Federación Cubana se indigna y el Caribe se fragmenta en nueve innings

Foto: Mark Duffel / Unsplash.
La pelota, ese noble invento en el que un out puede doler menos que un comunicado oficial, volvió a regalarnos un episodio digno de antología burocrático-deportiva.
Esta vez, la protagonista es la Federación Cubana de Béisbol y Sóftbol (FCB), que despertó un domingo con resaca de indignación institucional al descubrir que había sido excluida de la Serie del Caribe 2026. Excluida, sí, como quien llega al estadio con entrada en mano y se encuentra con que el juego se mudó de ciudad, de liga y con una lista nueva de invitados.
Según la nota oficialista, el asunto fue «irrespetuoso». ¡Cómo no!: Cuba, país fundador del torneo, quedó fuera sin que nadie tuviera la delicadeza de enviar siquiera un mensaje de WhatsApp con un «oye, socio, hubo cambios».
Porque el problema, nos explican con tono solemne, no es que la sede haya pasado de Caracas a Guadalajara; el problema es que alguien osó pensar la Serie del Caribe sin Cuba, pecado capital en el catecismo beisbolero antillano, según la FCB.
La ironía empieza cuando se aclara que la invitación original vino desde Venezuela —cuando aún era la sede— y que fue avalada por la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe (CBPC). Todo muy formal y muy protocolar hasta que dejó de serlo. Porque luego la CBPC decidió, como quien cambia el line up a última hora, mover el torneo a México y redefinir el menú: cinco equipos, campeones de México, República Dominicana y Puerto Rico, con la «expectativa» de sumar a Venezuela y Panamá como invitado.
Cuba, mientras tanto, pasó a ser espectador con derechos históricos pero sin asiento numerado. La Federación Cubana reclamó respeto, exigió un trato digno y recordó que ya tenía compromisos y diseños de calendarios aprobados. El béisbol, que suele resolverse con carreras, aquí se decidió con comunicados.
Pero si el drama cubano tiene tintes de tragicomedia, el capítulo venezolano roza directamente la sátira geopolítica. Porque la mudanza de la Serie del Caribe no ocurre en el vacío: ocurre, según la narrativa oficial, en medio del acoso, la agresión y el cerco de Estados Unidos, con bombarderos B-52 sobrevolando el Caribe y un presidente estadounidense soñando con petróleo ajeno. Todo ello, aparentemente, también influye en si se juega béisbol en Caracas o en Guadalajara.
México, Puerto Rico y República Dominicana alegaron «razones logísticas ajenas a su control» para bajarse de la sede venezolana. Una frase tan elástica que sirve igual para un retraso de autobús que para una crisis diplomática. El resultado fue claro: la CBPC mudó el circo completo y dejó a Venezuela sin carpa, aunque con el león todavía rugiendo.
Aquí entra la alternativa venezolana, que es donde la historia se pone sabrosa. Lejos de quedarse llorando en el dugout, la Liga Venezolana de Béisbol Profesional decidió mover fichas y proponer un torneo alternativo, provisionalmente bautizado como Serie de la Amistad. Un nombre que suena menos a trofeo y más a «si no me invitan a la fiesta, hago la mía».
Caracas volvería a tener béisbol internacional en las mismas fechas, con Colombia, Curazao, Nicaragua y hasta Argentina tocando la puerta. Panamá y Cuba, además, participarían con selecciones nacionales, dándole un formato híbrido que mezcla clubes, países y un ligero aroma a desafío político-deportivo.
No hay sedes confirmadas ni calendario oficial, pero hay intención, que en el Caribe muchas veces vale más que un contrato firmado. La idea es clara: no perder la ventana deportiva ni comercial, no desaparecer del mapa invernal y, de paso, demostrar que se puede jugar pelota sin el sello de la CBPC.
Así, mientras Guadalajara se prepara para recibir una Serie del Caribe sin Caracas y sin Cuba, Venezuela cocina su torneo, Cuba levanta la ceja desde la distancia y la CBPC anota otro capítulo en el manual de cómo convertir un evento deportivo en un rompecabezas diplomático.
Al final, la pelota seguirá rodando, porque siempre lo hace. Pero esta vez, más que carreras y jonrones, lo que sobra son comunicados, susceptibilidades y la sensación de que, en el béisbol caribeño, el juego más complicado no siempre se juega en el terreno. Y Cuba parece estar condenada a llevarse siempre la peor parte.
ELTOQUE ES UN ESPACIO DE CREACIÓN ABIERTO A DIFERENTES PUNTOS DE VISTA. ESTE MATERIAL RESPONDE A LA OPINIÓN DE SU AUTOR, LA CUAL NO NECESARIAMENTE REFLEJA LA POSTURA EDITORIAL DEL MEDIO.










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