Dos días después de la última caída del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), el 3 de agosto de 2026, la responsable del refugio de animales Jardín de Mascotas en el sur de La Habana volvió a pedir ayuda para sostener el trabajo que allí realizan. Es una solicitud frecuente porque lidia con las circunstancias de la crisis reciente de la isla: los apagones, el acceso al agua y la dificultad para extraer del banco el dinero de las donaciones. Su refugio no es el único.
Elizabeth Meade Esperón, integrante del colectivo Adopciones por Amor (AxA) y responsable de su principal refugio, Lizzy’s Pet Rescue, asegura que el panorama se agravó especialmente a partir de 2025. Los prolongados apagones alteraron por completo la rutina del refugio y encarecieron el cuidado de los animales.
«Los cortes de electricidad impedían cocinar a tiempo las dos comidas diarias que les dábamos. Tuvimos que sustituir una de ellas por pienso, que resulta mucho más caro y dura menos. Además, la comida cocinada se echaba a perder porque era imposible conservarla durante tantas horas sin corriente», explica Meade.
La crisis energética también obligó al colectivo a modificar la forma de comprar alimentos. Antes adquirían cajas de picadillo, pollo o pescado, una alternativa más económica. Ahora deben hacer compras pequeñas y frecuentes, lo que incrementa considerablemente los costos.
Pero la alimentación es solo una parte del problema. Para Meade Esperón, el deterioro económico del país y la emigración han disparado el abandono de mascotas, mientras la escasez de alimentos para animales dificulta que las familias puedan mantenerlas. «La migración hace que aumenten los abandonos y cada vez es más difícil conseguir comida para mascotas a precios razonables», comenta.
Un vecino del Cerro, que reiteradamente colabora con colectivos animalistas, reconoce el empeoramiento de la situación. «Casi todas las semanas encuentro un nuevo animal abandonado, incluso por avenidas donde rara vez veías alguno». Cuando puede, este hombre trata de ayudar con alimento y medicinas a los más lastimados, pero el esfuerzo llega a ser insuficiente. «Sin un hogar temporal como un refugio donde esté protegido del entorno, se reduce la posibilidad de su adopción», advierte.
A ello se suma, afirma, la falta de aplicación efectiva del Decreto Ley de Bienestar Animal, aprobado en 2021, que se creó para una mejora pero sin resultados claros hasta hoy.
«Es letra muerta. No se hace cumplir y eso aumenta el maltrato y el abandono, que quedan prácticamente impunes», sostiene Elizabeth. La activista recuerda que las organizaciones animalistas han solicitado reiteradamente una reforma de la norma, en particular un endurecimiento de las contravenciones. «Una multa de 3 000 CUP por matar un animal es una falta de respeto. Hemos pedido cambios muchas veces y no ha habido respuesta ni del Centro Nacional de Sanidad Animal (CenasaENASA) ni del Ministerio de la Agricultura, que son las instituciones encargadas de velar por el bienestar animal», reflexiona.
Mientras tanto, los animales que viven en las calles también enfrentan condiciones cada vez más adversas. «Ya ni siquiera encuentran alimento con facilidad en los basureros o en los establecimientos, como ocurría antes. Con la crisis también aumentan la violencia y el maltrato hacia ellos, que son los más vulnerables y no tienen voz», lamenta.
El refugio de Elizabeth protege hoy en La Habana a 51 gatos y ocho perros, y AxA posee otros cuatro refugios más pequeños de forma fija, sumando a varios colaboradores que albergan de manera temporal a no más de diez felinos. Por su parte, en el Jardín de las Mascotas cuidan a 55 gatos y 16 caninos.
Pese a ese escenario, Meade encuentra motivos para mantener el trabajo de rescate. Considera que, desde que comenzó su labor en 2019, la percepción social sobre el bienestar animal ha cambiado de forma positiva. Cada vez más familias adoptan de manera responsable, respetan los contratos de adopción y comprenden mejor las necesidades de los animales.
«Mientras siga encontrando adoptantes responsables que amen y cuiden a sus mascotas, seguiré rescatando. He visto cómo la sociedad ha tomado conciencia sobre el bienestar animal y eso me da fuerzas para continuar. Si nosotros nos detenemos, entonces sí estaría triunfando el mal y ellos se quedarían sin nadie que los acompañe, aunque nuestro destino sea cada día más incierto», finaliza.





