Carolina Barrero: «La dictadura cubana va a caer»

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Carolina Barrero, historiadora del Arte, se ha convertido en una de las voces más visibles del activismo político. Desde su exilio en España fundó Ciudadanía y Libertad, una organización orientada a la promoción de los derechos civiles y políticos. Esta es su manera de pensar Cuba.

Julio Antonio Fernández Estrada (JAFE): ¿Cómo fue tu salida de Cuba, la primera vez? ¿Y cómo fue tu regreso?

Carolina Barrero: Yo estaba en el Centro Wilfredo Lam quitándole el polvo a los libros; estaba ahí tirada, también empolvándome yo misma. Entonces, se me ocurrió hacer un showroom: invitar a muchachos del ISA para que expusieran su obra. La idea era que los curadores históricos de la Bienal tuvieran acceso de primera mano, en conversación, a esas nuevas producciones y pudieran nutrir con ello la Bienal —porque ya sabes que los criterios de selección suelen ser siempre los mismos—. Yo quería propiciar ese espacio de comunicación.

Lo hicimos una vez —solo una— porque fue censurado. Estuvo invitado Jackie, estuvo invitado El Chino y una serie de artistas que hicieron una crítica importantísima de la institución, muy potente. Ese día tuvimos bastante público: creo que habría alrededor de 50 personas. El segundo ya no me dejaron hacerlo. La excusa fue que usarían ese salón como almacén, pero evidentemente lo estaban cortando.

Yo me di cuenta de que podía hacer muy poco y, como joven, dije: «Bueno, voy a estudiar fuera. Voy a hacer una maestría», camino que muchos jóvenes toman en Cuba, y con razón. Apliqué a un máster de Gestión Cultural que vinculaba el mundo de la empresa con el de la cultura.

Vine a Madrid. Terminé. Pasé muchísimo trabajo, como todo el mundo cuando llega —y todavía— porque la incertidumbre siempre acompaña al exiliado. Luego conseguí un trabajo en una galería española muy buena, hice prácticas en el Museo del Prado y continué trabajando en el mundo de las galerías. Trabajé en dos de las más importantes de Madrid.

Cuando comenzó el movimiento asociado al 349, 2019-2020, yo estaba todo el tiempo muy pendiente. Cada vez más, por ejemplo, de la situación de Luis Manuel (Otero Alcántara), a quien yo conocía desde antes, incluso desde antes de que fundara el Movimiento San Isidro. Nos conocimos precisamente en el Wilfredo Lam.

Cuando llegó la pandemia, decidí que quería ir a Cuba, sobre todo a ver a mi papá porque no lo veía hacía un par de años. Con el virus temíamos por la vida de los unos y de los otros. Lo que iba a ser un viaje familiar de fin de año terminó enredándome completamente hasta hoy.

Cuando regresé a Cuba no tenía la más mínima idea de que todo lo que pasó después pasaría. Y cuando, por ejemplo, a finales de enero de 2021 ocurrió la protesta del 27 de enero, tras la cual nos llevaron a todos —de un manotazo, el ministro—, en los interrogatorios que vinieron me amenazaron claramente con que me tenía que ir en 15 días o me iban a llevar presa.

Ahí fue cuando decidí que no me iba a ir de esa manera. Hasta ese momento tenía el pasaje de vuelta abierto, pero cuando me amenazaron y me pusieron en esas tesituras, tomé la decisión de no irme, quería continuar siendo parte del proceso que estaba sucediendo. Y así lo hice. Lo demás es un poco más conocido.

JAFE: Tú volviste a Cuba después de vivir años en España, ¿cuántos años fueron?

Carolina Barrero: Desde 2014 hasta 2020: seis años.

JAFE: O sea, tuviste una experiencia de vida aquí. Conociste cómo funcionaba la política. Cuando volviste, ya tenías una visión que no era solo la experiencia de alguien que vive en Cuba…

Carolina Barrero: Sí, pero te digo algo: todo lo que pasó entre 2016, 2020, 2021 solo pasó porque hubo un caldo de cultivo previo.

Creo que la Seguridad del Estado era un poquito más laxa en algunas cosas. Obviamente, había represión férrea contra las Damas de Blanco, contra Yoani Sánchez…, pero quizá era más laxa con jóvenes que se reunían a hablar y discutir ideas en una galería, un parque, una casa, una universidad. Tenían las antenas puestas, pero no te detenían necesariamente por comentar cosas así en un bar, en una galería o en casa de alguien.

Mi casa fue centro de tertulias: estudiantes, amigos de filología, gente que después fundó proyectos. Hablamos abiertamente de muchas cosas. No fue que «nos politizamos» después de salir de Cuba.

Con eso te digo: hubo un caldo de cultivo generacional que permitió afrontar lo que vino después, catalizado por figuras claves como Luis Manuel, el Movimiento San Isidro, Yanelys Núñez y otros dentro del 27N; Yunior, Tania... Pero hubo un fermento previo —no solo en La Habana, también en provincias— que nos preparó.

JAFE: Sí. También hay esa visión de que, dada la uniformidad del pensamiento oficial y la dificultad de formarse en algo alternativo, todo era imposible. Pero ese hipercontrol no fue perfecto: hubo fisuras; pasaban cosas. Eso me hace pensar que ahora también pasan cosas que no vemos: no hay solo sufrimiento, sino también una parte organizativa, energías, imaginación política, que no se ve hasta que rompe y sale.

Lo que sí está claro es que ha habido mucha gente que se ha tenido que formar fuera, porque la avalancha de personas del activismo que se ha ido de Cuba de 2020 para acá es enorme.

Siempre digo: ahí están los «premiados» de la Seguridad del Estado cogiendo casas en la playa y yates, por sacar gente de Cuba. Se obsesionan con que la gente se vaya y luego juegan con la vida de las personas: entras, no entras, te dejo entrar, no te dejo entrar; regulaciones en los dos sentidos.

Carolina Barrero: El exilio también es una casa y un lugar desde donde se puede hacer activismo: una casa que te protege para hacer cosas que en Cuba no podías, como crear una organización. En Cuba, por más articulados que estuviéramos —San Isidro, 27N, Damas de Blanco—, no podemos ir y registrar una organización. Eso se puede hacer desde el exilio.

Desde que llegué yo estaba soñando. Cuando cogí el avión para venir a España, ya estaba pensando en cómo volver y también en cómo organizarnos. Pocos meses después hicimos reuniones. Intenté por varias vías hacer algo en conjunto. Hicimos una campaña —en tiempo de elecciones—, «Cuba dice no a la dictadura». Luego hicimos eventos por el primer aniversario del 11 de julio; después, por el segundo.

Primero, intenté que fuera de manera consensuada, pero no siempre funciona: poner de acuerdo a 20 o 30 personas es difícil. Hasta que di con personas afines, con visión de crear una organización de derechos humanos, centrada en derechos civiles y políticos: promover el derecho de asociación, de asamblea, de participación civil y política.

En Cuba, si un estudiante quiere fundar una organización o pelear por la autonomía universitaria, lo único que tiene es la FEU o la UJC, organizaciones del Estado que responden al Partido y son las únicas que, por ley, pueden existir.

La Ley de Asociaciones permite negar un registro con el argumento de que «ya existe otra organización con fines idénticos o similares». Entonces, cualquier sector —jóvenes, estudiantes, madres, campesinos—, si quiere organizarse para defender un interés común, no puede. Por ejemplo, madres de un barrio que quieran agua potable: como mujeres «solo» pueden ir a la FMC, pero la FMC es juez y parte, es una organización del Estado con estatutos que responden al Partido.

Si quisieran organizarse como «Madres por el agua potable» o «Madres por el futuro de nuestros hijos», no pueden. Ese derecho está negado.

Sin embargo, según estándares internacionales, no es necesario estar registrado para existir como organización y operar. Tres personas pueden ponerse de acuerdo, firmar un acta y constituirse. El Estado puede negar el registro oficial, pero eso no significa que no existan.

También es importante que los cubanos sepan que las organizaciones tienen derecho a financiamiento sin que sea criminalizada. En Cuba eso es un tema tremendo: desde 1999 está la Ley 88; se puede criminalizar a una persona por cooperar con entidades foráneas. Sin embargo, el Estado cubano coopera y no se criminaliza. Lo que es un delito, en estándares internacionales, es perseguir a las personas por esa razón.

Todo ese control —el asociacionismo aplastado— es parte del éxito del totalitarismo cubano: saben dónde dice «peligro» y ahí no han fallado. Han tenido una piedra encima todo el tiempo y es lógico que esa sea una preocupación central para nosotros.

JAFE: Después de tantos años de activismo y de pensar Cuba día tras día, ¿cómo ves el futuro inmediato? ¿Estamos cerca de una transición democrática o está más lejos?

Carolina Barrero: Es difícil. Pero todas las dictaduras caen. No hay una dictadura que no haya caído. La dictadura cubana va a caer, incluso aunque haya personas que no quieran que caiga. De lo que debemos preocuparnos es de cuán preparados estamos para cuando ese momento llegue y qué hace cada uno para contribuir a una transición democrática plena.

Que caiga la dictadura no significa automáticamente que llegará la democracia. Eso dependerá del nivel de cultura democrática: comprender el pluralismo político, respetar la discrepancia, construir instituciones democráticas, articular procesos, participar, mitigar la polarización que nos afecta como comunidad, dentro y fuera.

¿Cuándo va a ser? No lo sé. También dependerá de esa cultura democrática que logremos.

Lo que sí te puedo decir es que la estructura y el aparato cubano están muy endebles. Nunca ha habido una crisis humanitaria como la que hay ahora, en todos los niveles. La gente se está muriendo; llevan meses sin electricidad; son más bien «alumbrones». Escasez de alimentos, terror de ir a hospitales. El Estado no provee servicios públicos: transporte, nada. Es comparable en Latinoamérica solo con Haití.

Hay una crisis interna también en la moral de la élite: se acusan, se pasan la bola. Y está el problema de sucesión: Raúl está, biológicamente, a las puertas de la muerte. ¿Quién será su sucesor real? No está claro.

JAFE: En ese ambiente tan complicado, ¿cuáles serían las urgencias? ¿En qué no podemos fallar durante una posible transición?

Carolina Barrero: Una gran ausencia es la anestesia política y cívica: a las personas se les extrajo la posibilidad de participar durante casi 70 años. Pero también hay una avidez por participar. En redes, incluso quien opina poco está pendiente; lo político se volvió esencial.

En una república democrática habría que capitalizar esa necesidad de participación. Sueño con una Cuba donde el voto valga, donde se pueda exigir rendición de cuentas, donde, si alguien lo hace mal, haya mecanismos para quejas y sanciones; donde ministros y gobernantes estén ahí por capacidad, no por lealtad partidista.

Quiero una economía de mercado abierta, respeto a la propiedad, a la prosperidad. Que los cubanos puedan soñar con vivir en Cuba y no con irse; que los que se fueron vean oportunidades reales para volver, invertir, emprender, con garantías de un Estado de derecho que proteja esas inversiones.

Quisiera empoderamiento real: que mujeres y sectores diversos puedan liderar el futuro político y empresarial; que Cuba se sitúe en el siglo XXI con la fuerza de sus ciudadanos. El cubano tiene una creatividad extraordinaria; la tiranía no la ha podido borrar. Se vio cuando, por un tiempo, se permitió soñar un poquito: cambió la fisonomía del país.

La reconstrucción tomará tiempo, pero hay algo en el ADN del cubano que podría acelerarla. Y que la gente sepa: si el Gobierno de transición no les gusta, en cuatro años pueden votar por otro; que exista una democracia plural y participativa consolidada.

JAFE: ¿Crees que la gente va a volver? ¿Los cubanos que han salido?

Carolina Barrero: Si las oportunidades existen y hay garantías, claro. ¿Por qué invertir en España o en Estados Unidos si puedes comprar y emprender en Cuba con seguridad jurídica? Hay sectores completos por abrir, por ejemplo, telecomunicaciones: en cualquier parte del mundo hay múltiples empresas; eso en Cuba es estatal. Hay oportunidades enormes, si se hacen bien.

Y también hay mucha gente que, más allá de oportunidades, sueña con volver. Incluso gente que lleva 40 años fuera y no quiere morir sin ver una Cuba distinta. Si las condiciones son adecuadas, veremos a muchos cubanos volver.

JAFE: Ojalá no sea tan tarde. Y si se demora, que sea para mejor: con justicia, con derechos humanos, con una transición donde la democracia no sea solo el destino final, sino una presencia constante. 

Carolina Barrero: Las cosas políticas son concretas: no hay nada más político que el hambre.

Siempre me preguntan: ¿las protestas son por la comida o por la libertad? Y digo que es lo mismo. ¿La Revolución francesa fue porque no tenían pastelitos o porque querían derrocar a la monarquía? No tenían comida, pero también querían el fin último. No existe esa separación.

Si hemos vivido anestesia política, necesitamos una sobredosis de participación. Gente con los pies en la tierra, que conozca la realidad, que dé soluciones honestas, que cree oportunidades y que rinda cuentas. Yo creo que es posible.

JAFE: Carolina, muchas gracias.

Carolina Barrero: Gracias.

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