Las conclusiones de la Fiscalía provincial de Holguín para el caso de los creadores del proyecto audiovisual El4tico, Kamil Zayas Pérez y Ernesto (Tico) Ricardo Medina, ya han sido emitidas. Se sabe que les solicitan diez y ocho años de prisión respectivamente por los delitos «propaganda contra el orden constitucional», «difamación de las instituciones y organizaciones y de los héroes y mártires» e «instigación a delinquir».
Pero la «Petición fiscal» —como también se le conoce al documento— es mucho más que una simple exigencia sumaria de un castigo: es la voz de la autoridad que por fin ofrece la justificación culpable y las pruebas de la investigación policial. Suelen ser elocuentes, aunque no de la manera en que quisieran quienes la redactan. De las muchas peticiones que he debido revisar a lo largo de mi carrera, debo decir que esta de Tico y Kamil ha sido de las más conmovedoras. Por su transparencia y por su crueldad.
En cinco vídeos está distribuida la culpa de los jóvenes que se reunían en un pequeño local de la modesta casa de Ernesto Medina a grabar sus inspiradas reflexiones sobre la política y las circunstancias de Cuba. La fidelidad con que estas pruebas son presentadas por la Fiscalía, sin embargo, dejan mucho que desear.
El primer audiovisual citado parece ser el de mayor gravedad. Sin embargo, su contenido se encuentra mezclado con el de otro video y, en definitiva, la denuncia termina siendo más inculpatoria de la Fiscalía que de los acusados. Para los dos siguientes, la interpretación es anárquica. Solo el último es mayormente respetado en su contenido, pero no cuenta con comentarios fiscales. Todos son considerados ejercicios de expresión culpable en los acusados y así no tienen reparo en escribirlo en la introducción.
Un día de noviembre de 2025, Ernesto Medina y Kamil Zayas —escriben los acusadores— armados de una cámara, audífonos, celulares, memorias USB, trípodes, rúters, un ventilador y una mesa, salieron a la luz pública «con el propósito de transmitir a través de las redes sociales su posición ideológica y exhortar al resto de la población a que se sumaran a esa forma de pensar» (EFP C-18/26).
El primer video que evocan como evidencia se llama «militar» (aunque la Fiscalía no lo dice) y es presentado por Kamil. Los acusadores aseguran que allí los jóvenes «exhortaban a la población, a los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior a tomar el poder para cambiar el orden constitucional, la forma de gobierno y el Estado Socialista» (el subrayado es mío). Vamos a olvidar por un momento que la transcripción de este video está mezclada con el contenido de otro. Veamos en qué consisten los delitos.
Los culpables apelan a «miembros de instituciones armadas» —dice el fiscal— y agrega la petición: «como joven consciente cubano reconozco que hoy el poder efectivo en Cuba no se encuentra en el despacho de los fósiles, ni en sus familias millonarias, está en sus unidades, en sus batallones» y que si ellos, los militares, «logran coordinarse en una sola noche pudieran tomar los puntos claves y anunciar que las Fuerzas Armadas Revolucionarias asumen el control temporal para garantizar el orden, proteger al pueblo y convocar elecciones libres».
Es decir, que «garantizar el orden, proteger al pueblo y convocar elecciones libres» —que es lo que piden los muchachos a los militares— constituye para la Fiscalía un atentado al «orden constitucional, la forma de gobierno y el Estado Socialista».
Entendemos que cada vez más el régimen de La Habana abandona el reino de la palabra y este descuido es una capitulación moral también. Pero aquí no se trata solo de una desidia triunfante. Hay conductas discursivas que parecen deliberadas para confundir al impotente lector de estas pruebas. El costo de la confusión, en este caso, podría llegar a ocho años para Kamil y para Ernesto, por «propaganda contra el orden constitucional» e «instigación a delinquir».
Sin aviso previo, los redactores del documento continúan citando lo dicho por Kamil como si fuera parte del mismo audiovisual: «Expresaron —escriben— que el Estado cubano en su discurso convirtió “aguantar” en una virtud (…). Seguidamente preguntaron dónde está límite, qué tantos más somos capaces de aguantar antes de que decidamos finalmente legitimar al verdugo, señalando como tal al Partido Comunista de Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y el Consejo de Defensa Nacional» [sic]. He debido mantener la puntuación fiscal, que es confusa y parece exonerar solamente a la coma de todo delito. No obstante, aclaro que la pregunta de Kamil termina en la palabra «verdugo» y en el audiovisual, la lista de instituciones que menciona la Fiscalía, aparece al lado del joven, más o menos al mismo tiempo que él pronuncia dicha palabra.
«El día que entendamos —siguen citando a Kamil— que nadie vendrá a salvarnos, ese día empiezan a romperse el ciclo, basta de disfrazar la dictadura con palabras bonitas, la Revolución se convirtió en una mafia que utiliza los héroes del pasado como excusa (…), el día que dejemos de tenerle miedo al Estado y entendamos que el poder lo tenemos nosotros, ese día se acabó el circo» [sic]. A continuación de la palabra «circo», en el texto oficial aparece otra coma y la frase «nos jodieron completo, amigo a todo el mundo…». De este modo parecería que se trata del mismo material, cuando en realidad lo que ha ocurrido es que los fiscales han insertado un fragmento de otro audiovisual llamado «citación verbal» en este primero en el que los jóvenes apelan a los militares, que se llama «militar».
Desde «El Estado cubano» hasta «circo», el contenido corresponde al vídeo titulado «citación verbal», que nada tiene que ver con los militares, sino que más bien discute los mecanismos de control discursivos y sicológicos del Estado, mediante los cuales consigue poner a pelear a cubanos contra cubanos. De hecho, después de la palabra «circo», va la palabra «gracias», que es como concluye Kamil «citación verbal».
La Fiscalía, sin embargo, continúa mezclando un video con otro. De manera que después de «circo», los jóvenes habrían continuado invitando a «Coroneles y Mayores» para que lleven adelante una «transición digna» a que restituyan «el honor de las fuerzas armadas» y salven a Cuba de más sangre y miseria —concretamente: que tomen el control y convoquen a elecciones libres—.
¿A qué contribuye entonces la inclusión del fragmento de «citación verbal» en la cita inculpatoria del video llamado «militar»? No podemos pensar que se trata de un mero descuido. Con ese contenido en ese lugar, se entiende que los de El4tico convocan a los militares no solo a que organicen elecciones libres, sino a acabar con los «verdugos», encarnados en «el Partido Comunista de Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros y el Consejo de Defensa Nacional», de quienes estaban hablando en otro video totalmente ajeno. Es decir, que una lectura que no confronte la transcripción presentada como prueba con lo que se dice en el audiovisual, tomará por bueno que los de El4tico convocaron a los militares a acabar con las organizaciones políticas del país, en lugar de —como en verdad hacen— a «garantizar el orden, proteger al pueblo y convocar elecciones libres».
El 27 de noviembre de 2025 —escriben los acusadores— «[Kamil y Ernesto] exhibieron un video, proponiendo tumbar la dictadura firmando una solicitud de amnistía, afirmando que la posibilidad era cero, pues ellos aprendieron la lección más importante en el año mil novecientos cincuenta y cinco, nunca sueltes a quien puede tumbarte después, luego en el Proyecto Varela aprendieron lo segundo…» [sic]. Otra vez el arreglo de la redacción confunde el texto citado. Pero no tanto, quizá, como para que no nos demos cuenta de que proponer tumbar el Gobierno mediante una acción (en este caso la recogida de firmas para una amnistía) cuyas probabilidades ellos computan en cero es una estupidez —y Tico y Kamil no son estúpidos—. En el video original, los jóvenes, de hecho, dicen lo contrario. Este audiovisual consiste en una crítica a la recogida de firmas para una petición de amnistía porque —argumentan— el régimen las utiliza para identificar desafectos y de cualquier manera se burla de ellos, como ocurrió cuando el Proyecto Varela. Para ellos, esta acción a la que, según la Fiscalía, incitan, no vale la pena.
Esta tergiversación, una vez más, se puede convertir en años de prisión para los jóvenes, bajo el cargo de «propaganda contra el orden constitucional» o «instigación a delinquir».
El cuarto video citado, correspondiente al 11 de diciembre de 2025 según la Petición, se llama «solidario» —pero la fecha de publicación en Facebook es el 10 de diciembre—. Para la Fiscalía, en él están «cuestionando la forma de gobierno, manifestando que una dictadura no se tumba solo con solidaridad». No queda claro aquí si la Fiscalía infiere que la forma del Gobierno cubano es solidaria (y por eso los muchachos la cuestionan) o que el atrevimiento culpable de Tico y Kamil ha sido llamarle «dictadura» a esta Administración. Lo primero (que el Gobierno sea solidario) suponemos que no habría pasado por la cabeza de Kamil y Tico ni en una pesadilla, y lo segundo correspondería solo a la opinión que les merece a los jóvenes esta Administración que obliga al pueblo a venerar a sus dirigentes so pena de llevarlos a la cárcel.
Si vemos el video entenderemos, de cualquier manera, que se trata de una discusión sobre la efectividad de la solidaridad como mecanismo para derrocar al régimen. Los jóvenes de El4tico, siempre reflexivos, siempre persuasivos, incluso terminan admitiendo que ellos mismos han incurrido en la solidaridad porque la creen necesaria —como bien cita incomprensiblemente la Fiscalía «la solidaridad es el pegamento humano que mantiene viva la resistencia pero no es la herramienta política que derriba al régimen, no es suficiente pero es necesaria»—.
Finalmente, está el video llamado «#PNR», en el que Kamil (que es presentador de cuatro de los cinco audiovisuales, quizá por sus dotes histriónicas), analiza, según su punto de vista, la relación con la ética que tendría un policía cubano. Es un video respetuoso, en el que incluso llega a decir «No sé qué pensar de alguien que disfruta hacer daños porque sí, tampoco sé qué pensar de alguien que se une a la Policía Nacional Revolucionaria al día de hoy porque no me gusta juzgar, creo que en el mundo hay simplemente personas buenas, malas y estas últimas normalmente justifican sus actos de maldad bajo el nombre de algún bien mayor» [sic]. Y al final: «la Policía Nacional Revolucionaria no son los héroes víctimas, son cómplices de un sistema que los convirtió en verdugos de su propia comunidad». Lo anterior, de cualquier manera que se le vea, se trata de la expresión de una opinión y en ningún momento de incitación a la violencia o a la venganza… Pero ya se sabe que estos muchachos han pecado por «transmitir a través de las redes sociales su posición ideológica y exhortar al resto de la población a que se sumaran a esa forma de pensar».
Una referencia culpable a la ayuda exterior no falta en la «Petición fiscal». Tico y Kamil, escriben, compraron sus pobres artilugios con dinero recibido del exterior, aunque confiesan no saber quién se los mandó. Adivinamos que tampoco saben en qué gastaron ese mentado dinero ni las orientaciones del benefactor. Pudo ser una remesa, simplemente, de un amigo.
La Fiscalía también evoca la complicidad agravante de Yunior García Aguilera y Carolina Claudia Barrero Ferrer, a quienes los creadores de El4tico habrían solicitado asesoramiento, «llegando incluso a pedir que le hicieran algunos guiones de sus presentaciones». Agregan que esta última, junto a Amelia Calzadilla, «impartió cursos online a los imputados sobre movimientos cívicos, liderazgo y protocolos de seguridad». A los tres, la Fiscalía les reconoce agendas de «incitación y provocación, contraria al orden social socialista».
Tergiversaciones, manipulaciones, malas lecturas que no podemos sino creer intencionadas, juegan con la vida de dos jóvenes cubanos, matemático Ernesto y actor Kamil, que simplemente decidieron un día, después de infinitas conversaciones, inspirarnos en el espacio público. No solo se trata de que los cargos atenten, por principio, contra la libertad de expresión, sino de que las evidencias que utilizan para sustentar esos cargos son espurias. Esta vergüenza ocurre en la Cuba de hoy.












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