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Malaka, reguetón cubano, mujeres raperas

Foto: Cortesía de la entrevistada.

Malaka «malakosa»

19 / octubre / 2021

Malaka no es una «muchachita recatada». Habla como quiere, canta lo que quiere, postea lo que quiere. A sus seguidores les encanta su libertad. Escribe reguetón —y mensajes— para las mujeres: para que se empoderen, para que no sufran por tonterías, para que abran los ojos, para que gocen… y perreen.

En la televisión Malaka puede ser una dulce maestra de telenovela, una jovencita ambiciosa capaz de todo por llegar a la fama, o cualquier otro papel que alguien le proponga. Tiene una capacidad camaleónica para desdoblarse en la actuación. 

Su cuerpo delgado y su rostro casi infantil podrían hacerla pasar por una adolescente que experimenta entre sonidos y actuaciones, fotos y videos, publicaciones de redes sociales. Pero Malaka es toda una mujer y sabe lo que quiere… y lo que hace.

Inicios

Fue una niña como muchas otras niñas cubanas: aplicada en el estudio, jefa de colectivo, habladora en clases. Estudió en un politécnico. En el arte empezó con el director Humberto Rodríguez en el grupo de teatro aficionado «Olga Alonso». Luego actuaría con Mefisto Teatro hasta evaluarse como profesional de primer nivel. Además de teatro, ha hecho humor —programa de TV El motor de arranque—, musicales, cine, conducción y televisión.

«Con el personaje que hice en la telenovela Entrega casi nadie me reconoce. Cambié de imagen y muy pocos se imaginan que soy yo», cuenta. 

«En varios programas me presenté en la televisión con el grupo I Love, con el cual empecé en el mundo de la música».

Foto: Cortesía de la entrevistada.


Aunque de niña estuvo en coros, comenzó a cantar de manera profesional en el teatro musical. «Hice Chicago; tuve que cantar jazz, blues, etcétera. Luego creamos un grupo musical para componer nuestros propios temas, hacer géneros más modernos. La actuación fue la que me llevó a la música». 

Malaka cuenta que suelen preguntarle si prefiere la música o la actuación. Pero «no es que prefiera una u otra», sino que no todos los encargos de trabajo depende de ella.

«Me golpea mucho la censura que hay en Cuba y para actuar es muy complicado. Con mi música mis productores y yo somos dueños de nuestra creatividad, de lo que queramos hacer. Si lo televisan bien y si no, también. Podemos distribuirlo y promocionarlo por muchos lugares. Mi objetivo es que la gente tenga mis canciones y videos en su playlist». 

«Pero en la actuación creo que es más complicado porque hay muchas limitaciones. Obviamente, las sensaciones que me provoca actuar son lo más grande, pero siento que en la música puedo ser más yo. Ha influido mi trayectoria en la actuación y el hecho de que a la gente le haya gustado mi proyección escénica».

Malaka dice que los personajes que ha interpretado no se parecen mucho a ella. Pueden tener algunos puntos en común, pero ninguno se acerca a la persona que ella realmente es. 

«El interpretar a Velma Kelly en Chicago exigió mucho de mí: tenía que bailar, cantar, actuar en vivo. Luego en uno de los capítulos de Rompiendo el silencio tuve que bajar de peso —yo que de por sí soy flaca— para verme desnutrida». 

Por su apariencia podrían encasillarla en papeles «sosos» de «niña buena», pero Malaka siente que le han permitido hacer más que eso. «En ese sentido he tenido suerte, aunque no solo va de lo que te “caiga”, sino también de lo que una se proponga. A veces hay un personaje que no fue pensado para mí pero tengo confianza para decirle a un director: “Sé que no pensaste en mí pero creo que eso lo puedo hacer”».

Aunque el compositor Osmani Espinosa ha sido autor de algunos de sus temas, Malaka escribe casi todas sus canciones. «Yo soy cantante melódica, pero más que nada me siento rapera y alguien de ese género que se respete debe escribir sus letras. En el proceso creativo de una canción mi parte favorita es, precisamente, componer».

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En proceso de grabar su primer disco, a cargo de Di Benedetto Productions, Malaka siente que esta será una propuesta personal y diferente. Ha cantado casi todo tipo de géneros, en el teatro musical fundamentalmente; pero en los que defiende desde su creatividad se fusiona siempre con la música urbana.

Romper estereotipos

Una rubia que rapea; una blanca con dreadlocks; una flaca sin nalgas de «criollita de Wilson» que hace twerking: Malaka rompe estereotipos.

«Una es como es y punto. Algunos prefieren crearse un personaje y otros preferimos ser más auténticos. Me siento una mujer libre que solo tiene que quedar bien consigo misma», reconoce. «Creo que esa autenticidad la gente la ve como algo distintivo, y no debería ser así. Pero estamos rodeados de personas que no son del todo lo naturales y libres que les gustaría ser». 

En las redes sociales anima a sus seguidores a ser sinceros, a no practicar bullying ni ser haters. Reconoce que asume bastante bien esos comportamientos nocivos cuando se dirigen a ella, pero no los aprueba. A quienes la ofenden y critican, ella los trolea, les da la vuelta, los convierte en seguidores, en fans.

En sus canciones suele incluir un mensaje de empoderamiento, aun cuando su «pose» podría parecer vulgar para algunos. Sin embargo, su intención es que cada imagen, más que reforzar el sexismo en los audiovisuales en el género urbano, sea una oposición a eso. «¿Quién te dijo que quiero pegarme por estar buena?/ Quizá no has visto mi foto/ no tengo culo ni teta (...). Ser mujer es más que un culo/ ser mujer es más que un jevo/ ser mujer es luchar duro y jugar el mismo juego», canta en uno de sus temas.

A esa libertad dedicó su atrevido tema «Omelette», inspirado en un affaire con otra mujer. «Conozco a artistas lesbianas que en todas sus canciones hablan de hombres como si fueran heterosexuales. Porque todavía creemos que las canciones de mujeres son para hombres y viceversa», contó en una entrevista.


No sabemos realmente por qué se hace llamar Malaka, ni tampoco mencionaremos su nombre real porque así ella lo prefiere. Sobre el motivo de su identidad artística, escoge mantener el misterio. «Cuando me lo mencionaron investigué su significado y algo hizo “clic” en mí. Es todo lo que responderé al respecto. Malaka es un nombre que me gusta muchísimo y me hace feliz».

Ella prefiere volver a la gente «malakosa», un término que ha acuñado con muchas definiciones: bueno, loco, atrevido… Todo basado, casi siempre, en la libertad que ella misma expresa.

Así lo canta en «Ra-ca-ta-ta», una especie de declaración personal. «No quiero hacerme la lipo ni ponerme extensiones/ yo no quiero un monumento por pegar to’ mis canciones/ ni posturear en un evento/ ni el respeto de cabrones».


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Glenda Boza Ibarra
Cubana, seguidora de los Santamaría y fanática perdida del grupo Buena Fe. Periodista, apasionada, con defectos, siempre intentando ser justa.
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