El país sin nietos. ¿Regresarían los niños a una Cuba libre?

17 de agosto de 2026 a las 06:30 a. m.

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Foto: Melissa.

Foto: Melissa.

Cómo he llorado viendo el documental Hijos de la diáspora. Me ha reventado escuchar a la hija de Enrique del Risco decir que a ella le duele no sentirse más cubana, que le duele cuando se le olvida una palabra en español. Me ha reventado el llanto de quienes salieron muy pequeños de la isla, como mi hijo que se fue con 4 años, y me revolvió la añoranza por Cuba de quienes nacieron en el exilio. Todo el tiempo pensaba, por supuesto, en mí y en mis amigos, desperdigados por el mundo como estamos y como han estado otros amigos desde 1959. La estampida, diría Reina María Rodríguez. 

Néstor, mi hijo, ya no recuerda muchas cosas de su vida en Cienfuegos —ciudad a la que no ha vuelto desde 2019 porque su madre no puede entrar a Cuba—; pero siempre le ha costado, como si fuese un dolor en la esquina del alma, cantar el himno y saludar la bandera mexicana. Lo regaño por eso. Aunque entiendo que es su forma (¿infantil?) de expresar fidelidad a su raíz, de la que fue arrancado; además de repetir de vez en cuando «asere, que bolá» y comprar cuanta gorra encuentre con una bandera de la isla y llevarse de las librerías comics de Elpidio Valdés y recitar los versos sencillos de José Martí que le repito algunas noches sí y otras también. 

Después de ocho años fuera, su acento no es para nada «cubano», es tan tapatío como el pozole; pero tampoco hay quien pueda decirle que eso es verdad.

Néstor recuerda —además de su familia— poquito del apartamento de Pueblo Griffo en el que vivió, el otro día me sorprendió saber que no se acordaba de que teníamos un pequeño patio en el que había dos tanques y una ventana que daba a otro edificio igual. También recuerda poquito de la casa de sus abuelos en Playa Alegre y la de tíos y tías, en Cienfuegos y Santa Clara. Se acuerda del malecón y de un servicentro; del parque donde está la catedral y el teatro porque resbalaba por el mármol de una glorieta. Se acuerda de algunos viajes familiares a la playa y de algunos amigos del círculo infantil: sobre todo de una nena de ojos verdes —que ya no está en Cuba— imposible de olvidar con la que jugó y bailó como si no importase nada más. Y así era. Luego, todo empieza a ser muy confuso, poco nítido, como lo es el olvido. 

Cuba se ha convertido en un país sin nietos. De las tantas cosas que nos ha despojado y se ha despojado a sí mismo y al país el régimen revolucionario está la descendencia. Hoy, los nietos cubanos nacen en Alemania, Chile, Estados Unidos, España, Serbia, Kazajistán, Ucrania, Ecuador, Perú, Polonia, Turquía, Emiratos Árabes, China, Canadá… y cada vez menos en la isla. Eso no podrá corregirse con facilidad y será difícil perdonarlo.

Mis amigos tienen hijos canadienses, mexicanos, españoles… o hijos que nacieron en Cuba pero que ahora solo se sienten cómodos cuando hablan en inglés y en francés. A algunos no los conozco en persona aún y crecen lejos de la cercanía y el afecto que nos tenemos sus padres. Eso también es un castigo. Otros, hablan con Néstor por videollamada para sentir que de verdad juegan uno al lado del otro. Uno, le dijo a su mamá que ojalá Néstor pudiera visitar su casa «hoy», y su mamá y yo nos desbaratamos de tristeza y de genio a la vez. 

Hay un despojo nacional. Un desprecio al que nos han lanzado. Nos empujaron a construir la nación fuera, a que nuestros hijos aprendieran desde el dolor qué es la patria y qué es la añoranza por la patria, por una esquina, por una baile, por cierto libro. Esa pena es como un martillazo, pero leve y constante, sobre la sien, a toda hora.

gorras, cuba

Gorras de mi hijo / Foto: Melissa.

Me he preguntado muchas veces si esos nietos querrían volver y vivir en una Cuba sin comunismo. Cuando se caiga aquello. Si será posible y justa una emigración a la inversa. Si ellos sienten esa posibilidad más como una fantasía que como una realidad. Si además del lugar donde nacieron, aquel país puede ser un hogar deseado al que se vuelve, como si fuese Ítaca. O si, por el contrario, no hay posibilidad alguna de retorno cuando la vida ya está en otro lado.

Entonces, le pregunté a mi hijo y a los hijos de mis amigos que si regresarían a vivir en una Cuba libre o no y por qué. Las respuestas son tan diversas como lo son ellos y como lo es el ser humano. Varían un tanto según las edades y se les nota a algunos un leve temor y desconfianza por regresar de manera definitiva; otros tienen pendiente, al menos, la oportunidad de habitar por un rato la patria que le robaron. Un papá me contó que su nene pequeño amenaza al hermano mayor con que lo van a devolver para Cuba si se porta mal. 

Estoy consciente de que puede ser una decisión que los rebase por completo, incluso si sus deseos se alinean con la idea de sus padres, pero hay sabiduría y agencia en sus respuestas que sería ingenuo no mirar y pensar desde allí. Sus palabras narran las desgracias y las heridas de la isla. También estoy consciente de que mucho de lo que dicen está moldeado por las circunstancias, la experiencia, el entorno y la estructura social en las que están creciendo. Son, quizá, niños que sienten y piensan en términos y escenas que no concuerdan con su edad.

Son niños que temen una detención de ICE en una Corte de Florida o una deportación; que aprenden a decir que en Cuba hay una dictadura con 6 años; que saben que sus padres tienen prohibido poner un pie en la isla porque irían directo a la cárcel; que entienden que viven en una ciudad donde el invierno dura más de seis meses porque su familia tuvo que huir de la represión del régimen de La Habana o porque no podían darle de comer con decencia o porque no querían que crecieran en escuelas donde los obligan a repetir: «Pioneros por el comunismo, seremos como el Che».

Son niños que hicieron una travesía terrestre desde Nicaragua y que atravesaron fronteras de manera irregular en autobuses repletos de migrantes. Son niños que cruzaron el Río Bravo de madrugada y después se entregaron a guardias fronterizos que hablaban sin que ellos pudieran entender. Son niños en cuyas casas cuelgan banderas cubanas y se discute y se sufre constantemente por Cuba, se maldice a Fidel Castro y a Díaz-Canel y se canta —bien alto— «Nuestro día (Ya viene llegando)» en las fiestas familiares después de comer platos típicos cubanos. Son niños que aman la nación desde un lugar diferente y son niños a quienes los atraviesan, sin dudas, la separación, las despedidas y la precariedad de quienes quedaron detrás. Los atraviesa un fantasma que pelea contra ellos mismos y contra la línea que separa lo onírico de la verdad.

Estoy consciente, además, de que estos niños con los que conversé —gracias a sus padres— viven más inmersos en el dolor de Cuba, lo cual no quiere decir que con todos suceda así. Hay también muchos niños, niñas y adolescentes —así como muchos cubanos— que en todo su derecho no quieren saber demasiado sobre lo que sucede en la isla: sus vidas están tan lejos del pasado como lo está el futuro. 

Algunos libros (cubanos) de mi hijo / Foto: Melissa.

Desde la sociología de la infancia —y desde los autores referentes Allison James, Alan Prout y Roger Hart—, se desmontó hace tiempo la noción de que los niños son «proyectos de adulto» sin criterio autónomo. La investigación empírica reconoce a niñas, niños y adolescentes como agentes sociales activos con capacidad analítica para interpretar, dar sentido y participar en los procesos complejos que los rodean. Preguntarles si volverían a la isla, por lo tanto, no es solo curiosidad, es validar su derecho a opinar sobre su vida y sobre el país que también les pertenece.

Respuestas

N, 12 años, México

Yo creo que no. Viví los cuatro primeros años de mi vida en Cuba e hice buenas amistades, pero el problema es que la mayoría de mi vida ya se ha desarrollado en México. La mayoría de mis amigos están aquí en México. Aquí está mucho más avanzado, hay Internet, por ejemplo. 

Si el día de mañana Cuba se libera no tendría las cosas así rápido, como otros países. Además: ¿qué tipo de presidente tendrían?, porque quizá se libera y cae una persona buena, pero ¿qué pasa si a esa persona le sucede lo mismo que a todos los que han estado en el poder, que se quedan diez, 20, 30 y una pila de años en el poder? ¿Y la luz? ¿Se va a seguir yendo? Por otro lado: ¿estarán las personas que conocí allí?

Me gusta Cuba, claro, nunca voy a dejar de ser cubano. Podría ir de visita, pero ir a vivir, creo que no. Me gustaría que Cuba fuera libre y que tenga una democracia justa y limpia, que la gente pueda votar y se cambie de presidente cada cierto tiempo; ahora no es libre porque las personas que están en el poder son corruptas.

C, 12 años, México

Yo no regresaría a Cuba porque aquí ya tengo una nueva vida formada, entonces para qué regresar a algo que ya fue. Es mejor continuar con lo que tengo. Y a pesar de que yo nunca pasé necesidades en Cuba, prefiero seguir aquí formando nuevas oportunidades. 

J, 12 años, Estados Unidos

No regresaría, porque Cuba no puede tener un cambio tan radical de repente y, además, el presidente no va a soltar nunca el poder, nunca va a dejar de ser un país comunista. Y estoy en Estados Unidos y este puede ser un mejor lugar que Cuba.

L, 16, Estados Unidos

Yo diría que sí. Lo mío es que me aseguraran que habrá un cambio. Obvio se va a demorar, pero si me aseguran que dentro cinco años el cambio va a surtir efecto y todo va a estar a flote, volvería porque todavía tengo gente allá, a mis amistades, allí nací, le tengo cariño al lugar en el que estuve viviendo, dando mis primeros pasos y porque tengo muchos recuerdos allá que quisiera volver a vivir y estar todo el tiempo allá.

B, 10 años, Estados Unidos

Yo no quisiera regresar a vivir, pero sí quisiera que mi isla, mi país, fuera libre, que ya no hubiera más dictadura. No me fuera a vivir para allá porque aquí tengo a todas mis primas, yo tengo mi vida aquí, estoy estable, solo me falta familia que tengo en Cuba. Sí fuera de vacaciones, una vez al mes, algo así.

Yo quisiera que Cuba fuera como Estados Unidos, que tuvieran posibilidades, que yo viera a mi familia sonreír: «mira estoy aquí en un restaurante, mira estoy aquí en el Walmart que vine a comprar comida».

J. C, 14 años, México

Yo no quisiera estar allí. Me gusta más México porque es divertido y tiene buena comida, me gusta más andar en México también porque puedo tener cosas que no podía en Cuba, como consolas, televisión con canales. Pero sí quiero que no haya comunismo allá y que los niños tuvieran oportunidades: buenas escuelas y diversión ilimitada.

Ventana del cuarto de mi hijo / Foto: Melissa.

A, 11 años, España

Yo al menos estaría un mes, un año, más o menos, si mejorara algo. Si eso mejora de verdad, porque ahora está muy malo, todo está muy caro, pero me alegraría un montón que volviera a su normalidad, que se pudiera vivir mejor, que uno pudiera estar tranquilo viviendo su vida, disfrutar cómo es la Cuba bella. 

Y, 11 años, México

Yo tal vez pueda ir a Cuba de vez en cuando de visita si la condición mejora, pero la condición va a mejorar cuando las ratas se coman a los gatos.

S, 12 años, Estados Unidos

Si Cuba fuese liberada hoy, yo no fuera ni aunque pudiera. 

Ahora que he estado en otros países, siento que Cuba es como un mundo totalmente distinto. Aquí, cosas que consideramos necesidades básicas son, en la isla, algo que cuesta muchísimo conseguir día a día. Otro problema que tiene Cuba es que si se liberara hoy, los recursos tardarían mucho tiempo en llegar porque no tiene países vecinos que puedan ayudar. Entonces, la ayuda tardaría bastante en llegar. Y además costaría mucho dinero llevar esa ayuda hasta allá. Cuba no se va a recuperar en un día. Eso toma tiempo, podría tardar décadas y quizá nunca se recupere totalmente.

Entonces, si yo me fuera, lo que yo obtendría es seguridad política, para poder decir lo que pienso sobre las cosas, pero muchos de los problemas que existen todavía van a seguir ahí, como la falta de electricidad, la mala Internet, y la dificultad para encontrar comida porque es muy cara. 

Mi última razón por la que no quiero ir a Cuba es porque tendrías que perder muchas cosas que aquí son básicas. Y por eso, si la dictadura cubana fuera derrocada hoy, todavía no creo que iría. 

R, 10 años, España

Sí, pero técnicamente yo lo consideraría más una opción como de vacaciones porque ahí tengo mis raíces, parte de mi familia. Sí volvería, pero solo de vacaciones y cuando esté triste y necesite volver, no sé, para reencontrar mis raíces.

Llegué a España con 5 años y ahora tengo 10, ya llevo más de un lustro aquí; pero me siento cubano hasta la muerte. El hecho de ser un cubano me enorgullece hasta el alma.

A mí me gustaría ver una Cuba limpia, todavía con sus calles típicas que parece que se van a derrumbar, pero son lindísimas para mí en lo personal. Y me gustaría ver una Cuba rural, con casitas en el campo guajiro y mucha vegetación y muchos animales.

A, 15 años, Estados Unidos

Si Cuba fuese libre no creo que regresaría porque el 90 % de mi familia está aquí, si la isla fuera libre entonces sería más fácil traer a mi familia para acá porque Estados Unidos es un país lleno de oportunidades. Iría a visitar, pero definitivamente no viviría en Cuba. 

V, 13 años, Estados Unidos

No estoy cien por ciento segura de que regresaría a Cuba incluso si fuera libre. Me encantaría visitarla más seguido y pasar tiempo con mi familia, especialmente con mis abuelos paternos que todavía viven allá, y también algunos de mis amigos. Espero que algún día Cuba pueda ser libre para que todos los cubanos puedan tener una mejor vida y más oportunidades. 

Salí de Cuba cuando tenía 8 años y ahora tengo 13. Aunque he vivido en Estados Unidos por varios años, todavía recuerdo algunas cosas de cuando vivía en Cuba. Recuerdo pasar tiempo con mi familia, mi escuela, mis amigos, e ir a diferentes lugares. Cuba es el lugar donde nací, así que siempre será parte de mí. Ahora tengo mi escuela, mis amigos y mi vida aquí en Estados Unidos. Estoy acostumbrada a vivir aquí, así que regresar a Cuba sería un gran cambio para mí. Tal vez cuando sea mayor me sienta diferente, pero por ahora prefiero quedarme aquí y visitar Cuba cuando pueda. De esa manera puedo ver a mi familia sin dejar la vida que ya he construido aquí.

L, 18 años, Estados Unidos

Regresaría a Cuba si se convirtiera en una democracia sostenible porque cuando yo era chiquita yo me tuve que ir del país con mi familia por culpa del Gobierno y por eso yo no pude vivir la cultura cubana ni la vida cubana y yo no sé cómo es culturalmente. Creo que todavía tengo como un hueco en el alma o en el corazón porque yo no entiendo al cien por ciento de dónde vengo. 

Y yo creo que sí regresaría, al menos por un tiempo, para poder conocer mi patria y para poder recuperar lo que perdí por culpa del Gobierno.


ELTOQUE ES UN ESPACIO DE CREACIÓN ABIERTO A DIFERENTES PUNTOS DE VISTA. ESTE MATERIAL RESPONDE A LA OPINIÓN DE SU AUTOR, LA CUAL NO NECESARIAMENTE REFLEJA LA POSTURA EDITORIAL DEL MEDIO.  
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