Roberto Veiga es un jurista cubano y una figura ampliamente reconocida en la sociedad civil cubana. Por décadas, ha impactado la esfera pública cubana con proyectos como Espacio Laical, Cuba Posible y Cuba Próxima. Esta es su manera de pensar Cuba.
Julio Antonio Fernández Estrada (JAFE): Roberto, hay algo en la forma en que te has manifestado que ha sido muy poco grandilocuente. Y eso me parece contradictorio con el papel real que muchas de las cosas que tú has hecho han tenido en Cuba. No sé si eso responde a una cuestión generacional, ética, política o estratégica.
Roberto Veiga: Evidentemente, tengo una vocación política, pero nunca me habría planteado dedicarme a la política. Mi horizonte, hace 30 años, era dedicarme más bien a lo académico: escribir, dar consultorías. Lo que ocurre es que quedé a cargo de la revista Espacio Laical en 2005, por encomienda del cardenal Jaime Ortega. Eso me obligó a asumir un compromiso político muy fuerte. Siempre he procurado no ir hacia el protagonismo, priorizar las ideas y no a mi persona, muy alerta de no confundir el protagonismo político con el vedetismo.
Un gran estratega norteamericano me ha dicho en varias ocasiones: «Llevas un problema, porque tienes la capacidad, pero no tienes la ambición». Y yo tengo que revisar eso: ver si es un defecto y tendría que corregirlo o si debo seguir siendo así.
JAFE: Tú eres hijo de un altísimo dirigente sindical cubano: secretario general de la CTC durante muchos años, miembro del Buró Político y del Consejo de Estado. Y al mismo tiempo eres una persona con formación católica. ¿Cómo se conectan esas experiencias?
Roberto Veiga: Mi padre fue sindicalista desde antes de la Revolución. Llegó a estar en el Buró Político, en el Consejo de Estado, en la CTC, y fue vicepresidente durante 12 años de la Federación Sindical Mundial. A los nueve días de nacido me bautizan en un momento en que la Iglesia era considerada enemiga ideológica. Mi padre se entera, pero no dice nada. Sin embargo, desde alguna instancia política le plantean algo tremendo: «Tienes que escoger entre tu matrimonio y tu condición de revolucionario». Finalmente, toma esa decisión. La tía abuela que me cuidaba era la madre de Ortega, quien en ese momento era sacerdote y después sería obispo, arzobispo y cardenal. Cuando yo nazco, la primera persona que me carga después de mi madre es la madre de Jaime. Todo eso me fue formando, me fue colocando en ese cruce de caminos.
JAFE: Espacio Laical fue una revista muy influyente. ¿Cómo evalúas ese período y por qué termina tu relación con la revista?
Roberto Veiga: El cardenal nos encomendó crear una revista similar a 30 Giorni: una visión católica de la política, de la economía, de la cultura. Pero eso no era posible ni conveniente. Cuba necesitaba un espacio para encontrarnos, no para pontificar. Establecimos una máxima: el que critique debe hacerlo de manera que el cuestionado pueda responder de forma positiva; crear puentes y no trincheras.
Desde 2005, comenzamos a trabajar con Estados Unidos, porque creíamos que debía haber un arreglo entre ambos países. Eso fue fatal: en Cuba se veía como una traición y, en muchos sectores del exilio, como una debilidad. Pero cuando Obama es elegido, su entorno estaba compuesto por personas con las que ya habíamos tenido relación, y nos integramos en la dinámica de negociación. Luego, llega el proceso de diálogo, la excarcelación de presos políticos, la discusión de reformas.
En los equipos de negociación llegan al acuerdo de que hay actores en la sociedad cubana a los que hay que permitirles trabajar. De ahí viene también una mayor tolerancia. Y se decide, por lo visto, que había un grupo de actores que no trabajaban ni para un Gobierno ni para el otro. Ahí quedamos nosotros. Mínimamente permitidos, aunque nadie nos lo informó nunca. Y quedaron permitidos otros también.
Entonces, ¿qué hace el Gobierno cubano? Como nos iba a permitir un mínimo de influjo en la esfera pública, decide —por supuesto, a espaldas de nosotros; nadie habló jamás con nosotros— que eso no podía seguir ocurriendo dentro de la Iglesia. Porque si íbamos a tener más espacio y mañana había que reprimirnos, no convenía chocar con la Iglesia; era mejor que saliéramos de la Iglesia.
Y comenzaron a ocurrir cosas muy lamentables, hasta que el 10 de junio de 2014 salimos de la Iglesia y surge Cuba Posible.
JAFE: ¿Qué cosa es Cuba Posible?
Roberto Veiga: Cuba Posible fue el resultado de la debacle en Espacio Laical y de un proceso que parecía comenzar en Cuba. Ya éramos parte de esa «zona gris», como la llamaban los diplomáticos: actores tolerados, no legales, monitoreados, restringidos, pero permitidos. Era una entidad política, académica y ciudadana a la vez, porque nuestro objetivo era influir, dar densidad al debate e incidir en quienes tomaban decisiones, y eso no se logra únicamente desde la política ni solo desde la academia.
En cinco años publicamos más de 80 cuadernos extensos sobre la transformación económica, política y constitucional que debía experimentar el país. Cuba Posible apostó por una evolución del modelo hacia la democracia. Creo que allí logramos crear un clima de confianza política. Participaron intelectuales vinculados al oficialismo, algunos opositores, el sector independiente, y personas de Europa, América Latina y Estados Unidos.
JAFE: ¿En qué año cierra Cuba Posible?
Roberto Veiga: En 2018 dejamos de tener apoyo financiero y finalmente cerramos en mayo de 2020. Fue fácil para el Gobierno acabar con el apoyo internacional al proyecto porque, como parte de nuestra estrategia —una estrategia que, vista en retrospectiva, fue fallida—, decidimos no trabajar con instituciones que buscaran derrocar al Gobierno cubano. En realidad, no importaba con quién trabajaras.
Poco a poco todos dejaron de colaborar con nosotros. Y eso tuvo un costo muy alto para mí.
JAFE: ¿Qué diferencia hay entre Cuba Posible y Cuba Próxima?
Roberto Veiga: Cuba Posible muere antes de tiempo. Incluso dos países intercedieron ante el Gobierno cubano para que se reconociera de alguna manera la institucionalidad de Cuba Posible; la respuesta fue que no, que nos iban a destruir. Y así ocurrió. Cuba Próxima surge coyunturalmente: llegó la crisis de julio de 2021 y decidimos hacer algo. Ya no consideramos viable una evolución hacia la democracia desde el sistema actual. Hoy, lo único posible es un nuevo punto de partida. Cuba Posible estaba mucho más enfocada en el largo plazo; nosotros operamos desde una urgencia distinta, trabajamos sobre todo en la inmediatez.
JAFE: ¿Qué le dirías al Gobierno cubano para que entienda que es mejor manejar la transición como algo en lo que participemos los cubanos?
Roberto Veiga: No hay, moralmente, solución en Cuba que no sea devolverle la soberanía a los cubanos. Y si vamos a la praxis política, tampoco hay otra vía: si no participamos todos —desde la pluralidad y la diversidad— no hay manera de sacar al país de la situación en la que está. El Gobierno cubano conserva el control, pero la falta de legitimidad es la mayor en su historia. Carecen de peso político real, aunque mantienen capacidad de control. Por otro lado, la sociedad cubana también carece de peso político real: somos muchos, tenemos ideas claras, pero eso, en política, no basta. Para tener peso político real hay que aportar o atraer recursos económicos, fuerza o influencia política.
Hay que ir hacia una negociación política nacional. El país está perdido para todos. Es ahora o nunca. Pero para ellos también. Si el proceso no parte de una negociación política que fortalezca y libere a todos, el futuro de Cuba podría derivar en una guerra civil. Para que haya democracia deben existir aspiraciones compartidas; para que haya libertad y convivencia democrática debe haber consenso sobre principios básicos. Eso hoy no existe. Tampoco creo que haya que confiar en Estados Unidos, pero sí tenerlo en cuenta. Lo que ocurre en Venezuela muestra que Washington negocia con quien garantice sus intereses. Si puede haber acuerdos entre el chavismo y el trumpismo, también podría darse entre el castrismo y el trumpismo. En ese escenario, no solo se pierde la soberanía del pueblo cubano: también la soberanía nacional frente a Estados Unidos.
JAFE: ¿Cuáles serían los pasos más concretos para intentar evitar una salida violenta?
Roberto Veiga: Lo primero que hace falta es madurez política en todas las partes. Cualquier cambio va a tener un camino angosto. Segundo: la liberación de los presos políticos, el cese de la represión, permitir la diversidad política y acordar una ley electoral provisional que posibilite elecciones libres y competitivas. A partir de esas elecciones, quienes resulten elegidos deberán conducir el proceso de transformación. Toda negociación debe sostenerse en dos pilares: atender urgentemente las necesidades de la población y mantener como innegociables los horizontes de la libertad, los derechos humanos, la democracia, el Estado de derecho y la paz. En paralelo, debe desarrollarse un proceso constituyente en el que los cubanos definan el sistema político que desean mediante una nueva Constitución originaria. Pero eso no puede ocurrir sin condiciones mínimas previas: autoridades electas, libertad de prensa, de asociación y de organización política.
JAFE: Al mismo tiempo tiene que haber un proceso de reconciliación. No se trata de perdón ni de olvidar; se trata de mirarnos, entendernos, generar empatía, garantizar justicia con transparencia. Y madurez para reconocer que este no es un momento de venganza, sino de trascendencia.
Roberto Veiga: Al pueblo no se le puede someter a más sufrimiento. Ese debe ser el principio rector de cualquier acción política. Aquel país está hundido. No es posible reconstruirlo sin el esfuerzo de todos los cubanos, lo cual no pueden ejercer sin libertad. Sin esa libertad no hay libre empresa, sin libre empresa no hay mercado interno, sin mercado interno no hay inversión, sin inversión no hay reconstrucción.
JAFE: ¿Cómo ha sido tu proceso de emigración?
Roberto Veiga: Ha sido difícil. Cuando salí de Cuba me fui forzado, en contra de mi voluntad. En mi barrio, si coincidía con alguien en el ascensor o en la calle, la gente evitaba tratarme. Hubo una campaña pública muy fuerte contra nosotros y acciones directas en el barrio contra mí y mi familia. Mis hijos me dijeron: «Te tienes que ir, porque la vida no se acabó». Cuando salí, las instituciones internacionales con las que había tenido relación me dijeron claramente: «Podemos apreciarte, pero si mantenemos una relación formal contigo, eso afecta nuestra relación con Cuba». Así que no solo estaba solo dentro de Cuba, también lo estaba fuera. Tardé cuatro años en volver a estar con mi esposa. Fue muy duro para todos.
JAFE: Gracias, Roberto. Y, sobre todo, gracias por haber resistido tanto tiempo, por haber pensado durante tanto tiempo —y seguir haciéndolo— en salidas para Cuba. Espero que podamos ser parte de una transición democrática en Cuba: no solo hacia la democracia, sino una transición que sea democrática en sí misma.
Roberto Veiga: Muchas gracias.









