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¿75 medidas y un deseo?

Foto: Abraham Echevaría.

¿75 medidas y un deseo?

29 / julio / 2022

Luego de hacer malabares con las estadísticas oficiales para mostrar «avances» en 2022 en el área que da contenido de trabajo a su ministerio, Alejandro Gil expuso la síntesis de lo que serán «75 medidas» para mejorar la situación económica del país.

Se trata de medidas que —a excepción de la relacionada con las importaciones no comerciales (recién publicada)—, a la luz de hoy: «serán»; es decir, aún no son, puede que sean o no. Aunque provocaron alegría en algunos sectores de la ciudadanía, un anuncio de medidas económicas, cuando lo hace un funcionario público con cierto grado de responsabilidad —al menos en el contexto de incertidumbre y crisis que enfrenta el país—, llevaría decir quién será el encargado de ejecutarlas, quién velará por su cumplimiento, cuándo se empezarán a aplicar, quién responderá si salen mal, en qué período de tiempo y cuáles serán los resultados esperados y las etapas de ejecución. Por lo tanto, más que medidas, creo que solo se trata de algunos deseos que tiene, entre otros, el alto funcionario que las presentó. Por cierto, tanto él como yo esperamos que se cumplan pronto, eficazmente.

Pero, en esencia, ¿qué desea el ministro que ocurra?

La lista de los deseos

La primera noticia que dedicó Cubadebate a las 75 medidas (que no consistía en publicar la lista enumerada) dejaba claro que el objetivo sería «incrementar los ingresos en divisas y diversificar las exportaciones». Así que, quizá, no haya más patas que buscar a la mesa; quieren recaudar más divisas, ¿por qué esperar otra cosa?

Para lograr el primero de sus objetivos declarados, las medidas se concentran en dos direcciones en materia de divisas: aumentarlas de forma relativa (reducir costos) y de forma absoluta (recaudar más).

1. Un pequeño grupo de acciones buscan reducir los altos costos que trae consigo sostener el sector hotelero (insumos, como los alimentos) a partir de algo que se hace con gradualidad: alianzas con pymes. Hasta ahora, un grupo de pymes vende sus productos en tiendas en MLC, a lo que se le añadiría ofertar a hoteles y centros turísticos. Sí, en vez de importar carnes, refrescos, jugos, jamones, quesos, conservas, etcétera, compraran esos productos a las pymes y empresas que operan hoteles, ahorrarían divisas. 

En resumen: que las pymes suministren insumos y bienes al turismo a cambio de acceso, ventas y asignación en MLC. Para que esto ocurra es necesario, de alguna manera, legalizar, habilitar y mejorar cierto mercado de MLC para las pymes. A ese posible escenario le dediqué un texto anterior que se resume en que, poner a circular MLC sin respaldo en oferta, es alimento para la inflación.

2. Por otro lado, una de las medidas-deseos es tener un (¿otro?) mercado de divisas con otra tasa de cambio. Este mercado no es igual que el de MLC, sino uno de divisas de verdad: dólares, euros. Su principal función no sería vender (no hay con qué), sino comprar (divisas). El Gobierno responde a un hecho: las recargas de celulares dejaron de ser atractivas desde el exterior (Gil lo afirmó) y los turistas extranjeros cambian su dinero en efectivo en el mercado informal. El Gobierno deja de recaudar todo ese dinero de manera directa y una forma sencilla de captarlo es ofrecer una tasa atractiva para que los turistas cambien en las instituciones estatales.

Por último, para recaudar más: la expansión de ventas a consignación (una empresa que se encarga de vender las mercancías de otra, con la particularidad de que le paga luego de realizar la venta). En pocas palabras, lo más probable es que, lo anterior, signifique expandir el molde de Katapulk, Supermarket23 y MallHabana, ejemplos de ese tipo de esquema y que se ajustan muy bien al objetivo de recaudación expuesto por Gil.

De funcionar esa estrategia se reforzaría la recaudación directa. En cuanto a mejorar la exportación, parece un deseo demasiado imposible. Recuérdese que esos deseos llevan competitividad y eficiencia.

Otro grupo de medidas se concentra en autorizar que ciertos sectores ganen pequeñas cuotas de poder. Se trata de uno de los rasgos que ha tenido las reformas económicas en Cuba; rasgo que se traduce en permitir a personas muy selectas ciertos privilegios económicos que sedimentan alianzas de clase entre las élites y emprendedores, cuya palabra queda comprometida debido a sus intereses. No quiere decir que cada persona que disfrute de prosperidad económica sea un cómplice de la represión en Cuba o parte de una brigada de respuesta rápida, sino que no atacará de manera frontal al Gobierno y tratará de chocar lo menos posible con él, en tanto el Gobierno le permita existir. En esa dinámica, algunos grupos, no precisamente privilegiados, logran pasar por los pocos espacios de oportunidad y hacerse de algún negocio o emprendimiento.

Así, si ocurre, la discrecionalidad permitirá inversiones extranjeras en pymes —proceso por definirse y anunciarse—, pero que pasarán por la decisión de funcionarios estatales. Mientras, un pequeño grupo, los tradicionales «fenicios y mulas», tendrá un limitado aumento de su margen de importaciones no comerciales para, en definitiva, hacer importaciones comerciales (como parte del doble fondo que rige los pactos sociales en Cuba: todos fingimos).

¿Qué gana el Gobierno? Lo más importante: bajar la temperatura social…, un poquito de humo, un poquito de dinero para el «fenicio», algo más de pacotilla para comprar (que hoy no hay nada, casi de manera literal).

Si bien estas no son la totalidad de las 75 medidas, sí un resumen de su espíritu, aunque haya otras, como la ayuda a personas necesitadas de asistencia social o la reducción del sector presupuestado.

¿Para qué sirven los deseos?

El cartón de huevos cuesta hoy cerca de 1 200 CUP en el mercado informal (si alguien lo tiene más barato, que cuide a su fuente). Un kilogramo de leche en polvo amarilla, 1 200 también. Dos libras de aceite, 700 CUP. 

¿Qué tienen que ver esos precios con las 75 medidas-deseos? Pues nada. Si las pymes abastecen el sector hotelero, si les dan o venden MLC a cambio, si el Gobierno recauda las divisas al cash de los turistas, si las mulas traen mucha ropa y llantas de carro, si fulanito de Noruega invierte en una pyme en Cuba (aún cuando sabe que no le garantizarían el retorno de su dinero en euros), ¿eso haría que bajen los precios? ¿Cómo?

Tal vez con el noruego, pero tendría que ser que la pyme en la que invierta genere una oferta de leche en polvo, huevos o aceite que abarrote el mercado. No, eso es imposible, para eso hace falta un ejército de pymes.

La otra opción es que el Gobierno, si recauda suficientes divisas, cree oferta de leche en polvo, huevos (¿importados?) y aceite suficiente para reducir los precios. Esa historia la vivimos antes. Las empresas comercializadoras, estatales y militares, son monopolios sin democracia (política y económica), y como tal se portan; por eso, la única rebaja general de alimentos fue en 2016, y solo de algunos que tuvieron una reducción significativa en el mercado mundial. Fuera de eso, las tiendas pueden estar llenas de productos, que no bajan los precios. Otra evidencia de que el Gobierno no apuesta por mejorar el poder adquisitivo del salario es que ni siquiera ha priorizado las inversiones en asistencia social, tal y como se vio cuando empezaron a caer las exportaciones de servicios médicos y se notó más la depauperación de los hospitales y la falta de medicamentos. 

La ciudadanía cubana conoce las prioridades de inversión del Gobierno: hoteles. Si recauda mucha divisa, tendrá que pagar deudas… y si recauda demasiada…, no, eso no sucede. ¿La vez que el (mismo) Gobierno tuvo suficientes divisas, el poder adquisitivo del salario aumentó? En el breve período de bonanza a finales del mandato de Obama, el aumento de divisas no representó una mejoría de las condiciones de vida de las personas no vinculadas al turismo ni un aumento de la asistencia social ni en el salario estatal de manera significativa, sino que, tanto en 2015 y 2016, por ejemplo, aumentó la escasez de alimentos en el país. Tampoco lo hará ahora, no tiene por qué, nada lo obliga (al contrario, el Gobierno se hizo de nuevas leyes para protegerse en su servicio de los intereses del poder económico de la élite cubana).

Justo ese es el problema de los 75 deseos, que no harán, directa o indirectamente, que el salario de un maestro, un médico o una secretaria gane en poder adquisitivo. No porque no lo explicara el ministro, sino porque no existe un mecanismo interno en la economía que permita que ese sea el resultado. Dicho de otro modo: en medio de la crisis, las medidas no están pensadas para resolver la realidad de la ciudadanía, sino para «aflojar» un poco, solo un poco, y que un grupo cerrado tenga más divisas para seguir gobernando.

¿Podían hacer otra cosa?

Sí. Por ejemplo, justo lo que dijeron que no harían: abrir espacio a la importación comercial. El Gobierno puede desmontar el monopolio de comercio exterior y permitir que, de manera privada, se importen contenedores de comida, insumos, maquinarias, vehículos, granos para sembrar, ropa. Pero no lo hace porque no tiene dinero, y tampoco deja que quienes tienen capital lo hagan. Eso serviría para que muchos productores ganaran en eficiencia, a partir de la importación de lo que necesiten, a un menor costo del que lo venden las empresas estatales o los privados (cuando logran importar).

Por otro lado, urge una reforma institucional en el campo cubano, que quite trabas a los campesinos, de forma tal que se generen los incentivos para la producción agrícola, así como el acompañamiento financiero a este sector. Podían haberlo hecho, por solo mencionar algo.

Podrían, simplemente, quitar las trabas que impiden el desarrollo de la producción nacional. Pero no lo mencionaron, porque sabemos que el objetivo no era el aumento de la producción ni la importación para generar una oferta que elevara el poder adquisitivo.

Con las 75 medidas estamos ante otro momento en el que muchos cubanos esperan cambios sustanciales, pero el Gobierno, una vez más, decide posponerlos.

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Miguel Alejandro Hayes Martínez
Aprendiz de filósofo y economista político. Editor de La Trinchera y podcaster.
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El pueblo sabe que lo que resuelve es que se vayan del poder y el monopolio militar que tienen. Fuera!
Antonioreyd@

Harry

Los huevos a 200 pesos donde fue? Aquí en Guanajay no hay y si lo encuentras es a más de 500 pesos, 600 de hecho la última vez que compré. El problema como dices es que una vez más el gobierno prioriza medidas que le reporten aumentos de divisas a ellos de manera que puedan seguir tratando al pueblo como si le estuvieran dando limosnas. Por otro lado el enfoque en el turismo es cuando menos curiosamente tonto, teniendo en cuenta que, al pueblo no lo beneficia en realidad porque los ingresos se quedan en pocos bolsillos, no se produce nada en esa industria lo que implica que es una mera consumidora de recursos que a veces ni siquiera se logran convertir en dinero otra vez, y lo más importante de todo, es un sector que depende de la estabilidad y el nivel de vida de el resto del mundo, lo cual quedó en claro con el colapso mundial del sector, y en el futuro no parece que vaya a mejorar, con la esperada crisis económica mundial que se espera por los grandes capitales y empresarios.

AK

En Holguín el cartón de huevos cuesta 800$, :(( la unidad es a 25$
AK
Harry

Yosmani Cabrera

Cuba es el unico pais del mundo que no brinda subsidios a la agricultura, el gobierno quiere que todo se genere por esfuerzo propio de los productores cuando y esto encarece las producciones al tener que adquirir insumos, fertilizantes, semillas y otros en un mercado informal con altos precios, para colmo dictaron la ley de soberania alimentaria que no es mas que una treta del estado para quitarse la responsabilidad que tiene sobre agricultura y su desarrollo y produccion, el pueblo solo mejorara con otro sistema que no de prioridad a la politica por encima de todo
Yosmani Cabrera

Mercado Informal de
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