En el Centro Histórico de La Habana pareciera que se esconden los hostales. Todo el mundo sabe que están allí; incluso, hay más de uno —y de dos— en cada cuadra, pero hay que mirar hacia arriba para ubicarlos. Allí están aunque es difícil imaginar que a la altura de calles estrechas y maltrechas, se encuentren espacios muy confortables para alojar a los visitantes extranjeros que quieren conocer Cuba.

“Mis clientes me lo dicen todo el tiempo: prefieren quedarse en las casas privadas, porque además de ser más económicas que los hoteles, es aquí donde aprenden de Cuba, sus costumbres, su gente”, cuenta Sonia Suárez, propietaria de la casa de renta Doña Sonia, ubicada en O`Reilly esquina Aguiar, en La Habana Vieja

Dice que este “ha sido un año malo”. Cree que las medidas tomadas por el presidente estadounidense Donald Trump y las afectaciones provocadas por los ciclones “han enfriado” el movimiento de visitantes foráneos a la isla. Sin embargo, ella, que lleva más de cinco años ejerciendo esta actividad, afirma estar acostumbrada a “los altibajos del mercado”.

Quizás por eso sostiene —sentada en el comedor que usualmente emplean sus clientes— que “en este momento hay otras cosas que le preocupan más y que la sorprenden”. Hace algunas semanas, a Sonia y a otros propietarios de hostales privados de la zona, los citaron para “una reunión de preparación sobre las nuevas medidas que se pondrán en vigor antes de fin de año”. En esa reunión —acota— se enteró de todo lo que viene como parte de las nuevas disposiciones que entrarán en vigor el próximo 7 de diciembre.

Supo, por ejemplo, que tendrán que habilitar una Cuenta Fiscal, en la que depositarán el 80 por ciento de sus ingresos declarados. Como particularidad, este tipo de cuenta no contará con beneficiarios por parte del propietario, ni la compra con las tarjetas que tengan este tipo de cuenta de respaldo dispondrán del descuento del cinco por ciento en tiendas cubanas.

hostales en Cuba

Hostal en La Habana Vieja. Foto: Alain Gutiérez

Desde Santa Clara, Antonio Ramírez —propietario del Hostal de Tony— declara abiertamente no estar de acuerdo con las nuevas regulaciones, sobre todo con la referente a la Cuenta Fiscal. “No me parece necesario que nos obliguen a tener una cuenta en el banco como otro método de control. Si como cuentapropista estamos al día con el pago a la ONAT, no debería ser obligatorio también tener una cuenta donde pongamos nuestro dinero”, reclama el villaclareño.

Dice que ya tiene una cuenta en el banco, ¿para qué quiere otra?, y mucho menos sin beneficiario. “En la reunión que tuvieron con nosotros dije que no estaba de acuerdo, pero no creo que eso vaya a cambiar algo. Todavía no he abierto la nueva cuenta, tengo 90 días después de que las medidas entren en vigor, pero tengo la esperanza de que eso cambie”, dice consolándose a sí mismo.

Sobre esta misma cuestión, Olga Lidia Martínez Fernández —del Hostal Avenida 41 en Cienfuegos— manifiesta su preocupación. Si la cuenta es únicamente en moneda nacional, teniendo en cuenta que a los propietarios de los hostales les pagan en CUC, entonces al cambiar el dinero a CUP siempre perderán. “Me preocupa también que no tenga beneficiario. Debería existir la posibilidad de poner a alguien para que en caso de yo no pueda hacer las operaciones, entonces esa persona pueda asumir”.

Ella sabe que podrá tener una tarjeta con el respaldo de la cuenta y que podrá extraer su dinero desde los cajeros, y que podrá comprar en algunas tiendas que posean el servicio de pago en tarjetas, pero, el estado deberá garantizar las condiciones a esa cantidad de personas que estarán realizando la misma operación. “Si ahora las colas en los cajeros son tremendas, cuando todos tengamos nuestro dinero en las tarjetas, habrá que dedicar un día solo a sacar dinero”, reflexiona Olga Lidia.

Otros arrendadores como Pelayo Antonio Guerrero —del Hostal María y Pelayo de Las Tunas— apoyan esta medida relacionada con la cuenta fiscal. En su opinión, la reacción de algunas personas que “hasta hablaron de cerrar el negocio, es exagerada”. Por otro lado, le parece razonable que “el gobierno esté tratando de controlar las finanzas de los negocios particulares con esta cuenta única fiscal en moneda nacional”.

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Salones interiores de una casa cubana dedicada a la renta para extranjeros. Foto: Alain Gutiérrez

 

Aumenta el control para el sector no estatal

Las nuevas medidas van más allá de lo expuesto. En lo adelante, los propietarios de casa de renta, incluso para servir un café, deberán contar con una licencia sanitaria. Como colofón, las regulaciones dictan que ninguna persona que no posea licencia, o que no sea trabajador contratado por el hostal, puede realizar ninguna actividad ligada al mismo. En las reuniones para informar del paquete de medidas se aclara puntualmente que “ningún familiar puede ayudar al propietario de la licencia con el negocio, ni siquiera puede contestar el teléfono para una reservación”. Toda esa información la recita Sonia Suárez casi que de memoria y mientras habla se pregunta una y otra vez “por qué”.

Mayra Soto Rodríguez, dueña del Hostal La Galleguita en Cienfuegos, cuenta que la habitación que renta está en su misma casa, y que la familia forma parte del negocio. “Si uno tiene una familia numerosa y todo el mundo ayuda en algún momento, porque al final las ganancias se revierten en todos los miembros, no debería hacer falta que en la familia haya más de una licencia”, razona.

Mientras, Sonia continúa haciéndose preguntas: “Yo entiendo que hay personas que evaden el fisco, que subdeclaran. En todas partes del mundo lo normal es que existan regulaciones, pero estas cosas, así como las dicen, no se entienden. ¿Cómo es que un esposo o un hijo —que ayudan en algo, ocasionalmente— van a necesitar un carnet de cuentapropista para eso?

La casa que Sonia tiene destinada para la renta está vacía desde hace varios meses. Ni siquiera las agencias con las que ella se involucra han podido aliviar esa sequía. Augura que será un fin de año con poca actividad: “y si encima, las decisiones gubernamentales complican nuestra gestión, no sé cómo vamos a terminar”.

De acuerdo con las cifras oficiales al respecto, este año no llegarán a Cuba los 5 millones de viajeros que habían calculado las autoridades, sino que se quedarán en torno a los 4 millones 750 mil visitantes. Eso gracias, en gran medida y aunque no se reconozca explícitamente, al crucerismo, cuyos viajeros se cuentan cada vez que tocan un puerto; por tanto, si un extranjero se baja en La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba, cuenta como tres visitas en lugar de una.

Según datos publicados en Prensa Latina, el Ministro de Turismo (MINTUR) Manuel Marrero, reportó que en Cuba habían en el 2017 alrededor de 16 000 habitaciones de renta. Como cita esa agencia, el titular cubano sugería desde 2016, trabajar en perfeccionar la metodología vigente para calcular los ingresos derivados de los visitantes que se hospedan en casas privadas, dado el crecimiento y competitividad mostrado por ese sector.

Datos aportados por el mismo ministerio refieren que las habitaciones del sector no estatal reciben alrededor del 25 por ciento de los visitantes extranjeros que llegan a este destino caribeño, cifra considerable para el negocio de la renta en un país con tanto turismo como lo es la isla.

El primer hostal gay friendly de Santa Clara

Trinidad es la ciudad con más negocios de renta de habitaciones a turistas internacionales después de La Habana. La plataforma de reserva de alojamiento online Airbnb reportó más de 2000 habitaciones en su portal web y se espera un aumento considerable tras la rehabilitación de la posibilidad de solicitar licencias para renta en diciembre próximo.

Para una propietaria de hostal que se ha dedicado por 22 años a este negocio en esa ciudad patrimonial, que tiene 58 años de edad y a quien llamaremos Rosa, este año no ha sido el mejor.

“Ha habido muy poco ingreso, el turismo ha disminuido mucho. Cada vez quienes llegan quieren pagar menos, hasta se juntan varias personas en una sola habitación. De forma general ha bajado la calidad de los clientes”, dice la arrendadora trinitaria quien prefiere mantenerse en el anonimato por aquello de pueblo chiquitico infierno grande. “En Trinidad todo se sabe al momento y no quiero verme afectada por mis declaraciones.

“El MINTUR se ha puesto ahora como regulador del estándar de nuestras habitaciones”, nos aclara Rosa. Según ella, ahora exigen una serie de requisitos que los hostaleros deben garantizar dentro de los espacios que rentan: el punto de luz, una agarradera dentro de los baños —que no se encuentra en ninguna tienda—, apliques —su casa es antigua, cómo va a buscar apliques que sean armónicos con la apariencia original—. “Además muy poco tiempo para todas estas adecuaciones. Es como si la idea fuera que desistieras de hacer tu negocio”, confiesa con angustia.

Sin embargo, en un rubro de tanta competencia, algunos —aunque reconozcan la poca entrada de extranjeros al territorio— no resultan tan afectados como otros. Ese es el caso de Marta García Oliver, quien conversa plácidamente en la sala del departamento que renta en La Habana Vieja, mientras espera la llegada de unos clientes.

Hace cuatro años que ella se dedica al negocio de la renta junto a su hija, que renunció a su puesto de enfermera para trabajar en el hostal con su madre. “Nos ha ido bien —reconoce Marta— pero el camino no es color de rosas, nunca lo ha sido, y menos ahora con estas nuevas regulaciones que nos quieren imponer.

“El problema con este asunto es que se regulan cosas de una manera arbitraria, mientras que a otros problemas no se le dan soluciones. Ahora no permiten que ningún familiar nos ayude a no ser que tenga carnet de cuentapropista; pero no hablan del mercado mayorista, de facilidades para compras de insumos, de que tenemos que pagar los impuestos tributarios aunque no tengamos clientes”.

Ella aún desconoce cómo van a funcionar las cuentas fiscales “porque el día de la reunión, la muchacha que fue representando al banco no tenía dominio del tema y no pudo aclarar las inquietudes de los que supuestamente tenemos que cumplir esas medidas.

“Algunas cosas no van a funcionar, pero otras sí las considero necesarias, entre ellas la exigencia de una licencia sanitaria para ofrecer alguna bebida o comida, porque muchas personas han sacado su licencia para rentar sin tener las condiciones para ofrecer otros servicios”, sostiene Marta. “El problema es que hay que llegar a un consenso, dialogar y, si se trata de corregir, pues que se solucionen todos los problemas y no solo una parte”, concluye.

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Vista desde el balcón de una casa de renta en La Habana Vieja. Foto: Alain Gutiérrez

 

Descontento entre los propietarios de casas de renta

En varios territorios del país el estado de opinión de los cuentapropistas dedicados al negocio de la renta de habitaciones toma el mismo rumbo.

Aunque Camagüey figura como la tercera provincia en importancia socioeconómica del país, constituye una ciudad de paso para el turismo internacional y, ante estas nuevas regulaciones, no han sido pocos los arrendadores que han expresado su intención de cerrar el negocio, algo que menguaría la endeble infraestructura hotelera citadina para atender a los visitantes extranjeros.

“Hay que cambiar el orden en que se hacen las cosas —dice sin titubeos Mario Calzadilla, dueño del hostal Green House de Camagüey—. Antes de emitir nuevas regulaciones deberían consultarnos, no venir nada más a informar los cambios. Además, se están tomando medidas sin tener respaldo de personal en las oficinas gubernamentales. Ahora mismo la ONAT de este municipio está sin abogado y, según me han dicho, también faltan trabajadores en las oficinas de Vivienda”, agregó.

Hay lentitud en los trámites. Y eso lo puede demostrar el propio Mario, abogado de profesión. Dice que la actualización de su licencia sanitaria la pidió hace más de un año y que todavía Salud Pública no la ha emitido. Ni siquiera los que dieron las capacitaciones en ese territorio tenían suficiente información. “Creo que la implementación de estas regulaciones aquí será un desastre”, declaró el camagüeyano.

Mario fue uno de los pocos dueños de hostales que en Camagüey accedió a ofrecer su parecer. Otros tantos cerraron puertas y argumentaron que prefieren aguardar en silencio hasta que entren en vigor las medidas y las autoridades respondan ante sus disgustos, expresados el pasado mes de octubre en un par de reuniones con representantes del Gobierno e instituciones estatales.

Hostelero desde los 12 años de edad

Algunos entrevistados coinciden en que las medidas, que pudieran tener aspectos positivos y contribuir a evitar la evasión de impuestos, atentan contra toda la lógica de los negocios privados, concebidos para funcionar como negocios familiares. Julio Roque González, propietario del afamado Hostal Peregrino en la capital cubana, piensa que son políticas que “terminan por enrarecer las gestiones de desarrollo de los emprendedores”.

“Tenemos 20 años de experiencia en este sector, y hemos visto de todo, nuestra casa hoy hospeda a una clienta extranjera que dentro de poco se casará en nuestro país, y eso nos llena de orgullo, de satisfacción, por estar en la preferencia de muchas personas que tienen a Cuba, no solo como destino turístico, sino como tierra de emprendimiento futuro”, confiesa Elsa Cires Cabrera, la esposa de Julio.

Los clientes que se rentan en hostales nada tienen que ver con los que prefieren los hoteles estatales. “El mercado funciona por segmentos”, aclara Julio, aunque reconoce que lo de él no es la economía, como tampoco parece ser de los que aprueban la puesta en marcha de medidas que atentan contra el desarrollo de un sector emprendedor, que al final revierte sus ganancias en mejoras para el propio país.

“Las regulaciones las hicieron en un laboratorio. No hubo consulta popular, no se nos preguntó cuáles eran nuestras necesidades, aspiraciones, no se tomó en cuenta nuestra realidad”, se queja Elsa, y agrega: “parece un castigo por haber elegido ser emprendedor”.

“Se está jugando con el futuro de este país. Lo que hoy es ya mañana no existe, y esa inestabilidad no da garantías de futuro”. Es lo que más teme esta pareja de emprendedores.

De forma general, los entrevistados coincidieron en las contradicciones que sustentan estas regulaciones. Si el cuentapropismo fue planteado como una mejora para la familia cubana, ahora es una preocupación constante ante la incertidumbre que generan las nuevas medidas. Mientras tanto queda esperar a que llegue diciembre, seguro que en el tiempo que resta, cada quien pensará en “alternativas particulares” para poder seguir trabajando por cuenta propia.

 

Este reportaje contó con las colaboraciones de Glenda Boza y Rogelio Serrano.