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Lis Cuesta, Twitter y la «dictadura del estropajo»

Diseño de portada: Enrique Torres.

Lis Cuesta, Twitter y la «dictadura del estropajo»

2 / junio / 2022

El Gobierno cubano ha hecho lo imposible por sofisticar su imagen pública. La mayoría de los funcionarios, ya sean ministros, propagandistas o el mismo presidente, poseen perfiles verificados en redes sociales. Lis Cuesta Peraza, esposa de Miguel Díaz-Canel, no ha sido la excepción: está presente en Twitter desde marzo de 2022, su cuenta suma más de 29 mil seguidores y un nutrido historial de burlas.

Cuesta, sin ser la primera dama de Cuba —esa figura no existe constitucionalmente en el país—, se comporta como tal. La holguinera de 51 años, identificada con el perfil @liscuestacuba, se define en redes como «cubana, abuela, revolucionaria, profesora, coordinadora de eventos y cultura-turismo de Cuba es Cultura».

Desde el 31 de marzo de 2022, ha provocado numerosas polémicas relacionadas con la exposición de su vida personal y su vínculo con el mandatario cubano. A pesar de sus intentos por mantener un tono institucional, remitiéndose a eventos culturales o efemérides, es frecuente que reincida en «tuitazos» chabacanos, excesivamente personales, o que parecen olvidar el impacto de sus palabras sobre su imagen pública y la de su esposo.

¿Qué dice Lis Cuesta de sí misma, de Díaz-Canel y de la cúpula gubernamental cubana? ¿Por qué ha manejado la vida de funcionarios y familiares con tanta indiscreción? ¿Lee algún censor o gestor de redes los tuits de Lis Cuesta?

Más allá de las teorías conspiranoicas, parece que el flujo de información en el perfil de Cuesta depende de su propia gestión. Nadie más que ella asume la responsabilidad de los hashtags que la caracterizan: #TeMolestaMiAmor y #ElDictadorDeMiCorazon. Es ella quien publica fotos y videos de la plana mayor del Gobierno en organopónicos y desfiles, con el aparente objetivo de «acercar» el mundo de los dirigentes al pueblo.

Cuesta utiliza su perfil para dar visibilidad a sus «amigos» y allegados, como la presentadora Edith Massola, la escritora Laidi Fernández de Juan, el activista Francisco Rodríguez Cruz, el profesor Carlos Lazo o la periodista oficialista Leticia Martínez. Esta «señal» ha servido como muestra de la afiliación política de algunas de esas personas, quienes en ocasiones suelen presentarse ideológicamente «ambiguos» ante su público.

No faltan los obituarios de personalidades cubanas (el poeta Roberto Fernández Retamar, el ensayista Ambrosio Fornet, el músico José Luis Cortés, el político Ricardo Alarcón) o recuerdos del fallecimiento de Vilma Espín —«mi líder preferido de la Revolución», como afirmara en uno de sus tuits— o Celia Sánchez.

Tampoco mantuvo el tono que se espera de una figura pública mientras defendía el Festival San Remo —que ella gestionaba—, el anteproyecto del Código de las Familias o la visita del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Entre sus resbalones de carácter religioso y astrológico, son memorables las calificaciones que ha hecho del expresidente ecuatoriano Rafael Correa y del miembro del PCC Rogelio Polanco como «Aries revolucionarios». Y el pasado Día de las Madres, tras la explosión en el hotel Saratoga, publicó una estampa de la Virgen de la Caridad, «Madre de todos, ella mambisa y nuestra». La indignación fue general en los comentarios, pues los usuarios advirtieron la politización de un símbolo religioso afín de muchas maneras a gran parte de la población cubana.

Lis Cuesta no exhibe ningún complejo al publicar fotografías de su boda con Díaz-Canel o retratos de sus hijos y nietos en compañía de Raúl Castro, y hacer de su vida familiar otro escenario para el teatro político. Poco a poco, traza una cartografía de la cúpula del poder cubano, en su dimensión interna y familiar, muy interesante a la hora de interpretar el rostro doméstico del régimen.

Pero sin duda alguna, sus tuits más polémicos y pasados de tono han sido los dedicados al propio Miguel Díaz-Canel. Cuesta sorprende continuamente a sus seguidores con mensajes melosos y a menudo ridículos, por lo general acompañados de una foto del mandatario en pose desenfadada o sonriente.

El 20 de abril le ofreció una declaración de amor cursi: «Felicidades, mi amante de ayer, mi amante de hoy y mi amante para siempre. Yo también te lo digo al oído y te lo grito en Twitter. Porque juntos somos mucho más que dos». El día anterior confesaba no saber «si felicitar o no» a Díaz-Canel por el primer aniversario de su nombramiento al frente del Partido Comunista de Cuba: «sinceramente no sé si es lo que corresponde», afirmó.

Pero nada ha superado, hasta el momento, el tuit del 10 de abril que disparó las reacciones y burlas —5 300 comentarios, 8 600 interacciones— contra Lis Cuesta: «¡El que es lindo lo es! Y además por dentro y por fuera: el dictador de mi corazón». La foto de Díaz-Canel que acompañó el mensaje contiene esa sonrisa forzada que nunca cuadra con el rostro del mandatario.

Varios analistas suponen que Lis Cuesta atiza estas polémicas para que las interacciones de su perfil crezcan y de ese modo aumentar su influencia en la esfera pública. Otros han señalado el cinismo en aumento de sus mensajes, con las referencias a apagones —escribió que tenía «el corazón en modo estropajo»— y carencias que ella no sufre realmente. Y no faltan quienes creen que usa esa red social y sus polémicas para desviar la atención de asuntos relacionados con violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, no parece que la esposa del mandatario calcule el alcance de todo lo que tuitea, porque el precio que está pagando —el deterioro de la dañada imagen del Gobierno— es superior a la ganancia de seguidores. La cosecha de memes, críticas, notas de prensa, montajes y comentarios en su perfil solo se equipara a la de su propio marido.

En tiempo récord y con apenas 142 tuits, Lis Cuesta se ha convertido en una de las figuras asociadas al Gobierno cubano más ridiculizadas por la prensa independiente y por algunos usuarios en el ciberespacio. De no ser así pasaría desapercibida: la prensa estatal casi nunca menciona su actividad en Twitter y rara vez le dedica una nota. O un análisis. Ni siquiera un titular de estropajo.




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Xavier Carbonell
Novelista y náufrago. Gastrónomo por vocación, aunque no por oficio, y furibundo fumador de puros. Espera el apocalipsis en muy buena compañía y sobrevive tras las trincheras de su biblioteca.
Xavier Carbonell

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pablo

todos los de esa capsula ni sufren ni sufrirán las carencias y nesecidades q sufre el pueblo
pablo

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