Después de graduarse en 2011 Youry Pantoja Sarduy no encontró mejor ubicación para ejercer su carrera que quedarse como profesor en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas. No era una decisión tan simple, quedarse supuso asumir el reto de seguir “becado”.

Cambió el estatus, pero las condiciones de vida permanecieron casi intactas: “No es mucha la diferencia. Incluso creo que como estudiante teníamos un poquito más de privacidad porque en el edificio donde vivía existía un baño para dos cuartos, y aquí en el edificio de profesores el baño es colectivo para todo el piso. Las condiciones de vida siguen siendo las mismas: no existen diferencias ni privilegios por ser profesores”.

Youry decidió no retornar a su municipio de origen para salvarse de la inopia: “Las opciones para licenciados en Comunicación Social que no vivan en las capitales provinciales son muy escasas. En Manicaragua, el municipio de la montaña donde resido, prácticamente no existen opciones de trabajo para un Comunicador Social. Además en los municipios no existe cultura sobre la importancia de esta profesión.

“La universidad me brindaba la posibilidad de seguir superándome profesionalmente y la de continuar bailando en un conjunto de danzas del centro, que es una etapa importante de mi vida universitaria. Era la mejor opción y había que sacrificarse”, recuerda.

El ofrecimiento de su centro de trabajo se reduce a un cuarto gratuito con las condiciones indispensables de vida. Además la opción de acudir a un comedor que ofrece la comida por un precio simbólico. Quizás lo más positivo sea la posibilidad de contar con internet al lado de su cama. Ese es el mayor privilegio para los profesores becados.

Foto: Luis Orlando León Carpio

“Es doloroso ver cómo un profesional con un título universitario por sí mismo no puede tener la posibilidad de tener un lugar para quedarse con mejores condiciones de vida y acudir a la beca universitaria como única vía para seguir laborando en el centro. La opción que queda en mi caso es viajar diariamente más de 30 kilómetros, con condiciones económicas y físicas que tampoco me favorecen. Sería un desgaste inmenso desde todo punto de vista”.

“Por el momento quiero terminar la maestría en Dirección empresarial y aprovechar la opción de superación que es lo mejor que brinda la universidad a los jóvenes profesores. El tiempo en la universidad se acaba porque ya uno se siente fuera de lugar. Las generaciones no son las mismas y cuando pasan dos o tres años te das cuenta de que este no es tu lugar. Te sientes ahogado. No te queda otra alternativa que salir en algún momento»

“La beca pesa, influye. Vives en un cuarto que ahora es solo para dos personas pero igual es un cuarto compartido con alguien, donde no tienes la privacidad que necesitas, donde todos los días tienes que comer en el comedor una comida que si bien es prácticamente gratis no tiene la calidad que la que tendrías en tu hogar.”

Pero, ¿por qué seguir? “Únicamente por mi superación profesional y por el propósito de asistir a mi cuarto Festival Nacional de Artistas Aficionados como parte del grupo de baile que es mi otra familia”.

Eso dice, y es uno de los 90 profesores becados de la Universidad Central de Las Villas. Todavía no tiene respuestas para su gran dilema.

Foto: Luis Orlando León Carpio