Gonzalo González rompe un búcaro común y lo convierte en una obra de arte. “Queremos llevar lo utilitario a un nivel artístico, fino, no artesanal. También rescatar el mural a partir de la cerámica”, dice el artista y emprendedor.

Años atrás él se dedicaba a las artes plásticas en La Habana. Coleccionistas de España, Inglaterra y Rusia poseen algunos de sus cuadros. Decidió instalarse en la Isla de la Juventud porque a pesar de ser una zona desolada, le brindaba posibilidades para desarrollarse artísticamente. Allí conoció a su esposa y se propusieron rescatar juntos la cerámica artística pinera.

“Oasis es el nombre de nuestro proyecto porque es un lugar que tiene vida en medio de una zona desierta”, comenta Gonzalo sobre la aventura que están iniciando.

Por su parte Jackie (Lester Rodríguez), quien tiene su casa-taller en las faldas de Sierra Las Casas, también sueña desde hace varios años con devolverle el esplendor a la cerámica artística en el territorio.

Junto con otros “tres locos” ha creado el proyecto “Sierra Las Casas”. “Somos dos artistas y un artesano, que hemos decidido trabajar la cerámica a través de un proyecto comunitario. Nos enfocamos en la parte escultórica”, explica Jackie.

El proyecto ha encontrado apoyo de artistas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) pinera. Algunos como “El tiza”, Yadián Carbonell, ya se imaginan a los niños haciendo tazas de barro con versos y poemas de autores noveles del territorio y otras partes de Cuba.

“Kárate, boxeo, lucha y fajasón (peleas)” es lo único que tienen los niños y los habitantes de su barrio, cuenta Jackie. “Entonces hay que darles algo más para que encuentren la espiritualidad, la tranquilidad”.

Entre sus ideas está la realización de un horno de madera para cocer la cerámica. “Pretendemos incorporar a la comunidad, incluso usar los residuos de la carpintería del vecino como combustible”, dice.

El artista Gonzalo González comparte su tiempo entre la cerámica utilitaria y la artística. Foto: Cortesía del entrevistado.

El artista Gonzalo González comparte su tiempo entre la cerámica utilitaria y la artística. Foto: Cortesía del entrevistado.

Cerámica artística pinera: una asignatura con pendientes

La existencia de materias primas en la zona (barro patinado, caolín, feldespato y otros minerales) hacen posible “en teoría” la producción de cerámica en la Isla de la Juventud.

Si bien actualmente no son públicas o no existen cifras oficiales de la cantidad de personas que se dedican a esta actividad — y la directora del Fondo de Bienes Culturales no accedió a ser entrevistada “sin antes informar al gobierno local”—, puede afirmarse que cientos de pineros, legal e ilegalmente, están relacionados con esta industria.

En el taller estatal Primero de Mayo —el más mencionado en los textos periodísticos consultados— se producen mensualmente 82 mil piezas de unos 60 surtidos y “todo se vende”,  informó su jefa Vivian Navarro.

Aunque hacer obras de valor artístico no debería ser tan complicado allí, varios creadores coinciden en que la cerámica artística en la Isla va en decadencia, debido a la escasa preservación y transmisión de conocimientos tecnológicos y formales que ayuden a resguardar la tradición. Ello unido a que las piezas utilitarias reportan mayores ingresos a corto plazo.

Gonzalo González tiene los pies bien puestos sobre la tierra. “En Oasis haremos cerámica artística, pero en menor medida. ¿Qué pasa? El dinero no sale de las piedras ni del aire, los productos de cerámica utilitaria son cosas que tienen su demanda, se comercializan a buenos precios, lo que nos permite ir incursionando en la cerámica artística, donde están nuestros intereses. Quiero hacer piezas que trasciendan la Isla, que transciendan Cuba”.

El Fondo Cubano de Bienes Culturales y el Consejo de las Artes Plásticas en el territorio convocan anualmente a eventos como Todo Cerámica y Tesoro, los cuales algunos artistas valoran como insuficientes. También existe la Escuela de Artes Plásticas Wifredo Lam, en la cual se imparte Cerámica como especialidad.

“No hay talleres de enseñanza (permanentes), lo que más se hace son encuentros de cerámica artística; creas, pero no aprendes cómo preparar la masa, los esmaltes. Hay un vacío grande”, lamenta Jackie.

Otros como Alexis Acanda, reconocido con la distinción por la Cultura Nacional y profesor de cerámica en varias universidades japonesas, piensan que los talleres que se realizan durante los eventos no tienen ningún sentido si no se hacen acciones verdaderas y concretas para transformar la falta de formación en esta manifestación.

“La cerámica es el factor más importante de la cultura pinera, muchas personas identifican la Isla como un lugar de cerámica. Tiene que haber una política. Llevó años desarrollarla, los artistas pineros han participado en eventos internacionales, inauguraron fábricas en otros países. Este conocimiento se puede perder, si Cultura del territorio no se pone las pilas”, valora Acanda.

El también ceramista Oslaide explica que una de las problemáticas fundamentales ha sido el escaso acceso a las materias primas. Algo que para Alexis Acanda constituye una ironía, pues la Isla de la Juventud posee los materiales necesarios, incluso, para hacer porcelana del más alto nivel.

“Simplemente se explotan para venderle a San José u otras provincias que hacen cerámica para la construcción: tazas de baño, azulejos, etc. Debido a que las maquinarias y la industria son tan débiles, nosotros los ceramistas vivimos inventando”, acentúa Oslaide.

El Fondo de Bienes Culturales de la Isla de la Juventud facilita la compra de materia prima a los artesanos y artistas que pertenecen a su catálogo. Sin embargo, además de que para estar inscrito deben cumplirse ciertos requisitos, tampoco hay disponibilidad de productos en todo momento. Eso ocasiona que gran parte de los insumos para realizar las piezas se consiga “por debajo del telón”.

Varios artistas y algunos productores que pidieron el anonimato consideran que más del 90% de la cerámica en la Isla se hace con materia prima robada. Gonzalo González dice que lo único que con regularidad se compra legalmente son las resistencias las cuales, en ocasiones, las venden en establecimientos estatales. Sin embargo, cuando hay desabastecimiento en los comercios del Estado, la única opción son “los revendedores o los que traen mercancías de Moscú”, insiste.

Actualmente, algunos trabajan con esmaltes y pigmentos importados. Otros como Oslaide los fabrican en su casa, aunque confiesa que es un esmalte de poca calidad.

Foto: Tomada de ACN

Foto: Tomada de ACN

La escalada de la electricidad como tiro de gracia para la cerámica artística pinera

A diferencia de la cerámica industrial en la que existen moldes para vaciar la pasta, la cerámica artística inicia con la conceptualización de la obra, luego el diseño de la pieza que va desde la concepción de la forma hasta la determinación de los colores. Es un camino de constante experimentación, en el cual puede ocurrir que el artista destruya una obra si el resultado no es el esperado.

Oslaide, que se dedica a hacer fondos marinos de cerámica, sabe a dónde quiere llegar y cómo hacerlo, pero los costos de la electricidad le mutilan el sentido de la creación.

Actualmente, los hornos son de resistencias eléctricas que alcanzan más de 1 000 grados Celsius y son altos consumidores. “Este año he prendido solo una vez el horno”, dice Acanda, quien solo puede pensar en los costos de una quema.

De ahí que jóvenes como Jackie se aferren a ideas como la del horno de leña, donde se usen los residuos de la carpintería del vecino.

Respetar la tradición

Harriet Wheeler, una norteamericana que residió en la otrora Isla de Pinos, encontró en estas tierras la inspiración y la materia prima necesaria para moldear piezas que hoy se exhiben en el Museo Municipal. De 1920 a 1930 se registra la producción de la norteña.

En el año 1964, el entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, inauguró una planta procesadora de caolín en el poblado de Santa Fe. Se aseguraba así la materia prima para la producción de neumáticos, medicamentos, cosméticos, papel y cerámica industrial de todo tipo. Al menos en papeles.

Luego se amplió la industria y surgieron una decena de talleres en diferentes poblados del municipio.

Alexis Acanda rememora que en los ochenta Alemania democrática brindaba asistencia técnica y tecnológica. Los creadores de la afamada porcelana de Meissen veían en la industria pinera grandes potencialidades.

“Yo estuve 11 meses estudiando porcelana en Alemania. Los tecnólogos alemanes decían que las características del caolín pinero eran ideales. La blancura, la alta plasticidad de la pasta… e, incluso, existía la tecnología para llevarla a su máxima calidad; pero todo eso se fue perdiendo y deteriorando”, explica.

Cuenta que en aquellos años se dio un movimiento muy fuerte en la cerámica impulsada por un grupo de artistas locales. En 1985 el Grupo Terracota 4, compuesto por Amelia Carballo, José Ramón González, Ángel Norniella y Agustín Villafaña, inició una serie de proyectos que convirtió a la Isla en la lumbrera de la cerámica artística en Cuba.

Hoy los artistas-emprendedores han convertido las producciones utilitarias en el centro de su labor. Las creaciones artísticas sobreviven en condiciones inestables.

 

*La periodista Darcy Borrero contribuyó en la realización de este texto.  

 

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