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La libra de carne de cerdo en Cuba llegó a los 200 CUP a finales de 2021 / Foto: Sadiel Mederos

La libra de carne de cerdo en Cuba llegó a los 200 CUP a finales de 2021 / Foto: Sadiel Mederos

Cómo llegó el cerdo a los 200 CUP por libra: una guía para entender lo ocurrido

11 / enero / 2022

No había que ser adivino para anticipar que el cerdo se convertiría en el gran ausente de las celebraciones de fin de año en Cuba. Más allá de los entusiastas reportajes sobre la utilización del palmiche emitidos por la televisión en horario estelar, cualquier hijo de vecino podía sacar sus cuentas: si la cría de cerdos siempre había dependido de piensos y medicinas importados y esas compras se habían reducido al mínimo en el contexto de la pandemia, solo un milagro podía lograr que el «mamífero nacional» mantuviera su presencia en los agromercados.

En mayo, durante un recorrido por la provincia Granma, el vice primer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca convocó «a explotar más el cultivo del maíz y usar otras alternativas como el acopio del palmiche». Sus palabras repetían, casi punto por punto, las pronunciadas tres años antes por el ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, quien a las pobres cosechas de maíz —y su impacto en la actividad porcina— contraponía la «gran capacidad de recuperación en cultivos como el arroz y el frijol».

El tiempo transcurrido pudiera resumirse en un puñado de sucesos: Rodríguez Rollero fue destituido de su cargo, las producciones de arroz y frijoles cayeron en picada, y la porcina nunca encontró su pretendida sustentabilidad. En 2018 unos cuatro millones de cerdos fueron sacrificados para consumo humano; en 2021 apenas se alcanzó la mitad de esa cifra.

Lo ocurrido en 2021 es todavía una incógnita. A falta de datos oficiales, solo cabe echar mano a las impresiones del público y los criadores, que no dejan margen al optimismo. Como detalla el seguimiento de precios actualizado por elTOQUE, entre octubre de 2020 y diciembre de 2021 la libra de carne de cerdo cuadruplicó —en promedio— su valor.

Tal tendencia era inevitable ante su escasez y la falta de otras ofertas proteicas. Las compras en el exterior, que desde mucho antes eran estadísticamente prescindibles, también se habían contraído desde el comienzo de la pandemia, superando por poco las 2 300 toneladas durante 2020. La dependencia de la producción nacional se hizo más profunda justo cuando esta registraba sus números más bajos de la década (en 2020 se obtuvieron 221 mil toneladas de carne, menos de dos tercios de lo logrado en 2018).

Engordar cerdos a fuerza de maíz, yuca y palmiche es posible, pero a costa de esfuerzos y gastos muy elevados, explican dos criadores consultados por elTOQUE. A juicio de uno de ellos la crisis actual no comenzó con la llegada del coronavirus, sino dos o tres años antes, cuando el Ministerio de la Agricultura se lanzó intempestivamente a promover la sustitución de los alimentos importados. «Los convenios con Porcino [empresas provinciales dedicadas a la compra de los animales] establecían un margen de alimentos que uno tenía que conseguir por su lado; el Estado, como mucho, te daba un 60 o 70 % de la comida para planes como el de ceba, y no siempre a tiempo».

Lo común era que en las cochiqueras de mayor tamaño convivieran los cerdos conveniados con la empresa estatal, con otros de la propiedad del criador. Los alimentos y demás insumos se distribuían entre todos, aunque sus destinos no fueran los mismos. «Muchas veces el pienso de una camada se terminaba utilizando en la siguiente debido a las demoras de Porcino para entregar la comida, pero al final uno le buscaba acomodo. También se resolvía comprándole a los particulares maíz y yuca, incluso en otras provincias. Desde el año pasado esa posibilidad se “cayó” por la presión de Acopio para que le vendan todas las cosechas. El que tiene cochiquera trata de sembrar su comida, pero puede que no tenga la tierra necesaria para abastecer por completo a sus animales, como quiere el Estado», señaló otro de los entrevistados.

El municipio villaclareño Placetas, que lideraba la producción porcina nacional, es un claro ejemplo de lo ocurrido. La mayoría de sus tierras no poseen una alta fertilidad, por lo que resulta habitual que los productores «importaran» desde territorios vecinos el grueso de los alimentos para sus animales. Se trata de un complejo esquema productivo en el que participan cientos de familias, la mayoría de las cuales lograban vender menos de 20 ejemplares al año.

En septiembre de 2017 elTOQUE había publicado un reporte sobre la crisis a que se enfrentaba buena parte de los productores locales, ante la negativa de la empresa porcina a comprar sus animales. La razón no estaba tanto en el dinero a pagarles, como en la asignación de pienso que les correspondería por el volumen de carne entregado. «Mucha gente se quedó con siete, ocho o más animales gordos en su casa sin poder venderlos. Fue una pérdida. Un golpe duro para todas estas familias», explica uno de los afectados por la decisión.

Menos de cuatro años después, en julio último, el gobernador de Villa Clara, Alberto López Díaz, llamaba a «retornar a los niveles de carne de antaño» durante un recorrido por plantaciones de maíz que se fomentaban a decenas de kilómetros de Placetas. El leitmotiv de la visita era «depender cada vez menos del pienso importado» y «volver a ser el municipio mayor productor de cerdo en Cuba». Como otras convocatorias similares, esta sigue en la intención: cerrando 2021 la libra del alimento ha alcanzado los 200 CUP en la misma localidad que otrora lo «exportaba» a buena parte del país.

La falta de comida se convirtió en un problema de tal magnitud que acabó dejando en segundo plano otro obstáculo notable en el camino de los porcicultores: los impuestos sobre los ingresos del sector agropecuario puestos en vigor a comienzos de 2019.

De la noche a la mañana los grandes criadores no solo se vieron pagando tributos que se acercaban al 50 % de sus ingresos, sino también «penalizados» cuando superaban un determinado número de cabezas. Un análisis del economista Pedro Monreal citado por elTOQUE en septiembre de 2019 situaba esa frontera en torno al «cerdo #78»: «la tasa de impuestos da un salto descomunal (se multiplica 7.5 veces) y en vez de pagarse 20 mil pesos de impuestos por 77 cerdos, habría que pagar 147 mil pesos por 78 cerdos».

«Dentro de todos los productores fue más difícil llegar con nuestro mensaje a los criadores de cerdos, que estuvieron impactados por la carencia de alimentos y de insumos, pero también con los medicamentos para mantener su masa», reconoció entonces el viceministro de Finanzas y Precios, Vladimir Regueiro Ale.

Los porcicultores enfrentaron a continuación la escasez de combustibles de la llamada coyuntura (término usado por las autoridades para definir la crisis), el traspaso de la mayoría de sus compras de insumos a las tiendas en moneda libremente convertible y el ordenamiento monetario. «En los primeros meses de este año (2021) muchos les vendimos animales al Estado sin saber cuánto acabarían pagándonos; lo hicimos sobre todo por recibir algo de los recursos que nos debían de 2020», comentó uno de los criadores consultados. En su cochiquera, levantada a la vera de la carretera que une al municipio Vertientes con Camagüey, dos de las tres naves permanecen desocupadas.

La primera alternativa a la carne de cerdo sería la de res —más barata, en definitiva, pues el ganado mayor solo necesita de pasto y agua para desarrollarse—, pero las políticas oficiales no se inclinan por esa posibilidad. Tampoco se avizora un cambio de postura respecto a las compras de alimento animal en el exterior (hace pocos días el vice primer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, aclaró que la recuperación económica deberá hacerse sin que crezcan las importaciones).

Como hace tres años, el Gobierno de la isla insiste en sostener solo con sus recursos la producción porcina nacional. Números en manos, parece más rentable gastar divisas en las compras de pollo a granjeros estadounidenses, que en financiar a los porcicultores cubanos.

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Amaury Valdivia
Licenciado en Periodismo por la Universidad Central de Las Villas (2009), Máster en Comunicación Social por la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz (2016). Reportero hasta 2018 del periódico Adelante, en Camagüey. Reportero de elTOQUE, colaborador de otros medios digitales de Cuba y otros países.
a-m-valdivia

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María Martínez reyes

Si fuera solo el precio de la carne de cerdo?. En CUba se pasa trabajo hasta para comprar algo tan simple como el pan. Ni teniendo el dinero en la mano puedes adquirir nada. Es insoportable el trabajo que pasa un cubano para comprar comida, si la encuentras te pasas el día en colas interminables para comprar cualquier basura.
María Martínez reyes

Armando

SE DEBE AYUDAR A LOS CAMPESINOS PARA QUE PRODUZCAN MAS Y.MEJOR, PASAN MUCHO TRABAJOS PARA PRODUCIR ALGO Y NO LES VENDEN LOS MEDIOS PARA PRODUCIR Y PONER GENTE DE RESPETO EN LAS COOPERATIVAS,QUE LOGREN AYUDAR DE VERDAD AL CAMPESINO. ¿ DONDE ESTA EL.MAIZ HÍBRIDO QUE SALIO EN LA TV Y SERIA EL QUE SALVARIA LA SITUACION?
Armando

Daisy Fernández Lopez

Es cierto que el precio de la carne de puerco esta elevado como todo vegetales viandas cigarro. Todo ha subido el precio increiblemente; pero nunca se perdió la carne de puerco. En cuanto a la obesidad en Cuba no hay comparacion con la alta tasa de obesidad que hay en los países desarrollados con tanta variedad de alimentos como son Canadá, Estados Unidos, España etc
Daisy Fernández Lopez

Tati

A todo eso súmale que la mayor parte de la carne de cerdo que hay se lleva para la fábrica de picadillos en el Mariel.
Tati

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