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Ilustración: Ronald Vill.

Ilustración: Ronald Vill.

Rostros «confundidos»

Sara Naranjo, de 88 años, salió el 11 de julio con una cacerola en la mano. Su foto, golpeando el metal viejo con el mango de un cuchillo, se viralizó. Esta anciana, casi ciega, es uno de los tantos rostros de las protestas de ese domingo.

La fotografía pronto se convirtió en dibujo. Ella y otras imágenes de las manifestaciones. Las dibujó Ronald Vill.

En medio de la abundancia de fotografías y videos del 11 de julio, Ronald filtra y sintetiza protagonistas y escenas; los iconiza. «Cada dibujo es, además de una representación de lo sucedido, una representación de lo que sentimos ese día», expresa el artista de 30 años.

«Escojo lo más simbólico, lo que represente muchas cosas a la vez. De hecho, trato de dibujar en el teléfono donde esté para hacer un dibujo diario. Solo quiero expresar lo que sentimos muchos», destaca.

De la fotografía a los dibujos digitales

«Vivo en Playa, pero nací en Mantilla. Antes del arte me dedicaba al trabajo por cuenta propia. Estuve en el centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, pero me fue fatal como escritor y empecé en el mundo de la fotografía y los audiovisuales», cuenta.

«Los dibujos digitales han sido una herramienta para estudiar las imágenes, su composición e iluminación».

Con el comienzo de la cuarentena por la COVID-19, Ronald empezó a dibujar y cada día posteaba algún trabajo en Facebook. «Eran dibujos muy sencillos. Trataba de expresar algo cotidiano, sin grandes pretensiones artísticas. En ese momento descubrí que este tipo de dibujo me interesa».

Ronald utiliza imágenes que descarga de Internet o fotografías tomadas por él mismo. Luego hace montajes en Photoshop y a partir de ahí comienza a dibujar procurando no cargar la imagen, manteniendo su encuadre original y «tratando que la emoción sea lo que quede al final».

Las protestas

Ronald fue uno de los tantos jóvenes que participaron en las protestas del domingo 11 de julio. Cuando supo lo que estaba ocurriendo en San Antonio de los Baños, salió hacia Centro Habana con su novia.

Caminaron desde Coppelia. Cuando llegaron a la calle Galiano se toparon con un grupo de personas.

«Lo que vi en ese momento no era una protesta, ni siquiera había una gran masa de gente. La gente estaba corriendo y la policía detrás, antes de los golpes. Cuando uno se imagina una protesta, piensa que te agarran, te empujan, te detienen; pero lo que vi ese día fue un abuso», cuenta aún impactado.

«Vimos a los mismos vecinos de Galiano que llamaban a los manifestantes para que se escondieran en sus casas y no los golpearan. Yo me asusté mucho y tuve miedo», confiesa.

«Aquello me parecía una película. Salimos corriendo, porque el tumulto vino para donde estábamos nosotros. Veíamos a los agentes vestidos de civil. Agarraban por el cuello prácticamente a cualquiera; no distinguían entre los que estaban protestando o los que andaban en la calle».

Sin embargo, Ronald conservaba la esperanza de que aquello no estuviera sucediendo en todas partes. Cuando llegaron a Prado para ver si se encontraba con algún conocido, la sorpresa fue otra. Allí estaban «los revolucionarios» gritando consignas.

«Alguien de esa multitud agradecía, a gritos, que le dieran la oportunidad de defender la Revolución y se golpeaba el pecho», recuerda.


Luego de tres horas de caminar decidieron irse a la casa de unos amigos. «Pensé que lo que había visto eran hechos aislados. Hasta ese momento tenía una gran emoción porque habíamos visto a un pueblo que salió a reclamar; cada cual había salido a exigir lo que sentía», dice.

La realidad lo golpeó al día siguiente, y esa emoción, cuenta, se transformó en rabia, tristeza y dolor. La Habana estaba llena de policías. «No sabíamos nada de lo ocurrido porque estábamos sin Internet. Mi teléfono ni siquiera recibía llamadas o mensajes de texto. Todo estaba bien hasta que empezamos a comunicarnos con los amigos, a recibir llamadas y a ver lo que había sucedido».

Ronald, como artista, sintió que su lugar era participar de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Ronald Vill manifestaciones Cuba.jpg

Rostros «confundidos»

«Decidí dibujar porque es la manera más directa y más fácil de llegar a las personas y funciona muy bien en las redes a la hora de transmitir un mensaje», comenta.

El primer dibujo que hizo fue el de una señora, en bata de casa y con el dedo índice levantado, que le reclama a oficiales por lo que está sucediendo. «Cuando vi ese video me impactó muchísimo. Esa señora, en plena plaza de Camagüey, reclama en la cara a las autoridades, con una actitud que me conmovió», cuenta Ronald.

 

Dibujar estas escenas es su forma de posicionarse. «Trato de usar los recursos que tengo para llegar a través de mis dibujos, de mis posts en Facebook, de mi voz, y tratar de reclamar justicia».

Ronald no tiene pretensiones artísticas con sus dibujos, ni sueña con una exposición; de hecho, muchos de los trabajos no tienen la resolución necesaria para ser imprimidos. «Ni siquiera tienen mi firma; los dejo lo más limpios posible para que cualquiera los pueda utilizar en sus posts o donde quiera. Me parece que eso es lo mejor que puedo hacer ahora: tomar historias reales y transformarlas en arte para que llegue a todos».

Mientras, los dibujos del artista de 30 años congelan el momento para inmortalizar lo que recorre estos días las calles cubanas.

 

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Rachel Pereda
Periodista y mamá, o al menos eso intento. Sabinera hasta la médula. Amante de la literatura, las causas imposibles, la fotografía, el café y la aventura. Géminis y soñadora. Creo en la magia y en la historia detrás de la historia. Sigo en espera de mi carta a Hogwarts.
rachel

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Ketty

Excelente publicación!! Este muchacho tiene sensibilidad para dibujar lo que esta aconteciendo!!!!
Ketty

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Sara Naranjo, de 88 años, salió el 11 de julio con una cacerola en la mano. Su foto, golpeando el metal viejo con el mango de un cuchillo, se viralizó. Esta anciana, casi ciega, es uno de los tantos rostros de las protestas de ese domingo.

La fotografía pronto se convirtió en dibujo. Ella y otras imágenes de las manifestaciones. Las dibujó Ronald Vill.

En medio de la abundancia de fotografías y videos del 11 de julio, Ronald filtra y sintetiza protagonistas y escenas; los iconiza. «Cada dibujo es, además de una representación de lo sucedido, una representación de lo que sentimos ese día», expresa el artista de 30 años.

«Escojo lo más simbólico, lo que represente muchas cosas a la vez. De hecho, trato de dibujar en el teléfono donde esté para hacer un dibujo diario. Solo quiero expresar lo que sentimos muchos», destaca.

De la fotografía a los dibujos digitales

«Vivo en Playa, pero nací en Mantilla. Antes del arte me dedicaba al trabajo por cuenta propia. Estuve en el centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, pero me fue fatal como escritor y empecé en el mundo de la fotografía y los audiovisuales», cuenta.

«Los dibujos digitales han sido una herramienta para estudiar las imágenes, su composición e iluminación».

Con el comienzo de la cuarentena por la COVID-19, Ronald empezó a dibujar y cada día posteaba algún trabajo en Facebook. «Eran dibujos muy sencillos. Trataba de expresar algo cotidiano, sin grandes pretensiones artísticas. En ese momento descubrí que este tipo de dibujo me interesa».

Ronald utiliza imágenes que descarga de Internet o fotografías tomadas por él mismo. Luego hace montajes en Photoshop y a partir de ahí comienza a dibujar procurando no cargar la imagen, manteniendo su encuadre original y «tratando que la emoción sea lo que quede al final».

Las protestas

Ronald fue uno de los tantos jóvenes que participaron en las protestas del domingo 11 de julio. Cuando supo lo que estaba ocurriendo en San Antonio de los Baños, salió hacia Centro Habana con su novia.

Caminaron desde Coppelia. Cuando llegaron a la calle Galiano se toparon con un grupo de personas.

«Lo que vi en ese momento no era una protesta, ni siquiera había una gran masa de gente. La gente estaba corriendo y la policía detrás, antes de los golpes. Cuando uno se imagina una protesta, piensa que te agarran, te empujan, te detienen; pero lo que vi ese día fue un abuso», cuenta aún impactado.

«Vimos a los mismos vecinos de Galiano que llamaban a los manifestantes para que se escondieran en sus casas y no los golpearan. Yo me asusté mucho y tuve miedo», confiesa.

«Aquello me parecía una película. Salimos corriendo, porque el tumulto vino para donde estábamos nosotros. Veíamos a los agentes vestidos de civil. Agarraban por el cuello prácticamente a cualquiera; no distinguían entre los que estaban protestando o los que andaban en la calle».

Sin embargo, Ronald conservaba la esperanza de que aquello no estuviera sucediendo en todas partes. Cuando llegaron a Prado para ver si se encontraba con algún conocido, la sorpresa fue otra. Allí estaban «los revolucionarios» gritando consignas.

«Alguien de esa multitud agradecía, a gritos, que le dieran la oportunidad de defender la Revolución y se golpeaba el pecho», recuerda.


Luego de tres horas de caminar decidieron irse a la casa de unos amigos. «Pensé que lo que había visto eran hechos aislados. Hasta ese momento tenía una gran emoción porque habíamos visto a un pueblo que salió a reclamar; cada cual había salido a exigir lo que sentía», dice.

La realidad lo golpeó al día siguiente, y esa emoción, cuenta, se transformó en rabia, tristeza y dolor. La Habana estaba llena de policías. «No sabíamos nada de lo ocurrido porque estábamos sin Internet. Mi teléfono ni siquiera recibía llamadas o mensajes de texto. Todo estaba bien hasta que empezamos a comunicarnos con los amigos, a recibir llamadas y a ver lo que había sucedido».

Ronald, como artista, sintió que su lugar era participar de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Ronald Vill manifestaciones Cuba.jpg

Rostros «confundidos»

«Decidí dibujar porque es la manera más directa y más fácil de llegar a las personas y funciona muy bien en las redes a la hora de transmitir un mensaje», comenta.

El primer dibujo que hizo fue el de una señora, en bata de casa y con el dedo índice levantado, que le reclama a oficiales por lo que está sucediendo. «Cuando vi ese video me impactó muchísimo. Esa señora, en plena plaza de Camagüey, reclama en la cara a las autoridades, con una actitud que me conmovió», cuenta Ronald.

 

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Ketty

Excelente publicación!! Este muchacho tiene sensibilidad para dibujar lo que esta aconteciendo!!!!
Ketty
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