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Lis Cuesta: ¿esposa de Díaz-Canel o primera dama de Cuba?

17 / mayo / 2022

El cargo de primera dama no existe en Cuba. No aparece en la Constitución, vigente desde abril de 2019. No figuraba tampoco en la carta magna precedente, en vigor desde febrero de 1976. A pesar de ello, tras el nombramiento de presidente de la República a Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en abril de 2018, en medios nacionales se ha denominado a su esposa Lis Cuesta Peraza primera dama en más de una ocasión.

El ejemplo más reciente ocurrió el domingo 8 de mayo de 2022, y aunque no es la primera vez que se designa a Cuesta así, sí fue la primera en que el mandatario cubano rectificó de forma oficial el uso del calificativo para referirse a su compañera sentimental.

¿Qué sucedió? En el acto de firma de convenios entre México y Cuba en el Palacio de la Revolución, dentro del marco de la primera visita del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la isla, el periodista y locutor Froilán Arencibia al expresar los agradecimientos a los invitados por su presencia refirió: «Queremos agradecer igualmente la presencia junto a nosotros este mediodía de la doctora Beatriz Gutiérrez Müller y Lis Cuesta, ambas primeras damas de la República Mexicana y de Cuba».

Díaz-Canel Bermúdez, de inmediato, tomó la palabra para aclarar que «ni en México ni en Cuba tenemos primeras damas. Ellas son las esposas, que trabajan en sus trabajos, y de paso hacen sus presentaciones con nosotros».

En efecto, este título es un cargo protocolar que asumen algunas repúblicas y que existe como institución oficial solo en un pequeño número de países. Por tanto, no hay una definición fija del rol de la primera dama ni de sus funciones específicas. En la mayoría de los países su estatus no es una función pública oficial. Más bien son vinculadas a acciones de ayuda humanitaria, salud o educación. Pero, además, suelen estar presentes en eventos y recepciones oficiales y en la mayoría de las visitas de Estado.

Pero, ¿por qué esta corrección al discurso oficial ahora? La aclaración del presidente cubano no se insertó de forma gratuita en el contexto de la primera visita oficial del presidente mexicano a Cuba, quien vino acompañado por su esposa, la escritora Beatriz Gutiérrez Müller.

Tras la elección de AMLO como jefe de Estado, Beatriz Gutiérrez rechazó el puesto tradicional con una declaración rotunda en su perfil en Facebook: «no seré primera dama de México. Por lo tanto, tampoco la presidente honoraria del DIF [Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de las Familias] ni de ninguna otra institución pública federal, estatal o municipal. Estaré para servir a México en todo lo que pueda».

En México no existe legalmente esta figura. En ese país, como en casi todos, es un cargo meramente protocolario que asume por tradición la esposa del primer mandatario e implica la presidencia del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia.

Sin embargo, lo que ha sucedido con Lis Cuesta en Cuba ha sido lo contrario. En paralelo al desempeño de sus funciones laborales dentro del Ministerio de Cultura —visibilizadas en los medios nacionales—, desde la toma de posesión de su esposo, Cuesta comenzó a tener frecuentes apariciones públicas, tanto como parte de las delegaciones oficiales en los viajes internacionales de su esposo, como en la recepción de visitas de alto nivel en la isla, eventos y actos políticos y culturales.

Sin recibir un nombramiento legal u oficial de primera dama, se recuerda su rol en el acompañamiento a Letizia Ortiz Rocasolano, reina de España, en un recorrido por La Habana colonial durante su visita a la isla en 2019. Y en el mismo año, su visita oficial al gigante asiático sin la compañía del mandatario cubano, donde fue recibida por Peng Liyuan, esposa del presidente chino Xi Jinping; un encuentro que fue hecho público por el canal chino CGTN en Español, pero no recibió cobertura en los medios domésticos.

En la isla, ni siquiera la Constitución de 1940 incluía el sustento legal de esta figura. Si bien en la etapa que transcurrió entre 1902 y 1958, a partir del gobierno del mayor general Mario García Menocal (1913-1921), comenzó a usarse el término para denominar a las esposas u otra mujer de la familia del presidente que —en ausencia de aquellas— cumpliera las funciones protocolares del título.

En la etapa revolucionaria, ni en términos legales ni sobre la base de la tradición anterior se ha reconocido el título en la vida política. Y de tal modo, el nombramiento no ha recaído ni en las esposas de los líderes políticos anteriores ni en otras mujeres con altísimos méritos para la nación.

No es la primera vez que llaman primera dama a Lis Cuesta en medios cubanos

Froilán Arencibia no fue el primer periodista en denominar a Lis Cuesta primera dama. Cuatro años atrás, en la emisión del mediodía del noticiero del sábado 21 de abril de 2018, como parte de la cobertura informativa a la ceremonia oficial de recibimiento a Nicolás Maduro Moros, presidente de Venezuela, la periodista Anisley Torres expresó:

«Ambos mandatarios (los presidentes Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel) recibieron los honores correspondientes y posteriormente saludaron a sus respectivas delegaciones, que por primera vez tienen en su composición a las primeras damas de Venezuela, Cilia Flores, y de Cuba, Lis Cuesta».

El acontecimiento tuvo lugar solo tres días después del nombramiento del actual mandatario cubano. Y el calificativo empleado con tal prontitud desató controversia sobre la pertinencia de la designación arbitraria y al margen de la ley.

Parte de la polémica se desarrolló en los comentarios de los lectores a la publicación de Cubadebate sobre la visita de Maduro a La Habana. Aunque en la información ofrecida por el medio no aparece el calificativo al referirse a Cuesta, los usuarios compartieron en la plataforma sus mensajes de inconformidad en relación con el reporte de Anisley Torres en la televisión nacional.

El usuario Luis Enrique declaró de forma categórica: «Será que este nombramiento de primera dama vendrá en los cambios constitucionales, ya que no está reconocido en las leyes cubanas, si lo van a incluir votaré en contra de este punto y lo plantearé en cualquier tribuna».

Ante el rechazo por el uso del término, en junio de 2018, el comentario de José Manzaneda, coordinador de Cubainformación, intentó saldar el asunto subrayando que, «en posteriores apariciones públicas de Miguel Díaz-Canel y Lis Cuesta, no se ha vuelto a escuchar ni leer en Cuba la expresión “primera dama”, lo que parece demostrar que aquel comentario (el de Anisley Torres) fue una contradicción a la línea editorial de los medios públicos cubanos. Y que se ha tomado como lo que fue: un mero error periodístico».

En efecto, las noticias de prensa de los meses que siguieron en 2018, y que aún pueden consultarse en la red de redes, no contienen el referido calificativo al mencionar a Lis Cuesta en sus apariciones públicas. Pueden leerse los apelativos «esposa» o «compañera». En algunas, incluso, no se refiere siquiera su presencia en las delegaciones de alto nivel, como en el caso de la publicación de mayo de 2018, en el diario Juventud Rebelde, sobre la primera visita de Díaz-Canel a Venezuela en calidad de jefe de Estado.

En lo fundamental, desde 2021, en portales de noticias cubanos también se le menciona solo con el crédito de su cargo más reciente como directora de Festivales y Eventos del Ministerio de Cultura de Cuba (Mincult), como lo evidencian publicaciones de Presidencia Cuba, el periódico Cubarte y la web oficial del Mintur.

A esta «línea editorial» consecuente se han ajustado los medios de prensa acreditados en la isla, los cuales emplean en mayor medida los apelativos alternativos al título protocolario, aunque han dedicado espacio al análisis de la controversia sobre el uso del término y la figura pública. Mientras, los medios extranjeros no acreditados, desde las primeras apariciones públicas de Cuesta la llaman, indistintamente, primera dama, esposa, compañera sentimental…

Lis Cuesta Peraza: antes y después

Lis Cuesta nació el 28 de marzo de 1971. Recién cumplió 51 años. Es holguinera, licenciada en Pedagogía y máster en Ciencias Pedagógicas. En su provincia, trabajó en el Departamento de Comunicación del Sectorial Provincial de Cultura y después dirigió el Centro Provincial del Libro y la Literatura.

Allí conoció a su actual esposo, mientras este se desempeñaba como primer secretario del Partido Comunista de Holguín entre 2003 y 2009. Con él se mudó a La Habana en 2009, cuando fue nombrado ministro de Educación Superior.

Trabajaba como jefa de Servicios Académicos de la Agencia Paradiso, filial turística del Ministerio de Cultura, antes de ser promovida a directora de Festivales y Eventos del Mincult.

Tiene dos hijos de su primer matrimonio.

En su rol público, Cuesta puede catalogarse como una figura polémica. Ha suscitado una controversia sobre el título de primera dama que se ha mantenido de una forma u otra desde el ascenso al poder de su esposo. Desde marzo de 2022, con la creación de su cuenta en Twitter, que suma 24 800 seguidores, su publicación sistemática de mensajes de amor conyugal le ha ganado burlas y ha despertado posturas encontradas entre los usuarios.


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Alejandro Fornes

Da igual, antes era presidente del poder popular, ahora creo que es Alcalde de la Habana, a mi me suena también extraño, así como ...el dueño de la Habana? Cosa extraña, no lo asocio con la revolución
Alejandro Fornes

John McAuliff

Lighten up. The term First Lady does not appear in the US Constitution. According to Wikipedia, "the first lady's role has never been codified or officially defined" It is a matter of tradition that is reinforced by the federal budget that provides her a staff and covers other expenses of a role that sometimes expands the orbit and impact of the President and sometimes is largely social and decorative. Having met Ms. Cuesta when she worked at Paradiso and observed her presentation at the most recent Feria Internacional de Turismo in Varadero, she seems capable and articulate. No doubt her current role as wife of the President will contribute to its evolution into a Cuban version of First Lady. The author is allowing general antipathy to the government to cloud his or her views of function and tradition.
John McAuliff

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