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Trajes reciclados para quinceañeras

Grey refuerza las puntadas del nuevo vestido que ajustará el talle de muchas jovencitas. Inspecciona la obra mientras precisa los detalles de tira bordada que una vez adornaron la más fina lencería. Admira la armonía de su prefecta pieza hecha a retazos.

“Siento una pasión especial por los trajes de época. Esos que la mayoría de las mujeres cubanas vestimos a los 15 años. Alta costura hecha a medida. Por suerte es una tradición activa. Me gano la vida con estas bellas antiguallas. Las confecciono con materiales que reciclo”.

Creció entre agujas y carretes de hilo. “Todas las mujeres de mi familia cosen”, dice con orgullo la joven artesana que aprendió con su madre el oficio de las puntadas. “Me hubiera gustado estudiarlo, pero aprendí de manera autodidacta. Empirismo puro”.

A sus 21 años Grey presume una habilidad exquisita para la confección de prendas destinadas a las perchas de los sets fotográficos de Placetas: “Mi ahijada cumplía cinco años y como regalo me pidió un vestido de princesa. Fue mi primer trabajo. Tenía entonces 16 años. Hasta la fecha lo más difícil para mí es visualizar el traje. No uso papel, ni realizo ningún bosquejo. El diseño es mental. Me nutro de revistas de moda y fotos que veo en internet. Eso sí, todos mis vestidos son exclusivos. Ninguno es igual al otro”.

El reciclaje es el alma de las hechuras de Grey. Tiene un don especial para transformar lo obsoleto: “Reciclo por necesidad, aclara. Por lo general los accesorios de piedras y lentejuelas escasean en nuestro mercado. Es difícil encontrarlos en tiendas por divisa. A veces compro algunos metros de satín u otra tela, cuando sacan.”

Localizar, clasificar, y desmontar viejas confecciones es un ejercicio necesario para el trabajo de esta modista: “Encuentro muchas cosas en los mercados de ropa reciclada. He comprado un vestido solo por sus broches. Adapto las producciones a los recursos que aparecen. Trabajo con ropas que la gente ya no usa. Algunas las compro, otras me la regalan. No imaginas los vestuarios antiquísimos que he desbaratado. Chaquetas, vestidos, sayas, blusas empedradas, todas con más años que mi abuela. Disfruto y aprendo cuando reparo la complejidad de la moda de antaño. Ahora todo es menos elaborado”.

Los trajes de época siempre fueron una pasión para Grey. Ahora son tambbién su negocio.

Cada noche Grey convierte la sala de su casa en su taller de costura. Hace a un lado los muebles y cubre el piso con la indumentaria precisa: “Empiezo a coser sobre las 8:00 p.m. debido a que las mañanas y las tardes imparto clases en una primaria. Demoro hasta 20 días en terminar una pieza completa. Es un trabajo minucioso, artístico”.

“Alquilo mis trajes a estudios fotográficos. Así le saco más provecho. También los vendo por encargo. Lo más que puedo pedir por una confección es 100 CUC. Si comparas el tiempo invertido en una confección, notas que el dinero que gano al vender un traje no da para enriquecerse. Por eso prefiero rentarlos. A los fotógrafos le resulta mucho más barato los míos. Si los encarga en el extranjero le pueden pedir hasta 300 CUC por confecciones que fuera del país son muy baratas. En Cuba hay muy pocas tiendas donde los estudios puedan encontrar este tipo de atuendo. Esa es mi ventaja”.

Para Mercedes Lorenzo, fotógrafa particular, los trajes de Grey tienen poco que envidiar a los originales: “Satisfacer las exigencias de las quinceañeras representa cada día un reto más caro para los estudios de foto. Ninguna quiere ponerse el vestido que usó otra. Comprar accesorios y vestidos nuevos constantemente supone una inversión casi incosteable. No existe el lugar donde adquirir estos medios y uno tiene que pagarlos a sobreprecio en el mercado del 'trapicheo'. Los traen de Panamá, de Guyana, de México. Pero muy caros. Grey te da la posibilidad de modificar piezas que ya están 'quemadas', como dicen las niñas, a un precio razonable. Además, tiene un sello propio. Nunca se repite”.

La demanda de trabajo crece por día. Sin embargo, la joven no puede asumir todos los encargos: “Sueño con tener mi propio taller con todas las condiciones creadas. Coser a lo grande. Pero no depende de mí. Primero necesito un mercado donde comprar, de manera estable y a un precio razonable, los materiales que necesito: telas, adornos, piedras, lentejuelas, canutillos. Mientras tanto, vivo del reciclaje”. 

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Iris Celia MujicaIris Celia MujicaPerfil del autor

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