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Mauricio Escuela

Mauricio Escuela

Si tengo que definirme, digo junto a Nietzche: humano, demasiado humano, también confieso que soy periodista, luego existo. Nacido en San Juan de los Remedios, una villa cubana tan vieja que ya perdió la memoria, creo en las utopías para marcarme un camino, pero soy consciente de las sombras que acompañan a las luces. Escribo para explicarme a mi mismo muchas cosas. Sin ser filósofo, asumo el mundo en su complejidad desde la perspectiva de un joven cubano.

Maltiempo insiste en ponerle buena cara al más reciente desastre que asoló Remedios, la octava villa fundada en Cuba, cuyos efectos en la nave del teatro fueron terribles.
Los carteles con llamados a la unidad o la eficiencia llenan las carreteras de Cuba, crecen como la hierba silvestre, envejecen, están ahí por siglos
Del estigma o el resentimiento sólo sale un proyecto falseado, de la verdad y el debate obtenemos la humanización que busca la prensa de izquierdas
Caibarién puede, más allá de cualquiera de los motes que le pongan, asumir la condición de ciudad liberada de prejuicios en todos los tiempos
En lugar de atacar, alguien debiera agradecer que exista una alternatividad que señala, reflexiona, participa. Todo bloguero es un ciudadano que dejó a un lado los proyectos evasivos de vida y aún cree en el aquí y el ahora
En Remedios puede faltar lo que sea menos las parrandas. Más de un gobierno local ha caído en desgracia por no garantizar los recursos para la fiesta
El movimiento de la ciudad es curvilíneo, circular, recto…
Cuba es una lucha perpetua, lucha por abrirse camino, por flotar, por hacerse de corcho y no perecer en el entuerto
Miro hacia la pantalla de la televisión y oigo las barbaridades que dice Trump y por mucho dinero y mucha “jeva cañón” que tenga no sé, no logro envidiarlo, más bien siento vergüenza ajena por él. Y por todo el sistema que lo eligió
La crisis que nos acompaña no es del marxismo, sino de los marxistas, no es de la ciencia sino de los hombres que la hacen, la divulgan o la estudian
En Cuba mirar huecos es casi un oficio con profesionales reconocidos, pues a pesar de que la ley prohíbe el acoso sexual y lo penaliza, no hay el suficiente rigor policial