El nuevo programa ruso para atraer talento extranjero altamente calificado, oficializado mediante el Decreto Presidencial 883 en diciembre de 2025 y vigente desde el 15 de abril de 2026, establece una vía migratoria hacia la residencia permanente para extranjeros y apátridas —incluidos los cubanos— que deseen aportar sus habilidades y conocimientos al país.
La convocatoria contempla, además, la reagrupación familiar, al permitir que cónyuges, padres e hijos —incluidos hijos adoptados o bajo tutela— puedan trasladarse junto al beneficiado.
Según la Embajada de Rusia en La Habana, el programa ofrece «un procedimiento simplificado de reubicación en Rusia para especialistas extranjeros altamente calificados». La institución añadió que los solicitantes pueden tramitar su petición a través del portal «Tiempo para vivir en Rusia».
El programa no parte de cero. En Rusia ya existía un régimen para trabajadores altamente cualificados, pero estaba condicionado a la existencia de una oferta de empleo formal por parte de una empresa rusa y a la firma de un contrato laboral con determinados niveles salariales.
Un programa diseñado para captar perfiles estratégicos
A diferencia de programas anteriores —como el Decreto 702 de 2024, con un perfil político— la nueva normativa apunta directamente a la captación selectiva de perfiles estratégicos para el desarrollo del país.
El decreto define con precisión quiénes pueden aspirar a ese estatus. No se trata de una migración abierta, sino altamente filtrada.
Entre los grupos objetivo se encuentran científicos con logros académicos o tecnológicos, especialistas con experiencia en sectores claves como la energía o la microelectrónica, emprendedores con negocios exitosos, inversionistas, estudiantes de alto rendimiento, representantes de industrias creativas y atletas de alto rendimiento deportivo.
A todos se les exige algo más que credenciales: deben demostrar que pueden contribuir de manera concreta al desarrollo económico, científico, cultural o incluso a la defensa y seguridad del país. El talento no solo se mide en méritos individuales, sino en su utilidad para el Estado ruso.
En algunos casos, los requisitos son especialmente estrictos. Por ejemplo, los empresarios deben demostrar un ingreso anual de al menos 10 millones de rublos (más de 130 000 USD al cambio actual) y operar en sectores como la manufactura, establecimientos hoteleros y de restauración, actividades de información y comunicaciones, actividades profesionales, científicas y técnicas.
Para los empresarios cubanos, este umbral resulta particularmente difícil de alcanzar. No solo por las limitaciones de capital en la isla, sino por el reducido desarrollo del sector privado en varios de estos ámbitos.
Mientras que los estudiantes deben acreditar su formación en universidades de élite (entre las 20 mejores, según los rankings ARWU, QS o THE), o ganador o finalista de una Olimpiada Internacional.
En el caso cubano, aunque el acceso a universidades de ese nivel es poco frecuente (hay académicos en Harvard, Yale y Oxford), sí existe una tradición destacada en competencias académicas: en la Olimpiada Internacional de Matemática de 2024 varios estudiantes cubanos —como Karla Yisel Ramírez Garcel o Ián David Lorenzo García— obtuvieron menciones honoríficas, mientras que en la edición 59 de la Olimpiada Internacional de Química, los estudiantes cubanos consiguieron una medalla de plata y tres de bronce.
En cuanto a los deportistas de la isla, el programa representa algo más que una oportunidad profesional: es una posible vía de escape de limitaciones económicas y estructurales. Los requisitos deportivos no son menores: se prioriza a campeones olímpicos, medallistas en campeonatos mundiales, europeos o en los Juegos de los Brics (donde al menos un cubano, Leandro Cordero, es medallista).
También se abre una puerta para quienes, sin ese palmarés máximo, demuestren alto potencial y cuenten con invitación de clubes profesionales rusos.
En términos de movilidad, Cuba se situó en el décimo lugar entre los países de origen de visitantes a Rusia en el primer semestre de 2024, con 8 500 entradas registradas por el Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa.
No obstante, este flujo migratorio también ha estado acompañado de situaciones complejas: parte de estos cubanos han enfrentado limbos legales, procesos de deportación o fueron enlistados para la guerra en Ucrania, como única salida en un contexto de endurecimiento de la política migratoria rusa.
Desde 2025, la entrada en vigor de una nueva legislación migratoria reforzó los mecanismos de expulsión para extranjeros en situación irregular. La norma permite deportaciones sin proceso judicial previo e impuso restricciones a derechos básicos como la movilidad, el acceso a servicios financieros o la formalización de contratos de trabajo.
Este marco contrasta con la apertura selectiva que propone el nuevo programa ruso para talento altamente calificado.
El proceso
El aspirante debe primero evaluar si su perfil encaja con las demandas del país. Luego, presentar una solicitud acompañada de un currículum y documentos que respalden su trayectoria: diplomas, certificados, publicaciones en revistas o reconocimientos.
Tras esa fase inicial, el expediente pasa por un proceso de entrevista y por un sistema de verificación en tres niveles: el operador del programa, el Ministerio del Interior y un grupo de trabajo de la Comisión Presidencial de Ciudadanía. El proceso puede extenderse entre 95 y 125 días.
Si la respuesta es positiva, el solicitante obtiene un estatus especial como persona «de interés para la Federación Rusa». Ello le permite acceder a residencia temporal sin cuotas ni exámenes de idioma, e incluso solicitar residencia permanente de forma prioritaria.
Además, recibe acompañamiento estatal para su integración: desde trámites migratorios hasta vivienda y adaptación social.
Los apátridas: una inclusión poco común en programas migratorios
Uno de los elementos más llamativos —y menos habituales en este tipo de políticas rusas— es la inclusión explícita de personas sin ciudadanía, también conocidas como apátridas. El decreto los incorpora en igualdad de condiciones con los ciudadanos extranjeros.
En términos jurídicos, esto significa que cualquier persona sin nacionalidad puede solicitar el reconocimiento como «de interés para la Federación Rusa» siempre que cumpla con los requisitos de talento, experiencia o contribución. No se crea una categoría separada para ellos, pero su inclusión desde el inicio del decreto deja claro que forman parte integral del programa.
Este punto no es menor. A nivel internacional, los apátridas suelen enfrentar enormes obstáculos para migrar, trabajar o acceder a derechos básicos, precisamente por no contar con una nacionalidad reconocida.
Los beneficios para que los apátridas sean aceptados son prácticamente iguales que para cualquier extranjero calificado.
Pueden solicitar residencia temporal sin cupos ni exámenes de idioma, trabajar legalmente en Rusia mientras se tramitan sus documentos y, en ciertos casos, obtener visados de entrada junto a sus familias. Además, el programa permite que pasen directamente a solicitar residencia permanente, algo que en muchos sistemas migratorios suele requerir años de espera.
Hasta el momento, según datos oficiales, un total de 170 extranjeros presentaron sus solicitudes en el portal «Tiempo para vivir en Rusia». Entre estos solicitantes, el 54 % corresponde a profesionales demandados por el mercado laboral, el 16 % son estudiantes con talento y el 15 % son científicos. La edad media de los aspirantes se sitúa entre los 40 y 45 años. Además, el 35 % planea trasladarse con su pareja y el 30 % con hijos.









