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Foto: Sadiel Mederos.

Tres cosas que debes saber sobre el sistema electoral cubano

18 / noviembre / 2022

1. En Cuba no se celebran elecciones, sino ejercicios de ratificación 

El único espacio del sistema electoral cubano en el que los ciudadanos pueden elegir entre dos personas es en el más básico y que solo define el acceso a órganos sin real influencia en la vida política del país o en las localidades: las Asambleas Municipales del Poder Popular (AMPP).  

De ese nivel en adelante, en todas las candidaturas, el número de puestos a elegir coincide con el número de nombres en la boleta. Esto incluye los presidentes y vicepresidentes de las AMPP, los diputados a la Asamblea Nacional, los miembros del Consejo de Estado y el presidente y vicepresidente del Gobierno cubano. 

Si un municipio tiene reservado seis puestos en la Asamblea Nacional, los pobladores de esa demarcación votarán en una boleta que contendrá solo seis nombres. Por ende, lo que ocurre no es un proceso de elección, sino de ratificación de personas que han sido elegidas previamente por organismos que responden a políticas y controles partidistas: las comisiones de candidatura. 

2. El Partido Comunista no postula ni elige porque no lo necesita 

Uno de los principios que más refiere la oficialidad cubana es que el sistema electoral del país no es pluripartidista como en la mayoría del mundo, pero tampoco monopartidista. Según la propaganda y académicos orgánicos del régimen cubano, en el sistema electoral de Cuba el Partido Comunista ni postula ni elige a nadie para ninguno de los cargos estatales en disputa.  

En efecto, el Partido Comunista no elige ni postula porque no lo necesita. El monopolio político del Partido está garantizado constitucional y prácticamente. La represión y persecución del disenso por diferentes vías que trascienden la ley es la principal forma en la que el control se reproduce. No obstante, el ordenamiento legal también se construye y perfecciona para garantizar de manera normativa ese poder.  

La muestra principal es el artículo 5 de la Constitución vigente y el establecimiento de comisiones de candidaturas que son las que definen quiénes pueden ser «elegidos» para dirigir alguno de los órganos de poder estatal. También definen quiénes pueden formar parte de los órganos de administración y de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Este último órgano es el que ratifica formalmente ―a partir de una propuesta de la comisión de candidatura― a los más altos cargos del país, incluido el presidente y vicepresidente.  

Las comisiones de candidatura son grupos de personas conformados por miembros de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM). Los grupos son designados por las direcciones municipales, provinciales o nacionales de las organizaciones.  

Con este esquema, el Partido Comunista se asegura de no tener que postular de manera directa. Las organizaciones sociales y de masas creadas por el régimen cubano son el instrumento que el Partido necesita para controlar todo el sistema. Un control que le permite ―sin postular ni elegir― garantizar que, de los 605 diputados elegidos en la última elección nacional en 2018, 576 sean miembros del Partido Comunista o de su cantera juvenil, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Mientras que solo 29, que representan apenas el 4.79 % de los asambleístas, no integran ninguna de las organizaciones.  

Los números arrojan que más del 95 % de los miembros del considerado constitucionalmente máximo órgano del poder estatal cubano pertenecen o aspiran a formar parte de las filas del Partido Comunista. 

3. No hay competencia, por eso se apela a la participación 

Si se lee la prensa oficialista cubana se encontrarán incontables materiales que resaltan la participación popular en las elecciones como el principal resultado destacable de las elecciones en el archipiélago. 

Titulares que resaltan la idea de que el pueblo es el protagonista de las elecciones o que la participación del electorado es un reconocimiento de lo genuino que es el sistema electoral cubano son muestras del valor que la propaganda le concede a que el electorado concurra a las urnas. 

Esto sucede porque los votos en las elecciones municipales y nacionales no implican apoyos a opciones políticas diferentes. Solo sirven para contabilizar los volúmenes de apoyo que alcanza una persona que compite contra sí misma y que solo necesita ser ratificada por el 50 % más uno de los votos válidos. Solo en la elección de delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, los electores cubanos se enfrentan a una boleta con dos o más opciones para un puesto. Pero ni siquiera la diversidad de opciones en esos casos implica la existencia de posiciones políticas divergentes. 

 En los sistemas electorales competitivos, los resultados más esperados son los que tienen que ver con el número de apoyos que recibió uno u otro candidato. Pero en el sistema cubano esos resultados no pueden ofrecerse toda vez que, por ejemplo, Díaz-Canel compitió contra sí mismo en el proceso que formalizó su designación como presidente. 

La inexistencia de opciones políticas representadas en diferentes candidatos impide también realizar cálculos cuantitativos indubitados en relación con las preferencias mayoritarias del electorado. De ahí que la participación en los ejercicios electorales sea entendida y ofrecida al mundo como una muestra de apoyo a la institucionalidad construida en torno al Partido Comunista. Es también la razón por la cual la abstención se entiende en el imaginario social cubano —no sin razones— como una posición política de oposición al sistema que puede acarrear consecuencias. 

Las autoridades cubanas han tratado de evitar la abstención de diferentes formas. Mediante la compulsión directa mostrada en la convocatoria puerta a puerta el día de las elecciones o mediante la modificación de los registros electorales. Al utilizar la residencia efectiva como una justificación para negar el derecho a quienes hayan abandonado el país y disminuir así el número de ausentes en las urnas, el cual ha crecido de manera constante en los últimos ejercicios electorales. 

En resumen, el diseño del sistema electoral cubano concibe la participación del electorado como principal elemento de legitimación y la propaganda que lo cubre como su principal fuente de titulares.


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Arturo Antuan

Excelente artículo. Muy didáctico para poder entender las artimañas. Gracias por el trabajo que hacen.
Arturo Antuan

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