La mejor forma de aprender a maternar es en comunidad. A diario nos apoyamos en quienes tenemos más cerca: familia, amigos, vecinos y médicos. Para muchas mamás uno de los grandes retos de la maternidad es la lactancia materna.

En estos días, como todos los años, se ha celebrado la Semana Mundial de la Lactancia Materna (del 1 al 7 de agosto). Gracias a la promoción del Ministerio de Salud Pública sabemos que la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses es la mejor opción para todos los bebés pero, incluso con este conocimiento, enfrentamos múltiples dificultades para establecer y mantener la lactancia. Como resultado, solo el 33 % de los bebés cubanos son exclusivamente amamantados hasta los 6 meses.

El éxito en la lactancia no depende solo de las madres sino del apoyo que reciben. En Cuba, como en muchos otros países, desde los años 40 del pasado siglo se generalizó el uso de las leches artificiales y a nivel de comunidad perdimos conocimientos básicos sobre la lactancia. Hoy hay pocas abuelas cubanas adiestradas en el arte de amamantar para compartir sus experiencias con las nuevas generaciones.

Para lograr la lactancia materna exclusiva es preciso que las mamás reciban información fiable y actualizada, dispongan de un adecuado apoyo profesional y tengan a su alcance recursos comunitarios como grupos de apoyo en los que puedan beneficiarse de la experiencia de otras madres.

Con motivo de la finalizada Semana Mundial de la Lactancia Materna ayudaremos a derrumbar cinco mitos que han hecho mucho daño.

Mito 1: “Lactar duele”.

Mal aprendimos que amamantar duele. Aguantamos “como toda una mujer” y nos sacrificamos por nuestros hijos hasta que no podemos más y, queriendo ayudar, probablemente alguien nos alcanzará un biberón de leche fortificada. Mientras más suplementamos, menos leche producimos.

Realidad: Lactar no debe doler. El dolor es señal de que algo anda mal y ¡no hay que aguantar dolor! Lo más común es que sea causado por un bebé que no está bien posicionado en el seno. Un bebé que no abre la boca lo suficiente y se queda chupando del pezón ¡te hará ver las estrellas!

Otras mamás que han amamantado a sus hijos pueden ayudar, observando una toma para ayudar a mejorar la posición. Existe mucha información online tal como los artículos escritos por La Liga de la Leche, una organización que lleva más de 60 años formando grupos de apoyo madre a madre en todas partes del mundo. También hay numerosos artículos escritos por Consultoras de Lactancia Certificadas, profesionales de la Salud especializadas en el manejo clínico de la lactancia materna (IBCLC por sus siglas en inglés).

Mito 2: “La leche baja después del parto y tienes que comer cosas especiales y darte masajes para que salga”.

En el hospital los familiares llevan barras de maní y ajonjolí y maltas para que la nueva mamá tenga abundante leche. Las enfermeras pasan por las salas “ayudándolas” con masajes que resultan dolorosos.

Realidad: Nada de lo anterior es necesario. Aunque desde el embarazo produces pequeñas cantidades de calostro, la leche no baja en abundancia hasta el tercer o quinto día después del parto. No te preocupes por que las cantidades sean mínimas al principio, están perfectamente adecuadas para el estómago de tu bebé que al nacer tiene el tamaño de la semilla de un mamoncillo pequeño; al tercer día, de una pelota de ping-pong; y, para el mes, el tamaño de un huevo.

Esta primera leche parece poca cosa pero es una maravilla. El calostro tiene un alto contenido de proteínas: el alimento perfecto para satisfacer las necesidades nutricionales del bebé en los primeros días. Es la primera vacuna, transfiere los anticuerpos de la mamá al bebé y su efecto laxante le ayuda a evacuar el meconio, produciendo hambre en el bebé para que succione y estimule la producción de leche en la madre. También disminuye la absorción de bilirrubina, lo cual disminuye la aparición de ictericia.

Muchas personas piensan que la inflamación de los senos en los primeros días después del parto es porque están llenos de leche y se frustran porque solo logran sacar algunas gotas. Pero los senos están hinchados de la sangre que va hacia ellos para comenzar la producción de la leche. Los masajes dolorosos no ayudan a que salga más rápido, al contrario, pueden lastimar y aumentar la inflamación.

¿Y el ajonjolí, el maní y la malta? Si te gustan, ¡buen provecho! Pero lo mejor que puedes hacer es pasar tu estancia en el hospital con el bebé pegado al pecho, piel con piel, a pesar de que “No tienes leche todavía”. Tu bebé necesita cada gota de calostro que produces y su succión continua es lo mejor para estimular la producción de la leche materna. Si esperas que baje la leche para poner a tu bebé al pecho, se priva de recibir el calostro mágico y demorará más su llegada.

Mito 3: “Cuando un bebé llora es porque no se llena o se quedó con hambre”.

Realidad: Los bebés lloran por miles de razones, es la única forma que tienen de comunicarse. Recuerda que el estómago de un recién nacido es muy pequeño y con tu leche se llena enseguida. La leche materna es muy fácil de digerir. Su cuerpo procesa el alimento en cuestión de 20 minutos y está listo para la próxima toma.

¿Cómo puedes saber que tu bebé está comiendo bien? Debe hacer por lo menos de 8 a 12 tomas cada 24 horas. En los primeros 5 días sus heces deben cambiar de negro a verde oscuro y a mostaza. El primer día moja mínimo 1 culero y ensucia otro, el segundo 2 y 2, el tercero 3 y 3, así hasta el cuarto día. Si está ocurriendo de esta manera, sabes que está satisfecho con tu leche a pesar del llanto.

lactancia materna

Foto: Sadiel Mederos.

Mito 4: “Los bebés tienen que subir 30 gramos al día, si no, hay que darles biberón”.

Realidad: Desde 2006 a nivel mundial se recomienda el uso de las tablas de crecimiento de la Organización Mundial de la Salud para el control de puericultura por ser las más actualizadas, basadas en una rigurosa investigación con bebés amamantados. Según las tablas, un bebé de dos a seis semanas debe subir unos 20 gramos al día. Después de las primeras seis semanas y hasta los 4 meses, los bebés normalmente suben de 100 a 200 gramos semanales. Del 4to al 6to mes de lactancia materna exclusiva suben de 80 a 150 gramos por semana. Cuando la lactancia materna empieza a complementarse con la introducción de otras comidas después de los seis meses, se enlentece aún más el crecimiento, a unos 40 a 80 gramos/semana. Es importante tomar en cuenta que el aumento de peso también puede variar de una semana a otra.

Los controles de puericultura que se basan en otros parámetros suelen conducir a la temprana introducción de alimentos para los cuales el cuerpo del bebé no está preparado aún y pueden traer riesgos a la salud a mediano y largo plazos.

Mito 5: “Con fiebre la mamá no puede amamantar”.

Realidad: Amamantar con fiebre no representa un riesgo para tu bebé. Al contrario, lo más probable es que tu bebé ha sido expuesto durante el periodo de incubación al agente patógeno y al destetarlo lo privas de tus anticuerpos que pueden ayudarlo a luchar contra la enfermedad. Es por esto que la OMS recomienda que mamás con COVID-19 sigan amamantando. Al suspender la lactancia el bebé no solo pierde la protección inmunológica de la leche materna, sino que además se expone a los riesgos de la leche artificial. Por suerte son muy pocos los medicamentos incompatibles con la lactancia. Pacientes o médicos con dudas sobre un medicamento pueden consultar la página www.e-lactancia.org, de referencia internacional.

Estos son solo cinco de los muchos mitos que afloran sobre la lactancia materna. Nos toca a toda la comunidad apoyar a las mamás o embarazadas que tenemos cerca para que confíen en la capacidad de su cuerpo de producir la leche que su bebé necesita y no permitir que mitos como estos destruyan su confianza. Ellas y sus bebés necesitan de nosotros.

No existen lactancias fallidas ni mamás que fracasan, sino sociedades y comunidades que fracasan en apoyarlas. Para lograr que más bebés cubanos disfruten los beneficios de la lactancia materna, debemos luchar contra informaciones falsas: si una madre toma la decisión de dejar de amamantar, que no sea por causa de estos ni de ningún otro mito.

 

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