José Manuel González: «Los periodistas no son políticos»

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José Manuel González Rubines es investigador, periodista, profesor y especialista en captación de fondos. Máster en Democracia y Buen Gobierno por la Universidad de Salamanca y Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, en sus investigaciones se ha enfocado en el factor humano de los procesos políticos a partir del rescate testimonial. Actualmente, es miembro de la junta directiva de CubaxCuba. Esta es su manera de pensar Cuba. 

Julio Antonio Fernández Estrada (JAFE): Tú eres periodista de formación, te graduaste en la Universidad de La Habana. ¿En qué año?

José Manuel González Rubines (JGR): En 2018.

JAFE: O sea, eres ofensivamente joven para mí (risas). Quisiera saber un poco más de tu trayectoria desde que te graduaste: qué has hecho hasta llegar a CubaxCuba.

JGR: Me gradué en 2018. Inmediatamente, me quedé en la Universidad de La Habana dando clases, y para mí fue una buenísima experiencia porque me gusta mucho el aula. Además, fue muy formativa. En paralelo —porque era una exigencia de la facultad—, me vinculé con Juventud Rebelde.

Estuve vinculado con Juventud Rebelde alrededor de cuatro o cinco meses. En algún momento, me mutilaron un trabajo simplísimo y dije que no iba más.

Antes, yo había colaborado con Palabra Nueva, la revista del Arzobispado de La Habana, perteneciente a la Iglesia católica. De hecho, creo que fui el primer estudiante de mi aula en colaborar con un medio independiente.

Empecé a escribir allí apenas tres meses después de iniciar la carrera de Periodismo y permanecí un tiempo colaborando con la Iglesia, mientras seguía dando clases.

Después me incorporé a La Joven Cuba como columnista y miembro de su Junta Editorial. Permanecí varios años, hasta que el proyecto cambió de rumbo y decidí salir. En ese momento, fundamos CubaxCuba; justo porque advertimos que el espacio mediático quedaría aún más vacío tras el giro editorial de La Joven Cuba.

Prácticamente, todo el equipo se sumó a la nueva iniciativa, incluido el community manager. Creamos CubaxCuba en mi apartamento, en El Cerro. El nombre lo propuso Jorge Fernández Era, después de una larga conversación, y nos pareció que expresaba con claridad nuestra intención: pensar el país que queremos desde el país que tenemos; que Cuba trabaje por Cuba.

Pensar el país hoy es especialmente difícil. Cuando enfrentas apagones de 15 horas, enfermedades como el chikunguña y la escasez de alimentos, resulta complicado reflexionar sobre algo. Aun así, ese ha sido nuestro propósito: reunir a colaboradores dentro y fuera de la isla. Quien emigra pierde parte de la perspectiva interna, pero gana otra. La combinación de ambas miradas es el centro del proyecto.

No competimos con medios dedicados a la cobertura informativa diaria. Nuestro enfoque no es dar noticias, sino analizar y reflexionar sobre los temas de Cuba. Aunque a veces parezca que todo está dicho y que el Gobierno no escucha —como hablarle a una pared—, creemos que el ejercicio crítico sigue siendo necesario.

Venimos de décadas de una educación que nos repetía «pioneros por el comunismo, seremos como el Che» y que ha impedido que mucha gente se sienta realmente ciudadana. Eso lo hemos visto cambiar. Evidentemente, no es solo por la acción de nuestros medios, pero sí lo hemos visto mucho más desde 2020 hacia acá.

JAFE: En los últimos años hay bastantes graduados de Periodismo y Comunicación Social que se insertan muy rápido en medios independientes, aun sabiendo que eso puede significar un problema decisivo en sus vidas.

Lo relaciono con la formación política que se recibe en esas carreras en Cuba. ¿Es suficiente para crear pensamiento crítico? ¿O la gente se da cuenta, al graduarse, de que va a tener una vida profesional con más sentido en esos medios y no en los otros? ¿O pasa algo como lo que te pasó a ti en Juventud Rebelde —o peor—? ¿Qué crees que explica por qué tanta gente hace ese viaje tan peligroso?

JGR: Los llamados a ser «confiables» hemos resultado ser los menos confiables (risas). Creo que ahí hay una conjugación de factores. Primero: es una carrera muy política. Eso implica que muchas personas entran a estudiar Periodismo y Comunicación con intereses políticos de cualquier signo. Incluso aunque te guste el periodismo deportivo… da igual, porque el periodismo deportivo también es político.

Se combinan varios factores: una inquietud natural, una formación académica con profesores buenos y malos —como en cualquier universidad— y el momento vital en que comienzas a formarte políticamente. Sales de casa y entras en un entorno universitario que va mucho más allá del aula. Todo eso te moldea.

A mi juicio, hay una ecuación casi inevitable: si tienes inteligencia básica, valores elementales y algún sentido crítico, resulta difícil alinearse con el régimen, sobre todo en el contexto actual. En otro momento alguien podía decir: «Confío en que esto cambie». Hoy, con el nivel de información disponible, alegar desconocimiento ya no es creíble. Esa coartada perdió vigencia.

¿Hablar de un «punto medio»? ¿Entre la ignominia y qué exactamente? Ese argumento tampoco se sostiene. En parte, eso explica por qué muchos optamos por los medios independientes. También hay un componente estrictamente profesional.

Ser feliz en Granma… no sé; ser feliz en Granma hoy es casi un acto sádico. Y en el resto es parecido. Basta con abrir las páginas. ¿Cómo puedes ser una persona inteligente, querer realizarte profesionalmente y estar contento con hacer eso?

También está la cuestión económica. Después, la propaganda del régimen dice: «Fulano es un asalariado». Sí, ¿y qué? (risas). Yo tengo la mala costumbre de querer comer y vestirme; tengo cuentas que pagar.

JAFE: Es curioso: antes los asalariados eran «los nuestros», los proletarios. Ahora, en la propaganda, son enemigos.

JGR: Exacto. Entonces se combina lo formativo, lo profesional y lo económico. Tú ves que se está haciendo buen periodismo en algunos medios; tú quieres llegar allí. Y también quieres que te paguen mínimamente bien por tu trabajo.

Porque ellos dicen que los medios independientes pagan y que la gente «se hace millonaria», pero cuando comparas esos salarios con los de cualquier medio del mundo, no son competitivos. Eso es una leyenda urbana.

Y aun así hay un montón de gente que ha hecho un trabajo buenísimo sin redes de seguridad, porque ahí no hay redes de seguridad. Y tú sabes que en cuanto pongas tu firma en un medio, te van arriba con todo. Pero la represión nunca es suficiente, porque hay cosas que la represión no reprime.

Nosotros queremos ser libres. Ellos reprimen, pero nosotros queremos ser libres: ese chip viene con uno.

JAFE: Yo creo que en la naturaleza de estos sistemas está el germen de su destrucción: no pueden alcanzar a todos, no pueden ser perfectos, no pueden «terminar la historia».

No pueden eliminar ideas como la libertad, la justicia, el bienestar, la felicidad… ni cosas que mueven a la gente: el amor, la bondad, la honestidad, la dignidad.

Yo siempre recuerdo que mi papá les decía a los estudiantes de Derecho: «Se puede vivir enfermo, pero no se puede vivir sin justicia». Se los decía el primer día, como parte de la épica de la carrera, pero era verdad: no se puede vivir sin justicia. Algo en el cuerpo y en el alma te dice que eso no puede ser para siempre.

En los años que llevas trabajando en estos medios, ¿cómo evalúas lo mejor que se ha hecho en el ecosistema mediático independiente y qué está pendiente?

JGR: Eso se llama autocrítica. Fidel nos enseñó (risas). Yo creo que la mayor virtud del ecosistema mediático independiente cubano es existir. El simple hecho de existir, sostenerse y mantenerse ya es algo que habrá que estudiar algún día, porque es muy loable y ha requerido esfuerzo, desprendimiento y desinterés de muchísima gente.

Contrario a lo que dice la propaganda del régimen, aquí no se nada en dinero. Muchos hemos hecho muchas cosas sin esperar retribución económica, solo por la causa o las causas.

JAFE: Eso es casi lo contrario del mercenarismo.

JGR: Casi no: es absolutamente lo contrario.

La otra virtud es que se ha hecho muy buen periodismo. Los medios independientes han logrado retratar el país que tenemos, e incluso el país que queremos. Hay piezas deliciosas. Eso demuestra que la formación en Periodismo no es mala: la gente sale bien formada. Además, hay talento y la gente se sigue formando.

También hemos reflejado voces del país y de la Cuba fuera de Cuba: los que estamos en España, Estados Unidos, México… en todas partes.

Y creo que hay una gran deuda, pero si me preguntas cómo solucionarla, no sé. Es una deuda que va sobre el filo de una navaja.

A mí me parece que el periodismo independiente cubano ha sido muy bueno mirando al poder —que es lo que tiene que hacer—, porque el poder decide sobre la gente.

Pero no hemos sido tan eficientes mirando a la contraparte del poder. Lo que está del otro lado también es un actor político, y nos ha faltado reflexión crítica sobre eso.

Además, es importante que quienes aspiren algún día a tener cargos en Cuba, cuando llegue la democracia —que llegará, si Dios quiere—, entiendan que también estarán sometidos a escrutinio. Puedes ser respetado, tus ideas pueden ser válidas, pero también te van a mirar con lupa, porque la prensa en democracia hace eso: lo escudriña todo.

A nosotros eso nos ha faltado un poco. No sé cuál es la solución; quizá ni siquiera sea algo que podamos resolver ahora. Pero por lo menos vale la pena decirlo y tenerlo presente. Ya veremos cómo se hace.

JAFE: Que desde dentro mismo exista un sistema de medios que sobrevive a ataques, persecución, criminalización y problemas materiales, y que aun así tenga el temple y la prudencia para empezar a mirar a la otra parte, eso lleva tiempo.

Imagínate una ciudadanía que ha tenido que sobrevivir con una propaganda diseñada para moldearla. Y aun así, esa ciudadanía no ha sido perfecta para el régimen: se ha ido del país, se ha manifestado, ha criticado, ha dejado el Partido. Pero también se marcha con eso encima: cambia el color, pero sigue siendo la misma lógica. No entiende de crítica, de pensamiento crítico ni de pluralismo.

JGR: El régimen ha convertido a los medios en organizaciones políticas y a los periodistas en actores políticos. Y en ese saco estamos todos, aunque pensemos distinto. El régimen ha forzado esa especie de unidad al clasificarnos bajo los peores nombres: «gusanos», «mercenarios», según la época.

Curiosamente, algunas palabras que buscaban denigrar terminaron siendo asumidas con orgullo. Mi abuelo materno, que fue preso político en Girón, decía con orgullo: «Yo soy gusano». No hablaba del insulto literal, sino del lugar político donde el régimen lo había empujado.

JAFE: Lo mismo pasa con «contrarrevolucionario». Hay quienes no lo son en sentido histórico o filosófico (porque Revolución no es solo la cubana), pero asumen el término porque se refiere a una coyuntura específica.

Vivimos en dos remolinos: uno global y uno cubano. Y nuestro remolino va en dirección contraria. Nuestra conversación no coincide con la del resto del mundo. Hemos sido educados de una forma que supuestamente era muy política y que terminó produciendo despolitización.

Cuando se habla de una transición a la democracia —una frase que parece consensual, pero no lo es— surge la pregunta: ¿qué es urgente cambiar en Cuba?

JGR: La respuesta es «todo». Es como un edificio frente al malecón, corroído por el salitre durante 60 años. No puedes cambiar una teja.

La transición más deseable sería una negociada entre sectores moderados del régimen y de la oposición, como ocurrió en España. Pero hoy parece difícil: la oposición se ha radicalizado por el sufrimiento, y del otro lado no parece haber disposición ni capacidad de entender la necesidad del cambio. Además, hay intereses creados; esa gente vive del poder.

La vía violenta no es deseable ni suele terminar en democracia. Lo primero sería recomponer las relaciones internacionales de Cuba e integrarla a los sistemas de derechos humanos, económicos y demás. No se trata de arrodillarse ante nadie, pero sí de reconocer que ningún país puede vivir aislado. Luego vendría el desmontaje gradual del sistema, evitando el caos.

JAFE: El problema es que en Cuba se ha confundido proyecto con Estado, Gobierno, partido, sistema político e incluso con una persona. Si no estabas con el proyecto del partido, eras apátrida, traidor. Y esa es la sanción más antigua: dejar a alguien fuera de la tribu.

La gran pregunta es si nosotros, como pueblo, estamos preparados para la democracia. Después de tanto dolor y pobreza, ¿querremos construir una república democrática o buscaremos otro liderazgo carismático?

JGR: Yo me niego a pensar que nosotros no estamos preparados, porque eso implica vernos desde la pequeñez de la humanidad.

Yo quiero apostar a que el pueblo cubano puede recomponerse y tengo elementos para pensar que es posible. La mayoría de los cubanos que se han ido y se oponen al régimen se han acostumbrado a vivir en democracia, en Estados Unidos, en España y en otros lugares. Y la gente que está dentro, en general, lo que quiere es vivir bien. La mayoría quiere bienestar, como ocurre en España o en cualquier lugar.

La necesidad de una masa movilizada propia del totalitarismo —que ya no está movilizada— en democracia se resuelve con bienestar. Llega un momento en que a la gente deja de importarle quién esté gobernando si tiene una vida con un mínimo de bienestar, si vive en un país estable.

JAFE: Incluso creo que, sin democracia, si hubiera tranquilidad material, nosotros mismos somos prueba de eso. En los años ochenta en Cuba no había democracia y casi nadie hablaba de eso. La gente hablaba de los precios en la bodega: 3, 4, 5 pesos. No había democracia; era un régimen de influencia soviética, partido único, sin división de poderes, sin tribunales independientes, sin prensa libre. Pocas personas hablaban de eso. No es que no hubiera disidentes, pero no era el centro del debate cotidiano.

Por eso digo que el miedo es acostumbrarnos a un modelo no democrático que nos dé cierta tranquilidad material y terminar viviendo en un sistema que no nos permita participar.

JGR: Eso podría pasar. Sin embargo, un régimen no democrático siempre está condenado a terminar. En su esencia está el germen de su final. El simple hecho de saber que vas a gobernar pase lo que pase hace que en algún momento empieces a equivocarte y a permitir que ocurran cosas. Los ochenta dieron paso a los noventa, los noventa a los 2000… Es un proceso continuo.

Venezuela es un ejemplo. Un país riquísimo en recursos. Si la pausas en el momento en que el petróleo estaba altísimo y Chávez repartía dólares, con planes sociales y abundancia, parecía maravilloso. Pero ese mismo régimen no democrático que daba bienestar evolucionó hacia lo que es hoy. Todos evolucionan así.

JAFE: ¿Te ves regresando a Cuba?

JGR: Yo nunca voy a volver a la Cuba que quiero. Esa no existe ya y no va a existir. Esa la encontraré después de esta vida.

Sin embargo, el JGR de hoy sí regresaría inmediatamente. Sé que lo que encontraremos será un panorama absolutamente desolador. No sabemos cuán desolador, porque no tenemos todos los datos, pero sabemos que lo es. Y en esa desolación está el reto de construir algo nuevo. Más que nuevo, algo bueno.

Sé que volvería a un lugar donde ya no está parte de mi familia ni muchos amigos, donde las casas ya no están ocupadas por quienes las habitaron toda la vida. Sé que no todos los que quisiera que regresaran lo harán. Sé que será un proceso dificilísimo. Pero esa es la vida.

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