Ilustración: Matria.

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El método anticonceptivo de tu amiguita no funciona

Hacer cuclillas y lavarse después del sexo. Ese era el método anticonceptivo de una adolescente habanera, nuera, sin embargo, de una ginecóloga. Mi amiga no tenía inconveniente alguno en recomendarlo: «sale todo», afirmaba. Fue a principios de los 2000.

Parece una obviedad el hecho de que semejante método sea ridículamente ineficaz; y su embarazo, que no tardó en llegar, así lo demostró. Sin embargo, sus amigas de entonces, todas de alrededor de 15 años como ella, no teníamos argumentos para contradecirla en firme, por más que el sentido común nos hiciera sospechar. Ni en la casa ni en la escuela aprendimos en detalle sobre ciclo menstrual, fertilidad ni fecundación. Su novio, un poco mayor que nosotras e hijo de una ginecóloga, estaba conforme con el método escogido.

Años después, en la universidad, lo que hacía otra amiga para cuidarse del embarazo era permitirse tener sexo desprotegido durante diez días antes y diez días después de la menstruación, y solo usar condón en los días intermedios de ese lapso de tiempo, en los que ella presumía ocurría su ovulación. «Es superfácil: lo único que tienes que hacer es…», era la frase introductoria para la maravillosa fórmula anticonceptiva.

Pasados los 30 años de edad, todavía es posible encontrar en alguna oficina quien ofrezca una miniconferencia gratuita para difundir las ventajas del infalible «método del calendario» y promover su uso para evitar un embarazo no deseado. Pero basta consultar a un especialista o hacer una búsqueda rápida en Internet para enterarse de que es uno de los menos efectivos: primero, el ciclo menstrual es variable; segundo, los espermatozoides pueden sobrevivir hasta 5 días dentro de otro cuerpo.

Lo primero que debería generar sospecha es la cantidad de variantes que tiene el método de los días, todas desautorizadas por la ciencia. Lo que tienen en común es que se transmiten como una fórmula mágica de mujer a mujer, acompañada siempre de la garantía: «Así hago yo y nunca he salido embarazada».

Existen aplicaciones digitales que calculan los días de probable ovulación. Después de ingresar algunos datos, la herramienta genera un calendario con escala a color que permite diferenciar los días más fértiles de los menos fértiles, siempre en un terreno de probabilidades. Se trata de predicciones.

Lo que ocurre es que están destinadas al uso de quien sí está buscando embarazarse e identificar los días de probable fertilidad, no los de infertilidad; o bien para hacer seguimiento de ciclos menstruales irregulares, acompañar otro método anticonceptivo como las píldoras, relacionar el ciclo menstrual con el estilo de vida o, simplemente, llevar un registro personal. Ninguno de sus propósitos es dar banderín verde para tener sexo desprotegido.

Estar lactando tampoco es garantía de infertilidad temporal. Pero quizá el rey de los métodos seudoanticonceptivos sea el coitus interruptus, con practicantes y convencidos de todas las edades.

Bastaría la memoria de las advertencias sobre los juegos sexuales que aparecían en folleticos de educación sexual que cayeron en algunas manos adolescentes para calcular que, si basta un juego sexual para que haya fecundación (aunque sea raro el caso), la penetración supone muchísimo más riesgo. Como lo diría un médico: «el fluido preeyaculatorio o preseminal puede contener espermatozoides» vivos, y ¡móviles!, perfectamente capaces de llegar al cuello del útero.

A demasiadas adolescentes y mujeres les ha costado un embarazo no deseado, su propia fertilidad o la intervención de uno o más embarazos u otros procedimientos médicos no haber tenido claridad sobre este tema, que debería ser pan comido, aprenderse en la escuela y hablarse con libertad en la casa.

Según la Revista Cubana de Pediatría, el índice de embarazos en la adolescencia que presenta Cuba hoy día es preocupante: «mientras la tasa global de fecundidad del país se ubica en 1.65 hijos por mujer, la de embarazo adolescente alcanza los 54.6 hijos por cada mil mujeres», y muestra tendencia al incremento. Es considerado un problema de salud pública. No solo es alta la fecundidad adolescente, también el aborto, cuyas tasas predominan «en las primeras edades» (de 15 a 19 y de 20 a 24 años), según un artículo de 2011.

Sí existen métodos con respaldo científico y eficacia probada: condón, que además previene las infecciones de transmisión sexual (ITS) y es una barrera física sin efectos secundarios; tabletas anticonceptivas, con efectos secundarios controlables; dispositivos intrauterinos, de alta eficacia y riesgos controlables, y otros… Ninguno de ellos es 100 % infalible, como casi nada en esta vida, y por eso se recomienda combinarlos para reducir las probabilidades de que se produzca un embarazo no deseado. De todos modos, su grado de efectividad alcanza para tener una vida sexual en la cual todo lo que ocurra, desde las primeras experiencias, sea bajo la voluntad y el control propios, sin cuclillas ni lavados inútiles.

 

* Ninguno de estos falsos métodos anticonceptivos funciona tampoco para la prevención de infecciones de transmisión sexual.

 

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Hacer cuclillas y lavarse después del sexo. Ese era el método anticonceptivo de una adolescente habanera, nuera, sin embargo, de una ginecóloga. Mi amiga no tenía inconveniente alguno en recomendarlo: «sale todo», afirmaba. Fue a principios de los 2000.

Parece una obviedad el hecho de que semejante método sea ridículamente ineficaz; y su embarazo, que no tardó en llegar, así lo demostró. Sin embargo, sus amigas de entonces, todas de alrededor de 15 años como ella, no teníamos argumentos para contradecirla en firme, por más que el sentido común nos hiciera sospechar. Ni en la casa ni en la escuela aprendimos en detalle sobre ciclo menstrual, fertilidad ni fecundación. Su novio, un poco mayor que nosotras e hijo de una ginecóloga, estaba conforme con el método escogido.

Años después, en la universidad, lo que hacía otra amiga para cuidarse del embarazo era permitirse tener sexo desprotegido durante diez días antes y diez días después de la menstruación, y solo usar condón en los días intermedios de ese lapso de tiempo, en los que ella presumía ocurría su ovulación. «Es superfácil: lo único que tienes que hacer es…», era la frase introductoria para la maravillosa fórmula anticonceptiva.

Pasados los 30 años de edad, todavía es posible encontrar en alguna oficina quien ofrezca una miniconferencia gratuita para difundir las ventajas del infalible «método del calendario» y promover su uso para evitar un embarazo no deseado. Pero basta consultar a un especialista o hacer una búsqueda rápida en Internet para enterarse de que es uno de los menos efectivos: primero, el ciclo menstrual es variable; segundo, los espermatozoides pueden sobrevivir hasta 5 días dentro de otro cuerpo.

Lo primero que debería generar sospecha es la cantidad de variantes que tiene el método de los días, todas desautorizadas por la ciencia. Lo que tienen en común es que se transmiten como una fórmula mágica de mujer a mujer, acompañada siempre de la garantía: «Así hago yo y nunca he salido embarazada».

Existen aplicaciones digitales que calculan los días de probable ovulación. Después de ingresar algunos datos, la herramienta genera un calendario con escala a color que permite diferenciar los días más fértiles de los menos fértiles, siempre en un terreno de probabilidades. Se trata de predicciones.

Lo que ocurre es que están destinadas al uso de quien sí está buscando embarazarse e identificar los días de probable fertilidad, no los de infertilidad; o bien para hacer seguimiento de ciclos menstruales irregulares, acompañar otro método anticonceptivo como las píldoras, relacionar el ciclo menstrual con el estilo de vida o, simplemente, llevar un registro personal. Ninguno de sus propósitos es dar banderín verde para tener sexo desprotegido.

Estar lactando tampoco es garantía de infertilidad temporal. Pero quizá el rey de los métodos seudoanticonceptivos sea el coitus interruptus, con practicantes y convencidos de todas las edades.

Bastaría la memoria de las advertencias sobre los juegos sexuales que aparecían en folleticos de educación sexual que cayeron en algunas manos adolescentes para calcular que, si basta un juego sexual para que haya fecundación (aunque sea raro el caso), la penetración supone muchísimo más riesgo. Como lo diría un médico: «el fluido preeyaculatorio o preseminal puede contener espermatozoides» vivos, y ¡móviles!, perfectamente capaces de llegar al cuello del útero.

A demasiadas adolescentes y mujeres les ha costado un embarazo no deseado, su propia fertilidad o la intervención de uno o más embarazos u otros procedimientos médicos no haber tenido claridad sobre este tema, que debería ser pan comido, aprenderse en la escuela y hablarse con libertad en la casa.

Según la Revista Cubana de Pediatría, el índice de embarazos en la adolescencia que presenta Cuba hoy día es preocupante: «mientras la tasa global de fecundidad del país se ubica en 1.65 hijos por mujer, la de embarazo adolescente alcanza los 54.6 hijos por cada mil mujeres», y muestra tendencia al incremento. Es considerado un problema de salud pública. No solo es alta la fecundidad adolescente, también el aborto, cuyas tasas predominan «en las primeras edades» (de 15 a 19 y de 20 a 24 años), según un artículo de 2011.

Sí existen métodos con respaldo científico y eficacia probada: condón, que además previene las infecciones de transmisión sexual (ITS) y es una barrera física sin efectos secundarios; tabletas anticonceptivas, con efectos secundarios controlables; dispositivos intrauterinos, de alta eficacia y riesgos controlables, y otros… Ninguno de ellos es 100 % infalible, como casi nada en esta vida, y por eso se recomienda combinarlos para reducir las probabilidades de que se produzca un embarazo no deseado. De todos modos, su grado de efectividad alcanza para tener una vida sexual en la cual todo lo que ocurra, desde las primeras experiencias, sea bajo la voluntad y el control propios, sin cuclillas ni lavados inútiles.

 

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Mónica Rivero
Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana (2012). Directora Editorial web de OnCuba News entre 2016 y 2019. Cofundadora de Revista Late. Humphrey Fellow en la Walter Cronkite School of Journalism and Mass Communications, ASU. Editora en Matria y elTOQUE.
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