Aquel 25 de mayo de 2011 le cambió la vida a Yadira: una amiga le dio de regalo a su hija un husky siberiano por su cumpleaños número 13. En un inicio, su marido se opuso por las carencias económicas existentes, pero luego de las incesantes súplicas de la niña y la ternura con que el cachorrito se acurrucó a sus pies, no pudo resistirse.

“Cuando Rocky llegó a nuestra familia, vivíamos en Centro Habana en una casa muy pequeña, de solo un baño, una cocina y un cuartico que se filtraba cuando llovía y donde apenas cabía mi cama y el canapé de mi hija.

“En ese entonces, desconocía totalmente las implicaciones de cuidar un perro de esa raza. Una amiga veterinaria, que no me cobraba las costosas vacunas para desparasitarlo, me explicó que debía bañarlo lo menos posible y cepillarlo frecuentemente. En cuanto al alimento, debía darle tres comidas al día hasta los tres meses de edad, y a partir de ese periodo, solo dos”, me cuenta Yadira con una voz y ademanes que delatan su conocimiento sobre el tema.

A pesar de las dificultades económicas, la comida para Rocky nunca escaseó porque ella trabajaba en un comedor obrero. Con una sonrisa entre dientes, confiesa que se llevaba carne para el perro. Su husky siempre ha comido lo mismo que ellos, lo han malcriado a tal punto, que de haber un solo bistec, sin dudas, sería para él, dice Yadira.

Hoy tiene en total tres perros: Rocky y dos de sus crías, Luna y Hanna. Gracias a ellos ha logrado remodelar y llenar de lujos su casa, mediante la venta de sus crías.

“Todavía recuerdo el primer cachorrito que vendimos. Era muy tierno y teníamos en mente criarlo, por ser el primogénito. Sin embargo, un día un hombre, enviado por la dueña de la perra con que apareamos a Rocky, tocó a la puerta y nos ofreció dinero por el animalito.

“La verdad, no queríamos venderlo, porque no sabíamos el cuidado que le daría. Pero cuando el hombre sacó de su billetera 120 cuc… para qué contarte: fui a la cocina y hablé con mi esposo. Se avecinaba el cumpleaños 15 de la niña y necesitábamos dinero para pagar el costoso álbum de fotos y hacerle una fiestecita. Coincidimos en venderlo, caso cerrado”.

La venta del primer can significó para Yadira más que una respuesta inmediata ante una situación de crisis: “No te voy a mentir: cuando analicé lo que pude resolver con la venta de un cachorro, vi la posibilidad real de hacer un negocio legal, sin tener que robarle a nadie ni meterme en problemas. De la camada siguiente, escogí dos hembras (Luna y Hanna) para reproducirlas y vender los cachorros”.

Perros cubanos

Husky siberiano. Foto del autor

El negocio de apareamiento de Huskies tiene un mecanismo bien organizado: si el dueño del perro no quiere obtener crías, cobra entre 100 y 200 cuc por la monta, cifra que se tasa según la vistosidad y la fama del perro, y si tiene o no pedigrí. Si el dueño quiere quedarse con algún cachorro, le corresponden dos de la camada y puede elegir de primero cuando la perra pare más de cinco.

Este proceso tiene una regla muy particular: se puede reproducir el padre con las hijas pero no la madre con los hijos. Gracias a eso, Yadira no tuvo que dar cachorros a nadie, porque con Rocky, Luna y Hanna, el negocio quedó completamente en familia.

“Llegado el segundo ciclo menstrual de ambas perras, que es el tiempo que se debe esperar para aparearlas, decidimos reproducirlas. En el primer parto, Luna dio cuatro cachorritos y Hanna seis. Transcurridos 45 días, obtuvimos 1100 cuc por los diez.

“Con ese dinero, comenzamos a ampliar la casa: construimos arriba de la placa un cuarto para la niña. Luego, con las siguientes camadas, transformamos de a poco la casa hasta tener esto que ves hoy: un pequeño palacete que hasta tiene un cuarto climatizado solo para los perros”, explica Yadira mientras me pasea por su hogar.

Ya la familia tiene un negocio establecido y compradores fijos: “Mi cliente principal es un amigo que vive en Suiza y viaja a Cuba regularmente, quien me compra cada perro en 200 o 250 cuc según ‘la marea’, y los vende luego en ese país a 5000 francos y en Estados Unidos a 1500 dólares. Como el papeleo para sacar los cachorros es complicado, él le paga a la gente para que se los lleve”.

Gracias a que en Cuba no existen leyes de protección a los animales, más allá de los que están en peligro de extinción, negocio como este se han establecido en el país, puesto que la venta de perros no es legal, pero tampoco ilegal.

Además de la venta auto-gestionada, existen sitios web como Revolico y Porlalivre, en los cuales se insertan anuncios de compraventa de perros de raza, con precios y fotos del animal.

“En honor a la verdad, la idea de vender perros no me gusta, pero mis necesidades son mayores. No creo que sea penalizado venderlos y, francamente, desconozco ley alguna que lo impida, porque quien cría el animal soy yo y nadie me da siquiera un medio para mantenerlo… ¡y mira que las medicinasson caras! Como no me han llamado la atención y el Estado cubano no dice nada, yo sigo pa’lante con mi negocio”, sentencia Yadira con absoluta convicción.

Perro cubano

Husky siberiano. Foto del autor