Hace 31 años, el 5 de agosto de 1994, el malecón de La Habana fue escenario de una protesta inédita bajo el régimen de Fidel Castro: el Maleconazo. Hoy, el discurso oficial insiste en que el estallido fue instigado desde el exterior, minimizando sus causas reales: el malestar social acumulado y la falta de libertades. Sin embargo, testimonios, imágenes y reportes internacionales confirman que fue una reacción genuina del pueblo.
Por regla general, las aficiones y los delirios de grandeza de los vástagos de los dictadores hay que cogerlos con pinzas. Sus modos de vida suelen leerse como síntomas de decadencia. En el caso de Sandro Castro ―el «vampirach» que se autopercibe intocable―, la validación va de la mano de la banalización.
Fidel Castro justificó el asalto armado al cuartel Moncada en julio de 1953 con un programa que, según dijo, cambiaría el país para bien. ¿El régimen que instauró solucionó los problemas económicos y «males sociales» que criticó?
Las muertes de Diubis Laurencio y de Arnaldo Ochoa están unidas por la cercanía de sus aniversarios y porque ambas son el resultado de la violencia de un Gobierno que aplica fórmulas de justicia a través de mecanismos judiciales y extrajudiciales.
Fidel Castro siempre fue especialmente sensible con el tema. No solo decía haber combatido el culto a la personalidad, sino que afirmaba —con su modestia característica— haber marcado nuevas pautas universales al respecto.
Tanto el discurso de odio como la desinformación son formas de manipulación y propaganda que pueden tener graves consecuencias sociales y políticas.
El Gobierno cubano busca mostrarse ante el mundo como auspiciador de la paz, pero durante décadas esta no fue su doctrina.
En la Cuba de hoy urge hablar sobre iniciativas ciudadanas y políticas sustentadas en la inclusión, la participación, la educación cívica y ética en todos los niveles de la enseñanza; sobre la reparación histórica y la reconciliación.
“El fin de la era Castro en Cuba”, es la forma en que titulares del mundo entero interpretan la cesión de Raúl Castro como primer secretario del Partido Comunista: por primera vez en más de 60 años nadie con este apellido ocupa ningún alto cargo de poder en la isla.
Aunque nada que valga la pena es eterno ni infinito, Fidel construyó un orden que no le podía sobrevivir, porque ese orden era él mismo.
Los cubanos han creado bromas y fotomontajes sobre la elección de Miguel Díaz -Canel como una nueva forma de expresión horizontal y ciudadana que se sobrepone a la escasa espontaneidad en los espacios formales de opinión en el país.
Nuestro gobierno insiste en llamarse revolucionario, pero hace tiempo —yo diría décadas— que ese nombre le queda demasiado grande.
Valdría meditar si el camino que ha de llevar a nuestro país al socialismo está más empotrado de ganas de erradicar la riqueza y no la pobreza. Para que el socialismo no sea de la boca para fuera.
El 11 de junio de 1962, El Cano fue declarado el primer pueblo socialista de Cuba. ¿Qué ha sido de ese lugar más de 50 años después?
No es raro encontrar en la sala del hogar más humilde del barrio una foto de Fidel o de Raúl
el TOQUE Cuba se fue a Santiago durante los días de la despedida a Fidel Castro y trató de escuchar, bien pegados a la tierra, los variados pensamientos y actitudes que aparecieron allí.
Varias generaciones de cubanos se debaten silenciosamente, en sordina, en cómo seguir el legado de Fidel Castro
Hay quien se aleja de las emociones y dice examinar con tranquilidad lo positivo y negativo del legado del “Comandante en Jefe”, que es donde muchas veces está la verdad.
Mi abuela no recuerda hoy a Fidel guerrillero, político, abogado, o luchador incansable. Solo recuerda y llora a la persona que ayudó a su familia
“La verdadera revolución son los escalones que subimos, no los gritos que pegamos”, nos dice en exclusiva el expresidente uruguayo Pepe Mujica, de visita en La Habana para despedirse de Fidel Castro.
Siempre imaginé la muerte de Fidel Castro como una debacle, como un instante insuperable para la mayoría de los cubanos
Yo, que de chico fui instruido en cuestiones de machangos, tuve mi primera novia aun llevando pañoleta. Fue la nieta de Fidel
Hoy fue el día del verdadero adiós: el pueblo de la capital cubana se encontró con las cenizas del líder de la Revolución cubana.
Me vinieron unas ganas enormes de llorar, pero no lo hice. Sentí un vacío, un vacío insondable
Con la caravana que lleva sus restos hacia Santiago de Cuba se ha hecho tangible para los cubanos una partida que hasta ese momento se limitaba a fotos y noticias. Miles de personas le dan el último adiós a su líder.

Fidel Castro

Ni «fuerzas oscuras» ni «Fidel y el pueblo en un haz»: así desinforma sobre el Maleconazo el oficialismo
Hace 31 años, el 5 de agosto de 1994, el malecón de La Habana fue escenario de una protesta inédita bajo el régimen de Fidel Castro: el Maleconazo. Hoy, el discurso oficial insiste en que el estallido fue instigado desde el exterior, minimizando sus causas reales: el malestar social acumulado y la falta de libertades. Sin embargo, testimonios, imágenes y reportes internacionales confirman que fue una reacción genuina del pueblo.
Por regla general, las aficiones y los delirios de grandeza de los vástagos de los dictadores hay que cogerlos con pinzas. Sus modos de vida suelen leerse como síntomas de decadencia. En el caso de Sandro Castro ―el «vampirach» que se autopercibe intocable―, la validación va de la mano de la banalización.
Fidel Castro siempre fue especialmente sensible con el tema. No solo decía haber combatido el culto a la personalidad, sino que afirmaba —con su modestia característica— haber marcado nuevas pautas universales al respecto.
En la Cuba de hoy urge hablar sobre iniciativas ciudadanas y políticas sustentadas en la inclusión, la participación, la educación cívica y ética en todos los niveles de la enseñanza; sobre la reparación histórica y la reconciliación.
Los cubanos han creado bromas y fotomontajes sobre la elección de Miguel Díaz -Canel como una nueva forma de expresión horizontal y ciudadana que se sobrepone a la escasa espontaneidad en los espacios formales de opinión en el país.
El 11 de junio de 1962, El Cano fue declarado el primer pueblo socialista de Cuba. ¿Qué ha sido de ese lugar más de 50 años después?
Varias generaciones de cubanos se debaten silenciosamente, en sordina, en cómo seguir el legado de Fidel Castro
“La verdadera revolución son los escalones que subimos, no los gritos que pegamos”, nos dice en exclusiva el expresidente uruguayo Pepe Mujica, de visita en La Habana para despedirse de Fidel Castro.
Hoy fue el día del verdadero adiós: el pueblo de la capital cubana se encontró con las cenizas del líder de la Revolución cubana.
Fidel Castro justificó el asalto armado al cuartel Moncada en julio de 1953 con un programa que, según dijo, cambiaría el país para bien. ¿El régimen que instauró solucionó los problemas económicos y «males sociales» que criticó?
Tanto el discurso de odio como la desinformación son formas de manipulación y propaganda que pueden tener graves consecuencias sociales y políticas.
“El fin de la era Castro en Cuba”, es la forma en que titulares del mundo entero interpretan la cesión de Raúl Castro como primer secretario del Partido Comunista: por primera vez en más de 60 años nadie con este apellido ocupa ningún alto cargo de poder en la isla.
Nuestro gobierno insiste en llamarse revolucionario, pero hace tiempo —yo diría décadas— que ese nombre le queda demasiado grande.
No es raro encontrar en la sala del hogar más humilde del barrio una foto de Fidel o de Raúl
Hay quien se aleja de las emociones y dice examinar con tranquilidad lo positivo y negativo del legado del “Comandante en Jefe”, que es donde muchas veces está la verdad.
Siempre imaginé la muerte de Fidel Castro como una debacle, como un instante insuperable para la mayoría de los cubanos
Me vinieron unas ganas enormes de llorar, pero no lo hice. Sentí un vacío, un vacío insondable
Las muertes de Diubis Laurencio y de Arnaldo Ochoa están unidas por la cercanía de sus aniversarios y porque ambas son el resultado de la violencia de un Gobierno que aplica fórmulas de justicia a través de mecanismos judiciales y extrajudiciales.
El Gobierno cubano busca mostrarse ante el mundo como auspiciador de la paz, pero durante décadas esta no fue su doctrina.
Aunque nada que valga la pena es eterno ni infinito, Fidel construyó un orden que no le podía sobrevivir, porque ese orden era él mismo.
Valdría meditar si el camino que ha de llevar a nuestro país al socialismo está más empotrado de ganas de erradicar la riqueza y no la pobreza. Para que el socialismo no sea de la boca para fuera.
el TOQUE Cuba se fue a Santiago durante los días de la despedida a Fidel Castro y trató de escuchar, bien pegados a la tierra, los variados pensamientos y actitudes que aparecieron allí.
Mi abuela no recuerda hoy a Fidel guerrillero, político, abogado, o luchador incansable. Solo recuerda y llora a la persona que ayudó a su familia
Yo, que de chico fui instruido en cuestiones de machangos, tuve mi primera novia aun llevando pañoleta. Fue la nieta de Fidel
Con la caravana que lleva sus restos hacia Santiago de Cuba se ha hecho tangible para los cubanos una partida que hasta ese momento se limitaba a fotos y noticias. Miles de personas le dan el último adiós a su líder.