Destierros sin decreto: un legionario polaco y dos periodistas cubanos

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AP Foto/Scott Mayerowitz
AP Foto/Scott Mayerowitz

1. La Habana, 2016: dos periodistas en la Embajada

En 2016, me reuní en la Embajada de Polonia en La Habana con dos jóvenes periodistas de elTOQUE. Vinieron a contarme sobre su trabajo y a explorar las vías de cooperación con Polonia, un país que apenas una generación antes también había tenido que contar su verdad al margen de la prensa oficial.

Hoy, ninguno de los dos vive en Cuba. Llevan varios años fuera, empujados por la presión del régimen y la persecución de la Seguridad del Estado. Nadie firmó contra ellos una orden de expulsión. No hizo falta.

Así funciona el destierro sin decreto. El régimen no expulsa: asfixia. No necesita un tribunal ni una sentencia; le basta con volver invivible la vida de los suyos hasta que marcharse parezca una decisión propia. Sobre el papel, la emigración es voluntaria. En la práctica, es forzosa.

La historia de los periodistas cubanos me recuerda la de un amigo polaco que recorrió un camino similar hace más de 40 años. Lo conocí en Washington. Su vida se cuenta en tres tiempos: irse, prosperar y volver.

2. Irse: el legionario que no quiso servir al partido

Durante mi misión en Washington, había un personaje que no faltaba a ningún acto de la comunidad polaca. Era imposible no verlo: siempre llegaba vestido con algún uniforme militar histórico de Polonia. Cuando lo conocí, llevaba el de las Legiones de Józef Piłsudski, los legionarios que en la Primera Guerra Mundial lucharon por devolverle a Polonia su independencia.

Pronto, empezó a aparecer también en las recepciones de la residencia del embajador de Polonia, cada vez con un uniforme distinto: tenía toda una colección. Cada llegada suya era un pequeño espectáculo. Todos querían tomarse una foto con él, y más de una vez estuvo a punto de robarle el protagonismo al anfitrión.

Nos hicimos amigos y un día me contó su historia. Había llegado a Estados Unidos como asilado político tras huir de la Polonia comunista justo antes de la ley marcial. Salió a tiempo: el 13 de diciembre de 1981, cuando el general Wojciech Jaruzelski la impuso, se cerraron las fronteras.

Es un patriota y quería servir a su país. Pero al comienzo del Servicio Militar descubrió a quién servía de verdad aquel ejército. El Ejército Popular Polaco (LWP, por sus siglas en polaco), como se llamaba entonces, tenía oficiales políticos en sus filas. Su juramento obligaba al soldado a montar guardia inquebrantable sobre el «poder popular» y a defender la paz «en fraternal alianza con el Ejército Soviético». Fue el mismo ejército que, poco después, sacaría los tanques a las calles contra sus ciudadanos.

La conciencia de mi amigo polaco no le permitió seguir. Cualquier joven cubano que haya pasado por el Servicio Militar Obligatorio entenderá el dilema. Con pocas oportunidades en su país, decidió emigrar, y lo hizo con el corazón encogido porque amaba a Polonia. Nadie se va con alegría de la tierra que ama.

Mis amigos de elTOQUE no se fueron por las mismas razones, pero sí por el mismo motivo de fondo: un poder que no deja vivir a quien no se somete. Cuando la persecución alcanzó también a sus familias, ya no pudieron más y se marcharon: al exilio, sí, pero también a la libertad.

A quien se niega a callar, el régimen cubano le deja dos salidas: la cárcel o el aeropuerto. La primera es heroica, y Cuba tiene presos políticos que la pagan con una dignidad que impone respeto. La segunda es humana: no todos estamos hechos de la madera de los héroes, y nadie tiene derecho a exigirle al otro que lo sea.

Me enteré de su partida cuando ya estaban fuera. Les envié entonces una foto de la portada de Todos se van, la novela de Wendy Guerra sobre la Cuba de los años ochenta: un país que se vacía, uno tras otro se va. Habla de una década diferente, pero el mensaje no ha envejecido ni un día.

La censura, la vigilancia y la persecución siguen ahí. A finales de 2025, el régimen acusó a elTOQUE de tráfico de divisas, evasión fiscal y de actuar como instrumento de agendas externas. Las autoridades señalaron, además, a 18 directivos y colaboradores radicados en el extranjero y advirtieron de posibles extradiciones si viajaban a terceros países. Mis dos amigos saben bien lo que eso significa. El destierro, además, persigue.

3. Prosperar: de los trabajos humildes al cuartel de bomberos

En Estados Unidos, mi amigo polaco empezó como empiezan casi todos los emigrantes: pobre, sin amigos y trabajando mucho. Aceptó las labores más humildes y subió peldaño a peldaño. Con el tiempo, entró en el cuerpo de bomberos, en el que llegó a comandante de una de las unidades más prestigiosas de la región. En Cuba, esa palabra tiene otras resonancias. Este comandante, al menos, se dedicaba a apagar incendios.

La cuenta es sencilla y cruel. Polonia perdió a un soldado que quería servirla. Estados Unidos ganó un comandante de bomberos.

Los cubanos conocen esa aritmética mejor que nadie. Empiezan desde abajo, crecen, prosperan y crean grandeza, pero para otro país, porque el suyo los rechaza y los condena. Roberto Goizueta llegó a Estados Unidos con 40 USD y acabó presidiendo Coca-Cola; Carlos Gutiérrez empezó repartiendo Zucaritas y terminó presidiendo Kellogg; Miguel Ángel Bezos llegó solo a Miami con 16 años y, tras más de tres décadas como ingeniero en Exxon, se convirtió en millonario y filántropo.

Y por cada uno de ellos hay miles de médicos, ingenieros, músicos, maestros y peloteros cuyos talentos engrandecen hoy a Miami, a Madrid o a las Grandes Ligas, y no a La Habana.

Mis dos amigos cubanos también prosperaron. Soy consciente de que no corresponde elogiar a un medio desde sus páginas. Escribo en ellas como autor invitado, y lo que sigue no es un elogio, sino la constatación de unos hechos.

Desde fuera de la isla, elTOQUE se ha convertido en una referencia: su tasa del mercado informal de divisas es hoy el indicador que más consultan los cubanos. La confirmación más elocuente de ese peso la aporta el régimen, que le dedica campañas en la televisión estatal. No se gasta tanta propaganda en un medio que nadie lee.

4. Volver: la Polonia que luce en el uniforme

Mi amigo polaco volvió a Polonia por primera vez cuando el país ya era libre, después de 1989. Desde entonces, lo visita cada año con su familia. Se quedó a vivir en Estados Unidos, donde tiene la vida hecha, pero no deja pasar ninguna oportunidad de estar cerca de su tierra.

Guarda las costumbres polacas y les enseñó el idioma a sus hijos de la manera más eficaz que existe: hablándoles siempre en polaco, aunque su matrimonio es internacional. Y en cada ocasión que se presenta saca del armario alguno de sus uniformes. No se trata de un disfraz: es su manera de decir de dónde viene y a qué sigue siendo fiel.

Esa normalidad —ir y volver, enseñar la lengua a los hijos, lucir la patria con orgullo— es justamente lo que el régimen de La Habana niega a tantos cubanos. Tengo varios amigos cubanos que no pudieron acompañar a sus padres en sus últimos momentos. Pocas cosas son más duras que saber que no puedes volver a tu país ni siquiera para eso.

No es nuevo. En 1962, el régimen no permitió a Celia Cruz regresar para enterrar a su madre. «Me castigaron por salir de Cuba», escribiría años después en sus memorias.

Y las prohibiciones vienen de un Estado que en todos los foros internacionales se presenta como campeón de los derechos humanos y no se cansa de señalar las imperfecciones ajenas. En octubre de 2023, Cuba fue reelegida para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU con 146 votos, el mejor resultado entre los candidatos de su región. Su canciller lo celebró como un reconocimiento a la «labor humanista de la Revolución».

A sus exiliados, esa labor humanista les llega en forma de prohibición de entrada a su país.

5. Kościuszko, otra vez junto a Washington

En los últimos años, la pasión de mi amigo polaco por los uniformes le regaló una oportunidad maravillosa: acompaña a George Washington en recreaciones históricas en el papel de Tadeusz Kościuszko. El personaje no podía estar mejor elegido.

Kościuszko llegó a Filadelfia en 1776 y puso su talento de ingeniero al servicio del Ejército Continental. Fortificó las posiciones de Saratoga y, por encargo de Washington, las de West Point. Washington lo consideraba tan imprescindible que no lo dejó marcharse de allí hasta 1780. Casi dos siglos y medio después, la historia se repite: el George Washington de las recreaciones tampoco deja escapar a su Kościuszko.

Kościuszko fue también un perseguido político, un exiliado por amor a su patria y a la libertad. Volvió a Polonia en 1784, encabezó en 1794 la insurrección que lleva su nombre y, tras la derrota y el cautiverio en Rusia, pasó el resto de su vida lejos de su patria. Murió en Solothurn, Suiza, en 1817, sin volver a ver una Polonia libre. Regresó después de muerto: desde 1818 sus restos descansan en la catedral de Wawel, en Cracovia, junto a los reyes de Polonia.

Cuba conoce ese destino desde mucho antes del castrismo. El padre Félix Varela, condenado a muerte tras la restauración absolutista de Fernando VII, murió desterrado en San Agustín, Florida, en 1853. Volvió a Cuba en 1911, cuando sus restos fueron trasladados al Aula Magna de la Universidad de La Habana.

La historia de los dos países está llena de exiliados que solo volvieron en un ataúd. Algunos, como Celia Cruz, ni siquiera eso: descansa en el Bronx. Mi amigo polaco pertenece a otra categoría, la que solo existe cuando cae la dictadura: la de los que vuelven vivos, con sus hijos, cada año. La Polonia comunista lo empujó a irse; la Polonia libre lo recibe con los brazos abiertos.

Eso deseo para mis amigos de elTOQUE y para tantos cubanos que hoy viven lejos: que puedan vivir la suerte de mi amigo polaco, y no la de Kościuszko o la de Varela. Que puedan volver a una Cuba libre, abrazar a los suyos y lucir a su país con el mismo orgullo con que mi amigo luce a su Polonia.

Wendy Guerra tituló su novela Todos se van. La historia de mi amigo polaco prueba que el exilio puede tener una segunda parte. Ojalá que mis amigos de elTOQUE puedan escribirla pronto, en La Habana. Se titularía: Todos vuelven.

ELTOQUE ES UN ESPACIO DE CREACIÓN ABIERTO A DIFERENTES PUNTOS DE VISTA. ESTE MATERIAL RESPONDE A LA OPINIÓN DE SU AUTOR, LA CUAL NO NECESARIAMENTE REFLEJA LA POSTURA EDITORIAL DEL MEDIO. 

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Mercado Informal de Divisas en Cuba

(Tiempo Real)
1 USDDólar Estadounidense
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1 MLCUSD en saldo de cuenta bancaria
698.48 CUP+11.53
1 CADDólar Canadiense
536.92 CUP+1.02
1 MXNPeso Mexicano
52.07 CUP+0.12
1 ZELLEZelle
818.69 CUP-0.44
1 CLAClásica
761.48 CUP+3.22

Los valores de REFERENCIA que aquí se muestran son el resultado del cálculo de la mediana de los números escritos en ofertas de compra y venta de divisas registradas por nuestro sistema automatizado en sitios web de clasificados y grupos de redes sociales. No son operaciones concretadas, sino expresiones de «deseos» de los actores del mercado informal. El precio final de la compraventa entre privados puede y suele variar. Las flechas indican la variación del precio de cada tasa en las últimas 24 horas. Insistimos en que los números que mostramos no son la tasa OFICIAL, sino que deben ser tomados solo como REFERENCIA.

Registro de elTOQUE sobre cubanos muertos y desaparecidos en rutas migratorias

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