Uno de los temas más candentes en Cuba es el relevo generacional. Si bien existen numerosos dirigentes en la isla, dos se destacan como rostros que pueden marcar el destino nacional y forman parte indiscutible del relevo

Por: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

Los santiagueros me cuentan que no quieren perder a Lázaro Expósito como Secretario del Partido en la provincia, pero el peligro existe, su gestión ha sido exitosa. En cualquier momento va a parar a la capital porque el último hombre que hizo algo semejante se llama Miguel Díaz Canel y, para muchos, este es el dirigente cubano con mayores perspectivas en estos tiempos.

Estos hombres representan la generación que sucederá a la dirección histórica de la Revolución y traen consigo algo muy importante: la opinión pública los apoya en su mayoría. Su trabajo ha sido exitoso y esto es de dominio público, una fórmula mucho mejor para promoverlos que otros funcionarios de dudoso respaldo popular que inexplicablemente ocupan cada vez mayores responsabilidades.

Lázaro Expósito hace unos años se hizo mediático cuando circuló un video por todo el país donde se le mostraba inspeccionando en altas horas de la noche diversos establecimientos estatales. Para alguien ajeno esto parecería algo nuevo, yo que nací en Santa Clara doy fe que desde años atrás las panaderías de la ciudad sabían a qué atenerse en las altas horas de la noche. Ya nos vamos acostumbrando a que nos sorprenda con un estilo de trabajo que todavía no es usual en nuestro país, ojalá lo fuera. Su última sorpresa fue un programa en los medios de difusión que existe para crear un canal de diálogo directo entre los dirigentes de la provincia y la población.

Cuentan que Expósito hizo el siguiente experimento: cuando iba camino a una reunión se bajó de su auto y se sumó a los transeúntes que pedían un aventón en la carretera. Uno tras otro vio pasar a los directores de empresa en sus flamantes autos sin recoger a nadie en el camino. Llegó de último a la reunión. No quisiera estar en el pellejo de aquellos señores que le pasaron de largo y luego tuvieron que dar la cara explicando su actitud. Lázaro se lo dejó bien claro ese día: ¿cómo puede representar al pueblo un dirigente que no se ocupa de este, que no es capaz de llevar consigo a quien lo necesita?

Por su parte, Miguel Díaz Canel parece revolucionar los modos de hacer política en el país. Un dirigente que dialoga, que tiene la capacidad de ganarse el respeto de sus interlocutores por su empatía con las personas. Me ganó cuando me enteré que años atrás fue de los primeros funcionarios del país en utilizar una laptop para el trabajo y actualmente va a las reuniones con un tablet. Algo aparentemente superficial como utilizar la tecnología en función del plan de trabajo y de las decisiones que marcarán el rumbo del país, me parece un simbolismo inmensamente esperanzador.

Podría contar muchas cosas del vicepresidente pero me limitaré a tres de ellas. Su estilo de dirección lo llevó a defender un proyecto cultural tan ambicioso como el Mejunje. Por otra parte, el pelo largo que tenía en aquella época y su vinculación estrecha tanto con la intelectualidad como la clase obrera de la ciudad, todavía se recuerdan en Santa Clara. Si bien era cosa común que un dirigente de su nivel ocupara casa y carro llegado a ese cargo, Díaz Canel salía a las siete de la mañana en su bicicleta, recorría los tres kilómetros de ida al trabajo y luego regresaba de igual manera a su casa. Nunca solicitó vivienda alguna.

La coyuntura actual para el vicepresidente es compleja, debe compartir medidas y decisiones que no necesariamente son propias. Con los ojos del país y varios servicios de inteligencia foráneos encima, cierto desgaste político puede ocurrir pero tiene la experiencia de quien ha transitado por todos los niveles de dirección. No soy dado a los personalismos pero es importante que alguien elogie con racionalidad el buen trabajo, somos muy dados a comentar los ejemplos negativos y cuando se trata de los positivos, casi siempre lo que hacemos es apología.

A veces me pregunto por qué no conocemos más a fondo estos líderes, quizás hemos privilegiado los paradigmas de generaciones anteriores y convertido en tabú los nuevos, o estamos fallando en verlos a tiempo.

Los buenos dirigentes y no son solo los dos que acabo de mencionar, existen otros a los que no hago referencia por razones de espacio. Resulta difícil conocerlos a todos porque todavía seguimos teniendo dificultades en la información que recibimos sobre la gestión de nuestros funcionarios, salvo discursos e intervenciones esporádicas, hay muchos que no sabemos cómo piensan ni qué ideas defienden.

No sabría decir si este post es oportuno, espero que tengamos suficiente madurez y cultura política como la que pregonamos y podamos reflexionar sobre estas cuestiones sin recurrir a un pensamiento de trinchera. Dirigentes como estos pueden lograr que pasemos de la apatía a la empatía política, mientras sepan proteger este proyecto soberano de medio siglo, cuenten con nosotros.