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Amanda Rosa Pérez Morales

Amanda Rosa Pérez Morales

La Habana 1990. Investigadora y narradora. Termino un doctorado en Filosofía en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Dirijo el Centro de Estudios Filosófico-Culturales y publico libros, cuando se puede; hasta ahora: "El jazz ácido de Nueva Zelanda" y "Diez". Tengo la columna: "La columna de Amanda", en Con/texto Magazine y, aparte, un blog: " El gato de Monique". Ahora me ha dado por pintar cosas de blanco.

Celia Limia partió de Cuba a los veintiséis años. Fue a Chile para continuar sus estudios de posgrado relacionados con el cáncer. Investiga para entender los mecanismos en la relación virus-célula, que provocan transformaciones celulares.
Llevo una semana un tanto alterada debido a las nuevas regulaciones que el Gobierno cubano publicó en la Gaceta. Entre ellas, la que más me impactó fue la del Artículo 28.
Otra razón por la que me desespero es por el problema de la propuesta de comer tripas y vísceras. Acá en México comer tripa es un placer, es un lujo, es un platillo en tacos o en cemitas que la gente disfruta y siempre anhela.
A Amanda Rosa los secuestros le cambiaron su perspectiva de la vida. En México casi todos los días hay un secuestro.
El día que Claudia Mulet decidió irse de Cuba, esa estrella la hizo montarse en un avión, decir al carajo todo, llegar a Estados Unidos, trabajar muchísimo y terminar en Broadway.
Cuando estudiaba en la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana, Amanda Rosa Pérez entendió pronto que no era el lugar para ella. No podía imaginar un futuro allí, donde no existía el debate abierto ni los posicionamientos dispares.
Jennifer Rodríguez estaba nerviosa como nunca antes porque Estados Unidos es un país de oportunidades misteriosas y ella vio en esa invitación el espacio para insertarse como una artista inmigrante recién llegada al «cementerio de los artistas».
Silvia Oramas dice que su trabajo “es visualizar conflictos que se dan en la sociedad chilena, algo que en Cuba no se hace jamás. En la isla no existen las preguntas incómodas. No se pueden hacer”.
De cómo esta mujer joven cubana llegó a tener una galería, cómo fue su reencuentro con Cuba, qué trabajos ha tenido y cómo las políticas cubanas de gestión cultural han marcado su trabajo.
En algún momento, me voy a organizar este pelo. Y en algún momento me voy a casar. Cuando sea, pero me voy a casar. Y me voy a poner el velo.
Liana fue mi compañera durante nuestros cinco años de universidad, en La Habana. A ambas nos apasionaba la filosofía: teníamos necesidad de aprender, de entender. Luego de graduarnos, cada una tomó caminos radicalmente distintos y, por azares de la vida, volvimos a encontrarnos a través de la literatura y la propia reflexión.
Tenemos la tan jodida mala suerte de que se empalmaron esos dos acontecimientos y, como siempre, Estados Unidos se llevó el protagonismo. Siempre el primer mundo tiene más protagonismo. Siempre sus cosas son más importantes, tienen más relevancia.
Hay cierto fatalismo que absorbe a zonas de La Habana. Un fatalismo relacionado con los objetos, con el consumo. Todo se les rompe.
Aún no entiendo bien cómo funciona eso de Whatsapp en la isla y tú no me acabas de explicar bien. Aprovecho y te envío este correo a ver si, con calma, respondes mis dudas y me entero de qué has pensado, lentamente, por estos días.