En su hombro izquierdo, Jesús conserva una cicatriz pequeña en el mismo lugar por donde entró la bala. Unos centímetros más abajo, entre la intersección del tríceps y el codo, tiene otra más alargada, sobre la que se distinguen algunas suturas. Por este segundo agujero le extrajeron el proyectil.

A los 13 años, Jesús fue baleado en la sala de su casa, el mismo día que asesinaron a su madre y a su abuelo frente a él.

Hoy, con 25 años, evita conversar sobre esa mañana. Por trozos me cuenta que su abuelo vivía en España y acababa de llegar de visita, que fue él quien le abrió la puerta a su propio asesino. Explica que el abuelo intentó frenarle el paso pero que el otro hombre, más joven y fuerte, lo empujó y terminó disparándole.

“Si mi abuelo hubiese llegado un día después, hoy probablemente estuviese vivo”.

Foto: Alejandro Trujillo

Jesús fuma impacientemente. No le gusta estar quieto mucho tiempo y mientras conversamos se levanta par de veces y recorre el salón con un cigarro entre los labios. Así: a ratos de pie, a ratos sentado, contesta cada pregunta con escasas palabras. Lo entiendo. Me está contando su historia justo en la misma habitación donde vio asesinar a su familia.

Entonces busco un alivio y le pregunto si le va bien en la zona WiFi, donde desde hace ocho meses se dedica a comprar tarjetas de navegación Nauta y a compartir/vender la conexión entre varios usuarios.

 Los muchachos que usamos el Connectify no estafamos, ni engañamos a nadie

“En el parque todo está muy tenso. La policía “se tira” cada rato para evitar que cobremos por compartir el Internet. Hace poco me pusieron una multa de 1500 pesos por enriquecimiento ilícito, a pesar de que no me cogieron cobrando. No tenían manera de demostrar que usaba el Connectify por dinero, pero igual me multaron. Y salí bien, a tres de mis amigos le decomisaron las computadoras. Uno de ellos estudia medicina e iba solo algunas veces, en las tardes, para ganar algo de dinero extra. Y ahora perdió la laptop que usaba también para estudiar. No sé si se la devuelvan.

Foto: Alejandro Trujillo

“Ahora estoy trabajando allí en las noches. Es más tranquilo y me quito un poco de arriba a la patrulla. Los muchachos que usamos el Connectify no estafamos, ni engañamos a nadie. Cobramos un CUC la hora de conexión a personas que no quieren o no pueden pagarle 50 pesos en MN a ETECSA. Hay gente en la calle haciendo peores cosas para buscar dinero.”

“De todas maneras, no creo que esté mucho tiempo más en el parque. Cada día eso rinde menos. Antes tenía de ganancia aproximadamente 5 CUC al día. Ahora hay ocasiones que no puedo ni sacarle los dos pesos que me cuesta la tarjeta.

— ¿Por qué llegó ese hombre a tu casa y los atacó?— le pregunto ahora, que ya no responde solo ideas cortadas

— Por mi hermana. Quería vengarse de ella

El atacante era un proxeneta con quien ella tenía una relación, a veces íntima, las más de negocios. Él, ante la amenaza de que ella lo apartara de su vida, y de su nueva relación con un extranjero, quiso amenazarla. Y aunque no la encontró en la casa, disparó a todos los que se pusieron en frente.

“Al primero que balearon fue a mi abuelo. Por el ruido mi mamá y yo fuimos para ver que sucedía. Nunca antes habíamos escuchado el sonido de una pistola. Cuando vio a ese tipo en la puerta, mi mamá trató de apartar el arma de mí, pero una bala le atravesó justo el pecho. Murió antes de que llegara la ambulancia.

“Hoy ese hombre está preso pero desbarató mi familia. Un niño no debería perder lo que más le importa en solo segundos. Mi vida empezó, o acabó, cuando tenía 13 años”.

Foto: Alejandro Trujillo