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Virgen de a Caridad en calle pobre de La Habana Vieja

El audiovisual cubano sobre entornos «marginales»

La reciente exhibición en la televisión cubana del documental Canción de barrio, dirigido por Alejandro Ramírez y estrenado en 2014, ha motivado muchos comentarios en las redes sociales. Llama la atención que se trata de una obra casi desconocida, que fue oportunamente «guardada» durante siete años y que ha sido ¿redescubierta? y mostrada por fin a los miles de espectadores que pudieron apreciarla. 

Tomando como punto de partida la Gira por los barrios de Silvio Rodríguez durante varios años, el foco de atención se dirige hacia esos ¿marginados?, ciudadanos empobrecidos, casi olvidados por los medios y el discurso oficial, que asisten, entre la curiosidad, la inercia o la pasión, a las interpretaciones del trovador. Aquí no importa tanto Silvio como los que van a escucharlo. No importan tanto sus canciones como la letra de la vida que, con sus rostros y palabras, escriben los asistentes. 

Tuvo, hace siete años, una ovacionada y concurrida premier en la sala Charles Chaplin. Después, apenas ha contado con alguna exhibición puntual en festivales y eventos comunitarios. No es un caso aislado.


A finales de los ochenta, el Noticiero Icaic Latinoamericano (dirigido de forma general por Santiago Álvarez) fue el espacio en que los problemas de estas zonas de la realidad cubana encontraron visibilidad sistemática. El cineasta José Padrón realizó al menos seis de esos noticieros entre 1989 y 1990. Se adentró en los barrios de la Güinera, Cayo Hueso y Atarés. También filmó en comunidades dañadas por la contaminación del río Quibú. Uno fue sobre albergados que llevaban años esperando ser reubicados y otro, sobre proyectos de urbanización en zonas insalubres de la ciudad.  

Jorge Luis Sánchez filmaría también bajo el Icaic, en 1990, su premiado documental El fanguito, sobre la comunidad homónima levantada a orillas del río Almendares. Años después, en 2006, Daniellis Hernández regresaría para filmar Volver a El Fanguito. 


Desde el cine cubano y la narrativa más cercana a la ficción, se cuenta el largometraje Una mujer, un hombre, una ciudad (1977) dirigido por Manuel Octavio Gómez, quien se trasladaba a Nuevitas para mostrar los procesos de evolución social, urbanos e industriales en esa área del oriente cubano.

Con parecido interés está el conocido largometraje de Sara Gómez titulado De cierta manera (1973-74). Este, además, exploraba conflictos relacionados con el machismo, los valores y las prácticas religiosas en una comunidad bajo transformación. Ella misma había rodado el cortometraje Solar habanero (1962) para la serie didáctico-documental Enciclopedias populares.   


El artista visual Henry Eric, interesado en la documentación antropológica y los diálogos con el entorno de sujetos desplazados por el discurso institucional, tiene varias obras rodadas a finales de los noventa y el inicio del presente siglo. Se destacan Almacén (2001) y Sucedió en La Habana II (2003). En tanto, Javier Castro, otro videoartista formado en el Instituto Superior de Arte (ISA) y la cátedra Arte Conducta de Tania Bruguera, filmaría varios cortos y documentaciones en los barrios más humildes de La Habana Vieja. 

Alina Rodríguez, egresada del ISA, filmaría Buscándote Habana (2006) sobre los asentamientos en zonas de San Miguel del Padrón y Guanabacoa. Tuvo enormes dificultades, incluso fue detenida junto a parte de su equipo mientras intentaba rodar escenas en la ciudad de Guantánamo. 


Una mirada similar, en el propósito de representar zonas «oscuras» en escenarios alejados de la capital, puede apreciarse en Caidije, la extensa realidad (2000), documental del camagüeyano Gustavo Pérez, y El tren de la ruta norte (2005), de Marcelo Martín (2005). Martín nos revela la dura vida de los entornos rurales en las localidades de Morón y Chambas en Ciego de Ávila. Este material de producción independiente apenas ha sido exhibido. 

La desaparecida Muestra Joven del Icaic fue por años un espacio para presentar y debatir obras audiovisuales sobre tales realidades y sujetos. Como botón de muestra pueden recordarse los documentales: Las camas solas (2006) de Sandra Gómez, Elena (2012) de Marcelo Martín, Hotel Nueva isla (2014) de Javier Labrador e Irene Gutiérrez o el premiado corto El hormiguero (2016), de Alan González.


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Tomando como punto de partida la Gira por los barrios de Silvio Rodríguez durante varios años, el foco de atención se dirige hacia esos ¿marginados?, ciudadanos empobrecidos, casi olvidados por los medios y el discurso oficial, que asisten, entre la curiosidad, la inercia o la pasión, a las interpretaciones del trovador. Aquí no importa tanto Silvio como los que van a escucharlo. No importan tanto sus canciones como la letra de la vida que, con sus rostros y palabras, escriben los asistentes. 

Tuvo, hace siete años, una ovacionada y concurrida premier en la sala Charles Chaplin. Después, apenas ha contado con alguna exhibición puntual en festivales y eventos comunitarios. No es un caso aislado.


A finales de los ochenta, el Noticiero Icaic Latinoamericano (dirigido de forma general por Santiago Álvarez) fue el espacio en que los problemas de estas zonas de la realidad cubana encontraron visibilidad sistemática. El cineasta José Padrón realizó al menos seis de esos noticieros entre 1989 y 1990. Se adentró en los barrios de la Güinera, Cayo Hueso y Atarés. También filmó en comunidades dañadas por la contaminación del río Quibú. Uno fue sobre albergados que llevaban años esperando ser reubicados y otro, sobre proyectos de urbanización en zonas insalubres de la ciudad.  

Jorge Luis Sánchez filmaría también bajo el Icaic, en 1990, su premiado documental El fanguito, sobre la comunidad homónima levantada a orillas del río Almendares. Años después, en 2006, Daniellis Hernández regresaría para filmar Volver a El Fanguito. 


Desde el cine cubano y la narrativa más cercana a la ficción, se cuenta el largometraje Una mujer, un hombre, una ciudad (1977) dirigido por Manuel Octavio Gómez, quien se trasladaba a Nuevitas para mostrar los procesos de evolución social, urbanos e industriales en esa área del oriente cubano.

Con parecido interés está el conocido largometraje de Sara Gómez titulado De cierta manera (1973-74). Este, además, exploraba conflictos relacionados con el machismo, los valores y las prácticas religiosas en una comunidad bajo transformación. Ella misma había rodado el cortometraje Solar habanero (1962) para la serie didáctico-documental Enciclopedias populares.   


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Alina Rodríguez, egresada del ISA, filmaría Buscándote Habana (2006) sobre los asentamientos en zonas de San Miguel del Padrón y Guanabacoa. Tuvo enormes dificultades, incluso fue detenida junto a parte de su equipo mientras intentaba rodar escenas en la ciudad de Guantánamo. 


Una mirada similar, en el propósito de representar zonas «oscuras» en escenarios alejados de la capital, puede apreciarse en Caidije, la extensa realidad (2000), documental del camagüeyano Gustavo Pérez, y El tren de la ruta norte (2005), de Marcelo Martín (2005). Martín nos revela la dura vida de los entornos rurales en las localidades de Morón y Chambas en Ciego de Ávila. Este material de producción independiente apenas ha sido exhibido. 

La desaparecida Muestra Joven del Icaic fue por años un espacio para presentar y debatir obras audiovisuales sobre tales realidades y sujetos. Como botón de muestra pueden recordarse los documentales: Las camas solas (2006) de Sandra Gómez, Elena (2012) de Marcelo Martín, Hotel Nueva isla (2014) de Javier Labrador e Irene Gutiérrez o el premiado corto El hormiguero (2016), de Alan González.


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