Cola en el Cupet frente al Psiquiatrico de La Habana, avenida Boyeros. to: Nelson Palomino

Escasez de combustible: medias verdades y dinero que falta

30 / marzo / 2022

En los últimos días las colas de vehículos y personas con bidones se volvieron habituales en las gasolineras. La escasez de combustible en La Habana y al interior del país ganó repercusión mediática y las autoridades tuvieron que informar al respecto.

Una de las primeras explicaciones a la crisis apareció en el perfil de Facebook del periódico matancero Girón, el lunes 21 de marzo. El día anterior 34 de los 51 servicentros de esa provincia habían amanecido sin combustible. La versión oficial atribuía la contingencia al aumento del consumo de diésel en las baterías de grupos electrógenos, que trabajaban a plena capacidad para cubrir el déficit de generación ocasionado por la desconexión de las centrales Máximo Gómez y Antonio Guiteras.

El 7 de marzo, un incendio había dañado severamente la unidad número siete del Mariel, mientras sus otros generadores operaban con intermitencia o cumplían ciclos de mantenimiento. La madrugada del jueves 18 la situación se hizo más complicada tras una rotura en la central Guiteras. Sin el aporte de ambas plantas, el Ministerio de Energía y Minas (Minem) se vio obligado a activar todas las baterías de grupos electrógenos y a programar apagones.

La llamada «generación distribuida» representa el 43,6 % de la capacidad instalada de la industria eléctrica cubana, detalló en septiembre de 2021 el titular del Minem, Liván Arronte Cruz. Casi la mitad funciona con diésel, un combustible caro y con muchos otros usos. Por eso, sus motores solo se activan en los horarios de mayor consumo o cuando se producen roturas en plantas de otras tecnologías.

Los grupos electrógenos dependen del transporte automotor para abastecerse de combustible, por lo que la tesis oficial no carecía de sentido. El mismo reporte de Girón había ofrecido un dato fundamental para entender la problemática: «Transcupet, quienes se encargan de proveer estos establecimientos [las gasolineras], trabajan actualmente con un 62 % de su parque automotor».

Las autoridades habían decidido privilegiar los emplazamientos de generación eléctrica, restringiendo el abasto a los servicentros. «Los medios de transporte especializado han tenido que destinarse a la transportación del diésel grupos electrógenos», declaró al Noticiero Nacional de Televisión el jefe de Programas del gobierno de La Habana, José Conesa González.

En el momento más álgido de la crisis, el miércoles 23, 97 de las 118 gasolineras de la capital habían amanecido con sus depósitos vacíos. La «situación de hoy», agregaba la nota, «no está relacionada con el conflicto armado en Europa del Este, ni con la capacidad del país para adquirir el combustible en el mercado internacional. De ser otro el escenario, se informará oportunamente a los ciudadanos».

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Foto: Sadiel Mederos

En la madrugada del 22 al 23 de marzo la Antonio Guiteras volvió a sincronizar con el sistema electroenergético. Para el lunes 28 las autoridades anunciaron que las colas deberían disminuir en las gasolineras capitalinas y, más lentamente, en las del resto de la Isla.

La escasez ¿coyuntural o cíclica?

En diciembre de 2021, durante una rendición de cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el ministro del Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila había detallado que de «10 225 medios [automotores] para la actividad de transportación de pasajeros, están disponibles 5 277, una parte de los cuales no son aprovechados a plena capacidad por las limitaciones con la disponibilidad de combustible, sobre todo en las provincias del centro y el oriente». La falta de carburantes, junto con la de motores, neumáticos y baterías, era de una magnitud «similar a la de los años más difíciles del Período Especial», reconoció.

La crisis actual es solo la más reciente dentro de una cadena de otras similares que se remonta al menos a marzo de 2017, cuando la gasolina especial desapareció prácticamente por completo debido a intermitencias en los envíos desde Venezuela. La escasez se extendería luego al resto de las gasolinas y al diésel, con episodios de grandes desabastecimientos en junio y septiembre de ese año, y en julio y septiembre-octubre de 2019. El año con mayor estabilidad de suministros del período, 2018, estuvo marcado por una campaña gubernamental contra el robo de combustible.

La pandemia implicó una reducción sustancial de la movilidad, lo que contribuyó a que durante el año siguiente los desabastecimientos no alcanzaran la magnitud que habían registrado hasta entonces. Pero en mayo de 2021 debió anunciarse un recorte en los servicios de ómnibus urbanos de La Habana por falta de carburante, y en octubre-noviembre, tras la reapertura, se vivieron algunas semanas de escasez.

«Entre 2012 y 2018 las importaciones de diésel se incrementaron un 92,3 % y es esa creciente dependencia, asociada a una “estructura” del sistema de producción y uso de energía, la que crea las “oportunidades” para que surjan “coyunturas” como la actual», reflexionó en septiembre de 2019 el economista Pedro Monreal. Las dificultades para trasladar crudo desde Venezuela habían forzado al gobierno cubano a declarar la Coyuntura, un período de contingencia en el que se reducían al mínimo las actividades económicas y se planificaban apagones. Sin un cambio en la matriz energética, esa sería la nueva realidad de la Isla, alertaba el experto.

El hecho de que la mayoría de las crisis tenga lugar en torno al verano –cuando se incrementa la producción de electricidad a partir de diésel– parece confirmar su tesis.

La industria azucarera es otra que en los últimos meses ha visto afectada s actividad por la escasez de combustible, aunque se hable poco del tema.

¿De dónde viene el petróleo que consume Cuba?

No hay indicios de que las importaciones de combustible venezolano disminuyeran en las últimas semanas. La agencia británica de noticias Reuters estima que en febrero la nación sudamericana vendió a Cuba el equivalente a 66 000 barriles por día (bpd), acercándose a lo promediado en los mejores meses de 2021 y superando los 56 300 bpd que se registraron en enero.

Aunque son cifras alejadas de los 90 000 barriles diarios que, como promedio, hasta finales de 2015 garantizaba el convenio bilateral, suponen un alivio para la Isla, que durante 2021 llegó a recibir de Petróleos de Venezuela (PDVSA) apenas 40 000 bpd. El punto más bajo tuvo lugar en agosto. Desde esa fecha, la industria venezolana mantuvo su tendencia a la recuperación, alcanzando en diciembre un máximo de entre 800 000 y un millón de barriles diarios —el monto varía, ya sean los cálculos de la oposición o del Gobierno—, que contribuyó al incremento de las ventas a Cuba.

Años atrás la Isla disponía de 145 000 bpd, con los que cubría sus necesidades e incluso conseguía recursos por reexportación. Los precios preferentes acordados con Venezuela propiciaron que en 2015 se obtuvieran 1 149 millones de dólares por esas ventas, calculó el economista Pavel Vidal.

Un tercio del consumo de la isla correspondía desde entonces a la producción nacional. Se trata de un petróleo de baja calidad, pero que se sostiene la llamada «generación base» (las termoeléctricas, que aportan al 60 % de la energía). Su extracción, sin embargo, ha venido reduciéndose desde 2010, a un ritmo de entre el 3 y el 7 % anual. El declive se interrumpió en 2021, señala una nota del Ministerio de Energía y Minas, con un repunte del 4 % en las extracciones, aunque sin hallazgos ni inversiones que hagan suponer que esa recuperación será sostenible en el corto plazo.

Además, a partir de 2018 Cuba incrementó sus compras de crudo a países como Argelia y Rusia, intentando suplir parte de los envíos que no llegaban de Venezuela. Se trata de un petróleo de más calidad, que luego del proceso de refinación se emplea en actividades como el transporte y la llamada «generación distribuida» (grupos electrógenos de diésel y fuel oil). Por mucho tiempo los suministros argelinos representaron un porciento residual de la cesta petrolera cubana (en torno a 5 700 bpd) obtenidos «como trueque, principalmente por servicios de oftalmología recibidos de Cuba», le explicó en septiembre 2019 a Reuters el experto en comercio de hidrocarburos Jorge Pinón, de la Universidad de Austin, en Texas.

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Foto: Sadiel Mederos

Las sanciones estadounidenses contra PDVSA y las navieras participantes en el traslado de combustible a Cuba impulsaron las compras en la nación magrebí. A comienzos de 2018 fue suscrito un nuevo convenio, vigente hasta el final de 2021. Si bien el gobierno cubano no brindó detalles sobre su contenido, la agencia Prensa Latina consideró que el «compromiso es uno de los más importantes contraídos por los dos países en los últimos tiempos». Reuters, por su parte, observó que el aumento del número de profesionales que prestan servicios en Argelia «podría sugerir que el acuerdo energético involucra mayores envíos».

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en 2020 las importaciones cubanas desde Argelia sumaron 118 millones de pesos, menos de un tercio de lo registrado dos años antes en el pico de la relación bilateral, pero suficiente para posicionar a Argel en el puesto 15 del listado de los socios comerciales de La Habana. Más del 86 % de las compras cubanas en África se realizaron allí. La ONEI no especifica los rubros comprendidos en la factura. Tampoco brinda explicaciones acerca de su metodología para calcular los costos de las importaciones pagadas con servicios en lugar de dinero, como en el caso argelino.

Con Rusia los vínculos se remontan a marzo de 2017, ocasión en que la petrolera Roseneft firmó con Cubametales un contrato para el suministro anual de 250 000 toneladas (unos 4 300 bpd) de crudo y, sobre todo, diésel. Las negociaciones se habían iniciado en septiembre del año anterior en respuesta a una solicitud del entonces presidente Raúl Castro a su par ruso. Mientras, Rosneft se comprometería a ampliar su presencia en los proyectos de búsqueda y extracción de hidrocarburos de la franja norte de Matanzas-Mayabeque. 

El déficit de hasta 30 000 barriles diarios, no satisfecho por las importaciones venezolanas ni la producción nacional, se lleva intentando cubrir desde 2016 con un éxito variable. Pero el conflicto reciente en torno al Sáhara Occidental y la guerra en Ucrania han colocado bajo una sombra de incertidumbre la relación con Argelia y Rusia. Y de este lado del Atlántico, los problemas que afronta PDVSA para recibir los pagos por sus ventas a otros clientes —que gestionaban empresas rusas, ahora sancionadas— previsiblemente dificultarán aún más el esquema de suministros montado por Cuba. A eso se suma que la situación económica hace difícil buscar nuevos proveedores. 

A pocos meses del verano, las probabilidades de que se produzca una nueva contingencia energética están siempre latente.


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Amaury Valdivia
Licenciado en Periodismo por la Universidad Central de Las Villas (2009), Máster en Comunicación Social por la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz (2016). Reportero hasta 2018 del periódico Adelante, en Camagüey. Reportero de elTOQUE, colaborador de otros medios digitales de Cuba y otros países.
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