En los últimos dos años la represión del Gobierno cubano ha dejado de ser una «exageración de los opositores», algo que pasa de manera «aislada» y a «muy pocas personas» para saltar a la vista de todos y sacar de la anestesia propagandística a miles de ciudadanos.
El acceso generalizado a Internet, el agravamiento de las condiciones de vida, la valentía de las personas para protestar y la diversificación ideológica y política del país, entre otros factores, han influido en que la represión se extienda visiblemente a muchos más cubanos y cubanas.
Frente a muestras de desobediencia civil generalizada, la estrategia de reprimir desde la sombra (funcional cuando era pequeño el grupo de disidentes) ahora se ha convertido en una guerra abierta, explícita y pública «contra el enemigo». Un enemigo que alcanza a una parte cada vez más creciente del pueblo.
El poder cubano no admite ni admitirá que, quienes se opongan y ejerzan sus derechos humanos de libertad de expresión y de manifestación, piensen y crean algo diferente a lo que dicta el Partido que, en teoría, Díaz-Canel dirige.
Lo peligroso de este asunto no es que se trate de una práctica común. Lo peligroso es que, esta práctica de violación de derechos humanos, de paralelismos legales y de contrainsurgencia contra el pueblo que antes se producía desde las sombras, ahora está siendo legalizada.
Accede a este audiovisual para saber detalles al respecto.
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