mujeres negra televisión cubana

En los audiovisuales cubanos se identifican algunos efectos psicosociales del racismo.

Historias de mujeres negras, el racismo más allá de la pantalla

8 / abril / 2022

Fue suficiente ver un capítulo de la teleserie Calendario (dirigida por Magda González Grau) para identificar algunos efectos psicosociales del racismo en Cuba. Cómo las desigualdades sociales impactan en la subjetividad y provocan sentimientos de fracaso, culpa y percepción de incapacidad de transformar. 

Me refiero al capítulo 11, en el que transcurre la fiesta de cumpleaños de Orestes y el espectador asiste a la angustia de Cecilia, su madre, al notar que los compañeros de escuela de su hijo no están comiendo el cake que ella con esfuerzo compró para la ocasión. 

La angustia se mezcló con frustración y terminó en un desahogo catártico que mostró que la cuestión iba más allá: su hijo, ella misma, su modo de vida precarizado no encontraron posibilidades de validación social por aquel grupo de jóvenes. 

Para completar, los televidentes fueron testigos de la agresión física de Cecilia contra la maestra de su hijo. La profesora Amalia, días antes, había denunciado el robo de Orestes a otros alumnos de su escuela secundaria. 

Una lectura desatenta, apresurada y desconectada del orden social puede conducir a muchos a creer que el esfuerzo individual es la respuesta a problemas estructurales como la racialización de la pobreza. Así, la salida a este tipo de situaciones suele asociarse al esfuerzo individual como respuesta a problemas estructurales como la racialización de la pobreza. 

«No tienes que robar, si te esfuerzas y te sacrificas, logras lo que quieres. Tu esfuerzo será premiado»; «la mamá de Orestes es un monstruo violento que atacó a la profesora que sí es una persona de bien»; «Orestes y su mamá son personas malas», suelen comentar algunos televidentes.

Toda opresión estructural suele operar con una moralización, una lógica de inspiración cristiana sobre «buenos y malos» que impide un enfrentamiento real a las desigualdades sociales. 

En este caso, racismo estructural y pobreza son dos de las desigualdades que confluyen para colocar tanto a Orestes como a su madre en una situación de precariedad estructural. 

El racismo estructural obstaculiza la ascensión socioeconómica de las personas negras, porque impide que se resuelva la precarización que históricamente las afecta; y que no ocurre necesariamente como un acto de mala fe. 

Cuando se resisten a observar que esas desventajas existen y se opera con las premisas «somos todos iguales», «todos partimos del mismo lugar», «todos tenemos las mismas oportunidades», las cuales niegan que el racismo lo estructura todo, se impide que se conciban respuestas estructurales que puedan alterar ese orden social; por ejemplo, políticas públicas que corrijan tales desigualdades.

No es casual que Cecilia, en la fiesta, en esa búsqueda incesante de validación en que el racismo la coloca (justamente porque no se puede acceder a los beneficios simbólicos y materiales reservados para quienes ocupan el lugar de privilegio blanco), hace alusión a otras fiestas que ocurren en zonas privilegiadas en las que los colegas de Orestes probablemente sí querrían comer; otras fiestas en las que habría más platos, situación facilitada por un mayor acceso a recursos económicos y bienes. Ese lugar de privilegio social es mayoritariamente blanco, heterosexual y cis (individuos cuya identidad de género coinicide con aquella que les fue asignada en el nacimiento). 

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El personaje de Cecilia, su hijo Orestes y su marido. Foto tomada de las redes sociales.

No deberían existir esas fronteras racializadas entre sectores de una sociedad como la nuestra, pero las hay. Por tanto, la moralización de la violencia oculta las dimensiones estructurales del asunto. 

Cuando se habla de privilegios estructurales se apunta a la disponibilidad desigual de los derechos humanos básicos como vestido, alimento, esparcimiento, etcétera. Cuando tales privilegios son entendidos bajo la óptica de «lo merecen quienes se esfuerzan en alcanzarlos», se oculta la desigualdad que ellos implican.

Es importante entender la rabia y la frustración de Cecilia como resultado de un desamparo estructural y no reducirla al estereotipo racista de «mujer negra rabiosa». Incluso porque la rabia es una emoción legítima. 

De la mujer negra se espera y exige docilidad, mansedumbre. Son expectativas que corresponden a un ideal blanco de feminidad. Pero el propio imaginario racista de feminidad de antemano expulsa a las mujeres negras, indígenas, racializadas en general, de ese lugar de princesas de Disney, porque las princesas de Disney no son empobrecidas y precarizadas estructuralmente. Como no van a conseguir «ascender», serán tildadas de «desequilibradas y rabiosas» si expresan su frustración. A pesar de la precarización se presume que ellas deberían permanecer en silencio y con la salud mental al 100 %.

No quiero reforzar un lugar de victimismo para las mujeres y personas negras, apenas deseo reflexionar sobre cuáles son los afectos que están disponibles para estas y cómo tienen un punto de conexión con un orden social racista y clasista.

Mujeres negras: entre afectividades y soledades impuestas

Se puede ampliar el análisis al personaje de Yanara en la telenovela cubana , para comprobar cómo se estructuran los dominios de poder (sexismo, clasismo, racismo, etarismo y otras) y cuáles son sus efectos para personas negras; en especial, las que se identifican como mujeres (cis, trans, travestis o cualquier otra designación de género). 

El hecho de que una mujer negra sea deseada por tres hombres blancos ha generado una polémica en las redes sociales que desestima la posibilidad de que se establezcan vínculos afectivo-sexuales de esta índole. Esa revuelta parece invocar el refrán racista de «cada oveja con su pareja». 

La telenovela cubana, dirigida por Lester Hamlet, propone rasgar ese imaginario racista, pero la conmoción que produce en parte de su público niega esa posibilidad y revela el rechazo —todavía latente— a desear y validar mujeres negras.

Yo no apuesto por las relaciones interraciales como camino para acabar con las opresiones; inclusive porque esas opresiones las atraviesan y es preciso llevar a cabo mucho trabajo emocional para lidiar con gatillos que se activan al estar inevitablemente atravesadas por la presión social. Pero este tipo de vínculo no deja de ser una posibilidad para quien lo elige, y creo que esa gran revuelta mediática pone de relieve la dimensión del racismo: los racistas no quieren que las mujeres negras elijan; que tengan espacio para ser quienes quieran ser; quieren continuar patrullando mujeres negras; quieren que el único lugar posible siga siendo el de la soledad compulsoria, impuesta, obligatoria. Al rechazar la posibilidad de que una mujer negra sea amada, deseada, se intenta que el único patrón de relaciones afectivas siga siendo aquel basado en una relacion de pareja heterosexual, cis, blanca y patriarcal. 

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El personaje de Yanara fue criticado por la audiencia por tener pretendientes blancos. Foto tomada de Facebook.

Varias estudiosas feministas negras se han referido al tema de la «soledad de la mujer negra» o soledad compulsoria, impuesta, obligatoria. Esta problemática alude a los efectos del racismo en el ámbito de las relaciones afectivo-sexuales. De acuerdo con cifras recogidas en investigaciones, las mujeres negras son las que menos se casan y las que constituyen mayoría en hogares monoparentales o liderados por «madres solteras». 

En muchas ocasiones las mujeres negras son consideradas como segunda opción en las relaciones amorosas, a partir de estereotipos racistas que establecen que «la blanca es para casarse» y las negras son «para gozar». Tanto hombres negros como hombres blancos son educados para considerar que casarse con una mujer blanca es sinónimo de ascención social.

La hipersexualización de mujeres negras en el ámbito del turismo también alimenta el estereotipo de «mujer negra fogosa», que despierta deseo pero no amor o pasión y, por ende, no resulta la más elegible para establecer relaciones conyugales. 

En fin, ¿cuáles son los afectos disponibles para mujeres negras? Mi pregunta es una invitación para observar el racismo que atraviesa lo que se puede imaginar como posibilidades para ellas.



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elTOQUE ES UN ESPACIO DE CREACIÓN ABIERTO A DIFERENTES PUNTOS DE VISTA. ESTE MATERIAL RESPONDE A LAS OPINIONES DE LA AUTORA, LAS CUALES NO NECESARIAMENTE REFLEJAN LA POSTURA EDITORIAL DEL MEDIO.


Yarlenis M. Malfrán
Psicóloga por la Universidad de Oriente, Cuba. Máster en Intervención Comunitaria (CENESEX). Doctora en Ciencias Humanas (Universidad Federal de Santa Catarina). Investigadora de Post Doctorado vinculada a la Universidad de São Paulo, Brasil. Feminista, con experiencia en varias organizaciones y movimientos sociales.
yarlenis.m.malfran

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Jorgess

No generalices sobre la situación de pobreza de los negros en cuba, pasa por los agros, carnicerías y bodegas, los coletos, empleados de pescaderia etcpara q veas verdaderos millonarios de raza negra robando todos los días y de todas formas

yarlenis

Todos los que mencionas son trabajadores que no ocupan ninguna posición de poder que decida políticas ni nada. Son gente de la clase obrera igualmente precarizada que si roban es: 1) porque existen brechas estructurales para eso; 2) porque existen personas que pueden pagar al precio en que esos otros deciden vender lo robado. Y si existen algunos que pueden pagar eso también habla de una desigualdad que no fue creada por esos trabajadores de agros, carnicerias y bodegas. De hecho, que tú veas eso como una cuestión individual de ellos (como si ellos tuvieran poder de crear esas desigualdades) es expresión del mismo racismo (tuyo) y que el texto explica que está generalizado en buena parte de la población.

yarlenis
Jorgess

Mario

Cuando se habla de razas ya se es racista y contraria a los vínculos integraciones. De que está hablando. Que defiende sin convicción. Que triste su comentario de pir más carente total se influencia y credibilidad
Mario

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