
Falcón, profesora y candidata a doctora en Historia del Arte, identifica elementos concretos que marcan la diferencia: pluralidad de candidatos, libertad de expresión, acceso a información diversa y la posibilidad de cuestionar al poder sin miedo.
«Que los ciudadanos puedan debatir, informarse desde distintas fuentes… eso en Cuba no existe», afirma. Incluso en medio de tensiones, percibe una participación ciudadana movida por una necesidad cívica de cambio.
Sin embargo, no idealiza el sistema peruano. Lo describe como una «paradoja»: hay mecanismos democráticos, pero no garantizan estabilidad ni confianza. Aun así, rescata algo fundamental: el conflicto, la crítica y la protesta como parte de la dinámica democrática.
«Es un espacio en el que se disputa lo político», señala. Un espacio que, insiste, no existe en Cuba.
Su mirada, sin embargo, va más allá de la comparación. Tanto en Perú como en la isla, dice, el desafío es igual: reconstruir la confianza en la política y recuperar valores cívicos orientados al bien común. Porque votar —o aspirar a hacerlo— es solo el inicio.
La primera vez frente a una boleta
Para Anet Mary Arias, doctora cubana nacionalizada peruana, la experiencia fue más íntima, «emocionante»: votar por primera vez y, además, ser parte de una mesa electoral. Lo que más la impactó no fue solo el proceso en general, sino los detalles mínimos, como tener en sus manos una boleta real.
«Ver la cantidad de partidos, las caras de los candidatos… estás marcando directamente al futuro presidente», dijo a elTOQUE. En contraste, recuerda que en Cuba «es un solo Partido, una “opción” disfrazada» sin la posibilidad de una elección real.
La jornada también le dejó otra sensación que no conocía: la libertad de decidir sin miedo. En su mesa, cada miembro votó por un candidato distinto, y podían trabajar juntos porque los comicios fueran un éxito.

Una mujer elige mientras se reanuda la votación en un colegio electoral afectado por retrasos y problemas logísticos en Lima, Perú, el lunes 13 de abril de 2026. (AP Foto/Martín Mejía)
«Esa libertad de pensar, de hablar, de votar sin consecuencias… Eso marca la diferencia», dice Arias, quien luego de su experiencia en Cuba no piensa votar por la izquierda, pero celebra la competencia democrática.
Aunque reconoce el «ruido» de los meses previos a la votación —exceso de información y partidos, confrontación, polarización…— lo interpreta desde otra lógica: «puede ser caótico, pero esto es libertad».
Para la doctora, el contraste con su país de origen es claro: en Perú hay debate, incluso puede parecer desordenado; pero en Cuba solo hay límites.
«Allá no se puede criticar al poder sin consecuencias», afirma Arias. Concluye con una idea que atraviesa cada uno de los testimonios recogidos por elTOQUE: votar no es solo poner una boleta en una urna. Es tener opciones, decidir de manera informada y aprovechar la posibilidad de cambiar el rumbo de un país.








