Hay una escena cliché que se repite en muchas películas de Hollywood sobre carreras de autos: la fiesta donde amigos —de uno u otro bando— se reúnen en una plaza abierta con carros de colores estridentes, motores únicos y bocinas de otra galaxia a beber cerveza, brindar por el éxito, recordar la hermandad en las buenas y en las malas, y besar los labios de esa mujer amada con la que tendrán un happy end.

En ese ambiente no faltan las competencias, las exposiciones de lo mejor de cada “juguete”, y la presencia de muchachas y muchachos jóvenes, sin autos, pero motivados por la curiosidad, la pasión hacia el mundo de las cuatro ruedas y los espectáculos.

En Cuba estas imágenes han dejado de ser imaginación pasiva ante la pantalla a una realidad pura y dura; o eso intentan algunos dueños de vehículos y propietarios de talleres privados de autos que, al menos una vez al año, juntan fuerzas para “crear espacios de socialización donde se fomente la competitividad sana, se exhiban carros que tenemos aquí y, sobre todo, donde la gente disfrute de un contexto que rompa la cotidianidad que en ocasiones nos marca”, según cuenta Alex López, propietario del Taller de Autos AAA —Auto Adornos Alex—, especializado en la instalación de audio, luces, empapelados y otros servicios.

Él es uno de los organizadores de estas iniciativas, desarrolladas en los años 2014, 2015 y 2016. “La idea surgió como fruto del deseo que tenemos de conformar áreas para intercambiar, en las cuales los autos sean protagonistas”. En los tres casos Los Jardines de La Tropical y la Marina Hemingway funcionaron como “sedes” de estas acciones, sui géneris dentro de las propuestas recreativas que están a disposición de quienes residen en el país.

Giros de 360 grados

 

Competencias de aceleración, originalidad y audio show son algunas de las propuestas organizadas por emprendedores vinculados al mundo del automovilismo, donde Alex tiene un rol central, pues es presidente del Car Audio Club, un grupo que reúne a varios negocios vinculados a autos y equipos de sonido.

Hasta allí llegan cientos de personas que, mientras hacen círculo alrededor de los carros más llamativos o más estridentes, filman con las cámaras de sus celulares cada detalle. Niños con expresiones de asombro; mujeres que transitan de un lado a otro, deteniéndose para observar cada vehículo; jóvenes que intercambian sobre lo que ven, sienten o quieren; grupos que beben y bailan; gente que se aleja para evitar la música demasiado alta; risas y adrenalina.

“No son pocos quienes creen que estas ferias favorecen o incitan el consumo de sustancias prohibidas o pudieran fomentar la prostitución, pero desde mi experiencia puedo decir que son visiones inexactas y estereotipadas. Hasta ahora todo lo hemos hecho en lugares públicos, estatales, los cuales tienen a su cargo la bebida y la gastronomía. Nosotros solo tratamos de animar, de realizar un espectáculo bien bonito”, recalca Alex, sentado en su taller, ubicado en el municipio habanero Cerro.

Con él coincide Pavel Rodríguez Vázquez, mecánico del taller La Federal: “Yo pienso que la organización de los eventos fue muy exitosa, y creo que se debieran realizar de forma más frecuente”.

Sin embargo, tener un papel protagónico en estas actividades es un lujo que disfrutan unos pocos. Lograr que un carro exhiba las condiciones técnicas y el equipamiento necesario para competir es costoso, si se tienen en cuenta, por ejemplo, los precios de los dispositivos de audio para automóviles en el mercado minorista.

Si bien ninguno de los entrevistados quiso declarar cifras reales de la instalación de luces y dispositivos de audio en un carro, las indagaciones realizadas para este texto demostraron que el costo para lograr que un vehículo reúna las condiciones necesarias de luminosidad y estridencia de espectáculos puede ser superior a los 5 mil CUC.

discotecas rodantes

Iniciativas sanas pero sin regulación

Los espectáculos de discotecas rodantes son calificados por Pavel Rodríguez como actividades donde reina la tranquilidad. “Para nada es un escenario peligroso, todo se organiza muy bien y no tienen por qué verse con malos ojos. A veces conciertos de música en La Piragua y La Tropical se tornan muy violentos y no están prohibidos. Creo que la clave para que todo se consolide es preparar áreas adecuadas, con lo que eso implica”.

Pavel, al igual que muchas otras personas, sueñan con la posibilidad de que en Cuba se organicen carreras de vehículos (legales). No obstante, de acuerdo con las entrevistas realizadas, otros afirman no estar interesados o no tener idea “de que cosas como estas se desarrollan en el país”.

“Yo no he escuchado nada sobre eventos extradeportivos que involucren a los carros, y aunque estoy al margen de ese mundo, sí creo que pudieran legalizarse las carreras de autos, aunque, claro está, con las condiciones óptimas, las cuales hoy no están creadas”, dice el informático Alexander Navarro.

El mundo oculto de las carreras de motos

Las iniciativas son organizadas a partir de los recursos, la voluntad y las gestiones de propietarios de negocios privados aficionados a este mundo, acompañados también por grupos como Excelencia del Motor. “Trabajamos en función de unir a los amigos del motor, para que cada cual exponga su trabajo y para que las personas, tengan carros o no, puedan degustar algo novedoso. Aparte, siempre usamos lugares diseñados para eso”, cuenta Alex López.

Y explica además: “inversión como tal no se requiere porque eso es al aire libre. Yo llevo mi carro, otros talleres el suyo, realmente lo que se hace es como una exposición; las condiciones reales de la fiesta están en el lugar. Nosotros solo damos nuestro espectáculo, llevando los carros, que es lo que tenemos para mostrar y lo que realmente vamos a mostrar”.

Quienes participan y organizan actividades de este tipo, sostienen lo positivo de las experiencias y manifiestan el deseo de repetirlas. No obstante, se desarrollan al margen de un marco legal que las respalde y controle.

Las regulaciones vigentes aún no contemplan con claridad escenarios competitivos y participativos que ocurran sin el “apadrinamiento” del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER).