Yamilka Lafita Cancio, activista conocida por su labor de ayuda humanitaria en La Habana y otras localidades, denunció haber sido víctima de un robo en su vivienda la madrugada del 21 de junio de 2026. Luego, cuando intentó presentar la denuncia ante la Policía, sufrió una agresión que terminó con un traslado entre dos estaciones del Ministerio del Interior (Minint) y la amenaza de una acusación por presunto «desacato», según dijo a elTOQUE.
«En un abrir y cerrar de ojos pasas de víctima a victimario, porque en un país sin Estado de derecho, donde estás marcado por tu forma de pensar, simplemente dejas de ser ciudadano», escribió Lafita en sus redes sociales, donde es conocida como «Lara Crofs», horas después de los hechos.
El robo
Según el relato de Lafita ofrecido a elTOQUE, todo comenzó alrededor de las 4:00 a. m., cuando escuchó un golpe proveniente del garaje de su vivienda en el Reparto Guiteras (municipio Habana del Este), donde estaba con una amiga. Un corte eléctrico había dejado inoperante la alarma de la casa minutos antes.
«Nos quedamos quietas, con miedo a mirar porque todo estaba muy oscuro», recuerda Lafita. Al salir, cerca de las 5:30 a. m., encontró el portón de la calle abierto y el cilindro de la cerradura del garaje forzado desde afuera. Los ladrones también habían accedido al patio trasero, posiblemente por la azotea, lo que Lafita interpreta como un indicio de que conocían la distribución de la vivienda.
«Evidentemente, sabían lo que había en el garaje y venían a robarse las cosas [de ayuda humanitaria]», afirmó.
Del inmueble, explica, sustrajeron tres bolsos y cuatro cajas —de unas 120 libras cada una— con alimentos no perecederos, medicamentos, ropa para personas mayores y material escolar, destinados a la asistencia social independiente que realiza la activista.
También se llevaron tres sillas de ruedas, dos andadores para adultos mayores, un andador de bebé y una balita de gas.

Imágenes del sitio robado, publicadas por Lafita en Facebook.
Por una ventana forzada con un gancho, los responsables extrajeron además dos bolsos con documentación, dinero y dispositivos electrónicos, tanto de Lafita como de la amiga que pidió mantener su identidad fuera de las publicaciones sobre el incidente, afirma la activista. Entre lo robado a Lafita estaba un pasaporte, dinero en efectivo (dólares y pesos cubanos) y una cadena de valor sentimental heredada de su madre.
«Nos dejaron literalmente sin comida para la ayuda. (...) Un hecho así te decepciona y te duele muchísimo porque no sabes cómo vas a empezar de nuevo», dijo sobre el impacto de la pérdida en su labor asistencial.
De la denuncia a la agresión
La activista relató que intentó comunicarse varias veces con la estación de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) de su localidad sin obtener respuesta, hasta que una funcionaria le informó que debía presentarse personalmente para que un equipo de peritos realizara investigaciones en el lugar de los hechos.
Acudió a la PNR de Cojímar esa mañana. Mientras esperaba junto a otras dos personas que también denunciaron robos en la zona, un hombre vestido de civil le informó que su caso sería atendido por oficiales de contrainteligencia.
Al reclamar por la demora y la asignación de su caso, tres mujeres vestidas de civil —que no se identificaron como agentes del orden— intervinieron. Una de ellas le ordenó callarse y la sujetó por los hombros para que se sentara. Lafita reaccionó físicamente; en el forcejeo que siguió, recibió un golpe que le produjo una erosión en la córnea, según el diagnóstico médico que recibió después.
«No puedo afirmar que sean policías, pero tampoco tengo dudas de que pertenecen a algún cuerpo de seguridad», declaró Lafita sobre la identidad de las tres mujeres, a quienes asoció con un patrón de vestimenta y conducta —pelo recogido, algunas con pañuelos, ropa ajustada, no portaban prendas, tenían ademanes autoritarios— que ella ha visto entre las agentes del Minint vestidas de civil, utilizadas para reprimir a mujeres disidentes y defensoras de derechos humanos.
Tras el incidente, fue trasladada en una patrulla y luego en una camioneta al centro de detención de 100 y Aldabó (municipio Boyeros). Un oficial identificado como «el mayor Jorge» la interrogó y luego de tres horas le permitió salir y reunirse con familiares y amigos.
Le advirtieron que podría enfrentar una acusación de desacato a la autoridad, a la espera de contrastar su versión con la de las tres mujeres.
Lafita no llegó a presentar la denuncia por el robo: el proceso fue interrumpido por el altercado posterior.
Tras salir de 100 y Aldabó, fue atendida en el servicio de oftalmología del Hospital Hermanos Ameijeiras, donde le diagnosticaron una abrasión corneal compatible con un golpe directo. Le indicaron mantener el ojo protegido de la luz y usar lágrimas artificiales para hidratarse el ojo.
¿Un hecho aislado o un patrón?
Lafita no tiene pruebas que conecten el robo con su activismo, pero sí fuertes sospechas debido a elementos que considera atípicos: el volumen y peso de lo sustraído —que habría requerido un vehículo motorizado para transportarlo sin ser detectado— y el hecho de que su cuadra es, según describe, un entorno habitualmente silencioso y vigilado por los vecinos.
Sin embargo, señala que en las semanas previas hubo otros robos en la zona, incluidos dos a pleno día.
Yamilka Lafita es una de las activistas y disidentes que han sido víctimas en los últimos meses de hackeos a sus cuentas en distintas plataformas.
En abril de 2026, denunció que el oficial de la Seguridad del Estado que se identifica como «Luisito» —cuyo nombre real es Ariel Arnau Grillet— la acosaba mediante mensajes de texto. También expuso una presunta «investigación» y vigilancia en su comunidad ordenada por la Policía política a sus colaboradores para buscar construir un caso contra ella.
Pese a lo ocurrido con el robo y el altercado posterior, Lafita afirmó que no contempla abandonar el país. «De Cuba no me voy. Que se vayan ellos», declaró en alusión al aparato represivo del régimen, y vinculó su decisión a la continuidad de su trabajo de ayuda social.
«Hay que seguir… Respirar y volver a comenzar. Todo esto provoca miedo, pero cobarde no soy», concluyó.




