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Captura de pantalla de las protestas en Cienfuegos el 11 de julio de 2021.

Captura de pantalla de las protestas en Cienfuegos el 11 de julio de 2021.

La represión en Cienfuegos: «Nadie me lo contó»

17 / julio / 2021

Escrito por José Luis de la Maza

En Cienfuegos se reprimió violentamente una protesta pacífica. Es algo que nadie me contó, pues lo pude ver en primera persona y a pocos metros de distancia. En el parque José Martí, a espaldas de la escultura del Apóstol, ocurrió la primera ofensiva contra unas pocas decenas de personas que estaban de pie en un pequeño grupo. Jamás hubo agresión a persona alguna por parte de los manifestantes, nadie lanzó una piedra o atacó un inmueble.

Entonces la represión larvada y latente que siempre nos ha acompañado se hizo manifiesta. Se acordonaron las calles y llegó aquel camión con su despliegue intimidatorio de “boinas negras” que saltaban con sus bastones amenazantes y corrían hacia la pequeña multitud de manifestantes que se mantuvieron de pie como si formaran parte de una fotografía, hasta que comenzaron a ser desplazados por la fuerza. Los que levantaron sus brazos en simples gestos defensivos fueron golpeados, tirados al suelo y cargados por los policías para ser apresados.

A unos dos metros de donde me encontraba, un hombre alto con pullover de rayas blancas y azules hacía una llamada telefónica solicitando que mandaran al lugar a la «gente de la juventud» (UJC). Así comenzó aquel día la represión contra ciudadanos cienfuegueros que no eran delincuentes ni vándalos y no estaban haciendo más que hacer valer su derecho constitucional a manifestarse pacíficamente. Lo que ocurrió fue represión injustificada, no hay otro término para eso, por más que a Abel Prieto le parezca inapropiado el término cuando se trata de una golpiza revolucionaria.

Así se dispersó aquel primer grupo para dar entrada a la contraprotesta por parte de gente disfrazada de pueblo que llegaron en autobuses y otros vehículos estatales cargados de carteles y consignas para confrontar y hostigar a la manifestación, mientras policías y numerosos agentes de civil mezclados entre ellos continuaban apresando manifestantes. Pero era claro que no se trataba de mercenarios pagados por el enemigo, ni manipulados o confundidos. La protesta creció y centenares marcharon por las calles de Cienfuegos haciéndose escuchar. A lo largo del prado se unieron conductores de vehículos y motos con sus bocinas. Solo pude ver personas animando la marcha y filmando desde las casas y balcones, al menos no vi un solo ciudadano que saliera a oponerse a los manifestantes, con excepción de un señor que caminaba siguiendo a la marcha con gritos de «Patria o Muerte» y al que nadie molestó.

A menos de una cuadra del PCC ocurrió el otro despliegue policial. Otros autobuses llegaron, uno de ellos con chicos muy jóvenes, casi todos varones que una vez más hicieron de contraprotesta mientras las unidades de “boinas negras” se encargaban de sofocar con violencia la manifestación cuando comenzaba a caer un fuerte aguacero. Como colofón, se realizó el patético ritual de una marcha triunfal por algunas calles céntricas de Cienfuegos por parte de «los vencedores» consigneando lo de siempre y recibiendo muy pocas muestras de apoyo; a la vez que parte de las fuerzas policiales se desplazaban en dirección a la localidad de Reina.

Confieso que aún estoy asustado de tanto despliegue policial e intimidación contra el pueblo que legítimamente reclamaba y mostraba su malestar sin mencionar a los EE. UU., sin pedir anexión y mucho menos intervención. Esa es mi dolorosa y breve crónica, de la que doy fe absoluta, así sucedió en Cienfuegos, sin importar lo que repita el Noticiero. Si alguien afirma otra cosa lo invito a confrontar versiones. Es desconcertante ver cómo los argumentos han sido los golpes, la intimidación televisada, el ocultar la realidad denigrando a los que protestan y disienten.. Pero lo más grave ha sido ver personalidades de la cultura, gobernantes y funcionarios refrendando el abuso y que lejos de llamar a la concordia y al diálogo conciliatorio claman por violencia e incitan a la confrontación y el «combate» (como si fueran dignas de ser llamadas combate las golpizas a un pueblo sin armas).

La Cuba que apoya y se regodea en televisar con insolente soberbia las protestas en Estados Unidos o Europa, los estallidos de Chile y Colombia, hoy hipócritamente reprime y censura a periodistas, redes sociales y a todas las inmensas personalidades que dentro y fuera de Cuba han mostrado su absoluto rechazo y denuncia al atropello contra los manifestantes. Conozco muchas personas de izquierda, de los que se definen revolucionarios, a los que considero muy buenas personas y confío en que deben pensar que la violencia contra hermanos que en su inmensa mayoría no han cometido delitos, no se debe apoyar ni tolerar. No se trata de ideología, sino de humanismo y derechos ciudadanos. En cuanto a las protestas violentas cabría preguntarse quien tiró la primera piedra.

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