El 3 de marzo de 2026, la propagandista del Gobierno cubano Marxlenin Pérez Valdés comenzó una gira por España. En su primera parada, en Madrid, se reunió con sectores afines al poder en Cuba para discutir, entre otras cosas, sobre el sector privado en la isla.
Al encuentro no dejaron entrar a cubanos críticos con el Estado cubano. Una persona que logró hacerlo fue interceptada e intimidada por alguno de los organizadores. Sin embargo, en grabaciones que se filtraron, pudimos conocer varios de los puntos de discusión de Pérez Valdés.
Su punto de partida fue una advertencia clásica dentro de la narrativa histórica del régimen. «Está claro: la propiedad privada es peligrosa», afirmó. Esa cautela, añadió, fue la misma que marcó las decisiones económicas de Fidel Castro durante los años más difíciles tras el colapso de la Unión Soviética.
Pérez Valdés comentó que, en la década de los noventa, el Gobierno cubano permitió una apertura limitada —que incluía inversión extranjera limitada y formas restringidas de trabajo por cuenta propia— no como un giro ideológico deseado, sino como una respuesta a la crisis económica conocida como Período Especial.
«Por eso Fidel tuvo tanto cuidado siempre», recordó. Aquellas medidas, dijo, representaron una «apertura no querida» hacia formas de propiedad privada y capital extranjero.
Sin embargo, Pérez Valdés insistió en que el marxismo clásico no necesariamente concibe el mercado o la propiedad privada como amenazas absolutas dentro de un período de transición socialista. Más bien, argumentó, estos pueden coexistir temporalmente con otras formas de propiedad mientras se reorganiza el sistema económico.
«Si vamos a la teoría del marxismo, verás que no le tenía el gran miedo [sic] ni al mercado ni a la propiedad privada». En su interpretación, la clave está en comprender el socialismo como una etapa intermedia entre el capitalismo y una sociedad comunista.
En ese proceso, añadió, es inevitable que convivan distintos tipos de propiedad. «En el socialismo, ese camino, esa transición hacia una sociedad mejor, superior, tienen que convivir distintas formas de propiedad».
La Constitución cubana aprobada en 2019 reconoce formalmente esa diversidad de formas de propiedad, incluida la privada, lo cual durante décadas estuvo ausente del marco jurídico del país. Sin embargo, en la práctica, la apertura de negocios particulares está atada a la aprobación estatal.
Uno de los puntos de discusión más llamativos de su intervención llegó cuando describió lo que considera la paradoja inherente al proyecto socialista: fomentar temporalmente una forma de propiedad que, en teoría, el sistema pretende superar. Es decir, que los actuales negocios privados tendrán una vida útil limitada.
«Si el socialismo es la transición donde van a existir distintas formas de propiedad, pero vamos a transitar al comunismo donde no hay propiedad privada», explicó, «entonces los negocios privados los vamos a crear para desaparecerlos».
En los últimos años, el Gobierno cubano ha ampliado discrecionalmente el espacio para empresas privadas —conocidas como mipymes— en medio de una profunda crisis económica marcada por escasez de alimentos, inflación y apagones frecuentes.
Esas reformas han permitido la aparición de miles de pequeños negocios en sectores como el comercio, la gastronomía y los servicios. Sin embargo, el discurso oficial sigue describiendo esas medidas como parte de una «actualización» del modelo socialista.
Para Pérez Valdés, el Estado debe ser plenamente consciente de las implicaciones de esa apertura. Crear empresas privadas, señaló, significa también crear nuevos actores sociales con intereses propios.
«Usted tiene que ser consciente como Estado de que está creando sujetos económicos», advirtió. «Está creando sujetos económicos que están ya con fecha de caducidad desde que nacen [sic]», dijo.
A pesar de la posición que Pérez Valdés comentó a audiencias españolas, los recientes movimientos políticos del Gobierno cubano apuntan a lo contrario.
En las últimas semanas, numerosos medios de comunicación han reseñado la posibilidad de negociaciones entre el régimen y el Gobierno estadounidense. Según fuentes estadounidenses, entre los puntos a negociar estarían una mayor apertura económica al sector privado y el cambio de sistema en la isla. Hasta el momento, el régimen ha negado la existencia de estas conversaciones.
Sin embargo, en febrero de 2026 ocurrieron dos cambios reseñables en el ámbito económico. Por primera vez desde el triunfo de 1959, el Estado cubano aprobó la importación de combustible por actores privados. De igual forma, permitió que sectores de la salud pública, como las residencias de ancianos o las ambulancias, sean administrados parcialmente por no estatales. Aunque estas medidas tienen matices, siempre se consideraron líneas rojas que el poder no deseaba traspasar.
Por otro lado, no tenemos constancia si Pérez Valdés mencionó al emporio militar Gaesa. Según estimaciones, la empresa controla poco más de un tercio de las exportaciones totales del país y el 41 % de las exportaciones de servicios.
De acuerdo con reportes, la compañía tendría un valor en activos superior a los 18 000 millones de dólares. Entre marzo y agosto de 2024, el emporio tendría una liquidez de 14 000 millones de dólares, incluso después de pérdidas. En la práctica, Gaesa actúa como una compañía privada bajo el control de una élite militar sin transparencia ni rendición de cuentas, como afirmó en 2024 Gladys Bejerano, anterior contralora general de la República.
La gira de Pérez Valdés está promocionada por el Movimiento de Solidaridad con Cuba, una organización de propaganda del Gobierno con presencia en varios países. Además de Madrid, la profesora también visitará otras 17 ciudades españolas.








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