Las recientes declaraciones del Coronel Rolando Alfonso Borges, responsable ideológico del Partido Comunista de Cuba (PCC), han puesto en jaque al periodismo alternativo en la isla. Su propuesta es imponer “normativas” en un contexto de descontrol sobre los nuevos medios, y el “desdoblamiento” de periodistas cubanos en la prensa extranjera.

En un país de contextos difíciles, donde la libertad de expresión es limitada y el control sobre la prensa deviene en aburridos espacios de propaganda triunfalista sobre intereses de Estado, para algunos el poder de las palabras ha comenzado a ser doloroso. Aun así, a pesar de los esfuerzos ha resultado imposible taponar el aluvión de agujeros informativos que muestran una Cuba diferente cada día.

Este golpe, percibido como una estrategia para desarticular la cada vez más amplia red de periodistas cubanos que se “desdoblan” en colaboraciones con medios extranjeros, llega tras una ola de críticas a los más altos niveles del gremio periodístico en Cuba. El punto de mira son los jóvenes, que además de encontrar en estos medios una alternativa profesional mucho más abierta, reciben una tentativa y merecida compensación económica por el trabajo realizado, algo que los más escépticos no ven con buenos ojos.

Y es que resulta contradictorio que en un contexto de apertura como el de estos tiempos, donde medios alternativos, blogosfera y redes sociales confluyen en la construcción de un país diferente, aún persistan ideas de sobre control y normativas de censura en espacios externos donde ciertas jurisdicciones no son suficiente. 

Pero han sido los contextos los que han guiado por sí solos el cauce de esta nueva corriente. Años atrás, antes de la web 2.0, era prácticamente imposible irrumpir en el entorno comunicativo nacional, lo que impedía prácticamente tener una voz diferente. Entonces la opción era pertenecer a un medio de comunicación oficial, cuyos contenidos han estado estrictamente controlados por el PCC durante más de 5 décadas, al punto de convertirse según reza un refrán popular, en “boletines informativos del propio Partido”, pasando por alto 3 principios fundamentales del periodismo contemporáneo; la rapidez, la objetividad y la identificación de la verdadera noticia.

Si a eso le sumamos la falta de confianza en el discurso de los jóvenes periodistas, los pésimos salarios, y la necesidad profesional de expresar una Cuba más aterrizada a lo que realmente se parece este país, podremos encontrar respuesta a por qué las nuevas generaciones de comunicadores se  orientan hacia otras direcciones. Lo sabio sería entonces encontrarle solución a esos problemas, y no declarar una batalla de antemano perdida.

Obsesión con “el enemigo”

Para los más retrógrados de la Revolución “el enemigo” está en todas partes, e incluso puede que así sea. Sin embargo, la opción no puede ser dar la espalda ante situaciones complejas ni mucho menos dejar espacios vacíos, porque eventualmente no faltará quien los ocupe.

En ese sentido, no veo por qué temerle a colaborar con un medio extranjero y ser portavoz de Cuba en la manipulada Europa o en Estados Unidos, donde se pueden contar con los dedos de una mano los medios que hacen un periodismo objetivo sobre la realidad de nuestro país.

El Toque, que algunos entienden como molesto por ser objetivo y profundo, jamás ha mentido o manipulado en ninguna de sus publicaciones. Tampoco lo han hecho OnCuba, Progreso Semanal o Cuba Contemporánea, por solo mencionar los más mediáticos. Lo irónico es que el punto de ataque ha estado siempre dirigido precisamente a los contenidos, es decir, a lo que debería publicar el periódico Granma cada día y que todos sabemos por qué no lo hace.

Sobre este tema es preciso dejar claro una cuestión sencilla: si en las bien conocidas plataformas contrarrevolucionarias se les paga a los colaboradores por errar y manipular contenidos, o sencillamente por priorizar una agenda agresiva y tendenciosa contra los logros de la Revolución Cubana, en ninguno de los medios antes mencionados se ha puesto en práctica esta lógica de concepto, sino todo lo contrario. Solo ponerlo en duda es una falta grave a la ética de sus excelentes periodistas.

Deberían entonces, lejos de preocuparse, sentirse orgullosos por quienes prestigian día a día estas plataformas, ya que es muy fácil encontrar textos de algunos de los mejores periodistas y editores del país, premios nacionales de literatura, ex altos funcionarios políticos cubanos, artistas e intelectuales de primer nivel, entre muchos otros orgullos de nuestra Patria.

Todo pareciera indicar que tantos criterios no pueden estar equivocados, lo que nos lleva en encrucijada a una sencilla pregunta: ¿quién es entonces el enemigo en este juego?

No quedan dudas que si hasta hoy el buen periodismo ha sido diana de las más intolerantes críticas, la meta diaria deberá ser el desdoblarse en alcanzar un periodismo incuestionable, de élite. Solo así, y aunque duelan las palabras, en esta dura y desventajosa batalla prevalecerá la razón sobre la soberbia.