Envió un mensaje a Trump y lo capturó la Policía política. ¿De qué acusan a Ankeilys Guerra en Cuba?

El 3 de enero de 2026, Ankeilys Guerra Fis, eufórico, comenzó a transmitir en directo por Facebook mientras caminaba por una calle de La Habana. Hasta entonces, el contenido público que se podía ver en su perfil era, sobre todo, memes y algunos comentarios críticos sobre la sociedad y los dirigentes del Partido Comunista de Cuba (PCC). La captura de Nicolás Maduro en Venezuela tras un ataque de fuerzas especiales de Estados Unidos impulsó al joven de 23 años a poner su rostro frente a la cámara y expresar: «Dios bendiga a América todos los días. (…) Una dictadura cayó, ahora falta [la de] Cuba. (…) El cambio está cerca».
El video, con más de 45 000 reproducciones en su modesto perfil de Facebook, fue el primero de una serie en la que, una o dos veces cada día, Ankeilys comentaba las noticias, rumores y sus opiniones sobre la operación militar en Venezuela y las repercusiones en Cuba. El 5 de enero, en una de sus directas itinerantes, aludió al presidente de EE. UU., Donald Trump: «No soy la representación de todos los cubanos, realmente no quiero serlo, pero sí digo lo que muchos quisieran decir (…). Ya tumbaste una dictadura, ahora falta esta que es la que estaba metida en Venezuela».
Ankeilys se guardó poco de lo que pensaba. «Voy a hablar por mí: por favor dale un fin a esto ya, porque realmente esto no aguanta más», pidió a Trump, como si el presidente de la primera potencia del mundo estuviera al otro lado del teléfono.
También explicó lo que sentía a los cubanos que verían su pronunciamiento: «¿Cuántos más van a seguir sufriendo, muriendo y cayendo presos por pensar de manera diferente a la de ellos? ¿Por cuánto tiempo más Cuba va a seguir en la miseria más profunda? (…) Mi esperanza y mi sentir, porque todo esto lo que me ha dado [es] esperanza en que habrá un cambio, es que esto será un mejor país, cayéndose esta tiranía (…)».
El 14 de enero de 2026, pocos días después del mensaje a Trump —que ha sido visto más de 76 000 veces, solo en la cuenta de Ankeilys—, el joven fue arrestado en su vivienda y terminó recluido en el principal centro de detención del Departamento de Seguridad del Estado, conocido como «Villa Marista» porque antes de la Revolución de 1959 el edificio pertenecía a la congregación de los Hermanos Maristas.
El régimen de Fidel Castro convirtió el colegio católico en un cuartel de la Policía política, donde se cometen detenciones arbitrarias y torturas, según denuncias de víctimas.
«Parece que él empezó a expresarse así, públicamente, hace poco. Nadie le ha dicho que lo haga ni lo hace por dinero, porque yo le compro todo lo que necesita. Nació de él», dijo el padre de Ankeilys, en declaraciones ofrecidas a elTOQUE.
Eduardo Guerra describe a su hijo como «un muchacho tranquilo que no sabe nada de la calle». En Estados Unidos, donde el padre vive hace años, recibe la información sobre Ankeilys a retazos y cree que una parte de la familia, la que ha podido visitar el centro de detención, se encuentra amenazada para que no se hable del caso.
Lo que sabe Eduardo Guerra, al momento de publicar esta nota, es: su hijo Ankeilys está «bajo investigación» del Ministerio del Interior y «lo acusan de propaganda contra el orden constitucional».
Cubalex denunció que Guerra Fis es víctima de una «detención arbitraria», realizada «con extrema violencia» por «agentes policiales [que] lo sacaron de su vivienda por la fuerza y lo trasladaron a la estación policial de Aguilera (en el municipio Diez de Octubre)». Poco después, fue recluido en Villa Marista.
En una alerta emitida por la ONG, se explica que el Tribunal Provincial de La Habana no recibió un recurso de habeas corpus presentado por familiares de Ankeilys Guerra, «alegando la ausencia de datos como el número de expediente en fase preparatoria, el delito imputado y el lugar de detención».
Según la organización de derechos humanos, especializada en asesoría legal y acompañamiento de víctimas de la represión en Cuba, la exigencia de estos requisitos «bloquea el acceso a la justicia, precisamente el derecho que este recurso busca proteger».
La defensora de derechos humanos y profesora Anamely Ramos, en una publicación de apoyo a Ankeilys en Facebook, afirmó que su «único delito fue hablar». De acuerdo con Ramos, acusar de propaganda contra el orden constitucional a los ciudadanos es «la nueva moda del castrismo para aterrorizar a la gente y oprimirla porque ya no les basta con que estén a oscuras y hambrientos».
El delito de «propaganda contra el orden constitucional» apareció en el Código Penal (CP) que entró en vigor en diciembre de 2022. En realidad, es un nuevo nombre para lo que en el código anterior llamaba «propaganda enemiga».
Tras la formulación de la normativa actual, las personas acusadas enfrentan la posibilidad de sufrir sanciones que van desde los cuatro a los diez años de privación de libertad, si utilizan «medios de comunicación social en sus espacios físico y digital» para difundir mensajes que el régimen considere «contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista».
Uno de los presos políticos condenados por el Tribunal de La Habana utilizando este delito es el artista Fernando Almenares, conocido como «Nando OBDC», sentenciado a cinco años de prisión por unos carteles contestatarios que le atribuyeron.
El delito también ha sido usado, entre otros, contra José Águila Ruiz (condenado a seis años por transmitir una protesta); el activista disidente Alexander Verdecia Rodríguez (sentenciado a siete años por criticar al Gobierno en Facebook) y Lázaro Manuel Hernández Pérez, un panadero que enfrenta una petición fiscal de seis años de cárcel por publicaciones en redes sociales.
Lejos de Ankeilys, su padre se siente «estresadísimo» al pensar que su hijo podría pasar años en prisión y que empeoren los «ataques epilépticos» que padece el joven, según dijo Eduardo Guerra a elTOQUE.
«Él no es un delincuente. Solo le pido a Dios que lo suelten porque no hizo nada malo. Lo único que dijo por redes sociales es lo que sentía y eso no es delito», concluyó el padre.
La ONG Freedom House mantiene a Cuba entre las naciones sin libertad en Internet, según su último informe. «El Estado comunista unipartidista cubano proscribe el pluralismo político, prohíbe los medios de comunicación independientes, reprime la disidencia y restringe severamente las libertades civiles básicas», concluye la organización internacional.
Ankeilys Guerra sabía que expresarse en redes con sinceridad podría tener consecuencias en Cuba. El 13 de diciembre de 2025 había compartido en Facebook una publicación sobre «cómo viola la dictadura cubana los artículos más básicos» de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero decidió no callar lo que sentía en las jornadas posteriores a la pérdida para el régimen del PCC de un gobernante aliado y decenas de sus militares enviados a Venezuela.
«Nosotros, los cubanos, además de muertos en vida, también estamos muertos en espíritu. ¡Cuánta esperanza tengo en que llegue el momento de la libertad! Yo ya empecé y voy a seguir, no me voy a callar por nada ni por nadie. Voy a seguir alzando mi voz», dijo en una de sus transmisiones en vivo, pocos días antes de que la Seguridad del Estado irrumpiera en su casa.
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