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12/09/2017

El cielo ya amenazaba tormenta. Nubes negras extendían un velo gris sobre el pueblo de Placetas, en la central provincia de Villa Clara. Los males surgieron con la llegada del viento y lluvia y con ellos, llegaron los primeros pacientes a las salas de hospitales, policlínicos y demás puestos médicos esparcidos por el municipio.

En el Hospital General Universitario Docente Daniel Codorniú, la interna Delia, de sexto año de medicina, recibió a los primeros afectados: “Horas antes que arribara el huracán Irma llegaron dos accidentados. Una mujer mayor de 63 años cayó de la azotea de su casa mientras bajaba la antena de televisión. Se fracturó la clavícula, el radio y una costilla. El otro caso fue de un joven que, colocando sacos de arena como contrapeso para su techo de zinc, resbaló y lo trajeron al hospital con varias contusiones. Ambos se atendieron con rapidez. Después retornaron a sus respectivas viviendas. Los traumas son las primeras lesiones y las más frecuentes en tiempos ciclónicos”.

Durante el paso de Irma, 10 cubanos perdieron la vida, la mayoría por derrumbes en sus viviendas, pero también por ahogamiento y electrocución. Los heridos, sin embargo, no son contados públicamente.

Jorge Arocha, especialista de primer grado en Medicina General Integral (MGI) asegura que mientras aumentan las lluvias y las ráfagas de viento, empiezan a llegar personas a los cuerpos de guardia: “En temporada ciclónica, de forma general, diagnosticamos traumas cerrados (golpes y contusiones), fracturas, heridas en la cabeza y en los miembros, principalmente por derrumbes. También lesiones por objetos volantes que salen disparados por los fuertes vientos sostenidos.”

Vía telefónica contactamos con la MGI Amanda Rodríguez, médico de guardia en el Policlínico del poblado Falcón, a las afueras de Placetas. “Hasta anoche (sábado 9 de septiembre) en esta localidad no hubo heridos ni pérdidas humanas, solo daños materiales. Las personas estuvieron guarecidas en sus hogares, a la espera de que pasara Irma. En Caicaje, un caserío intrincado dentro del municipio, se derrumbó el consultorio”.

En cambio, la tarde y noche del sábado 9, cuando el huracán azotó con más fuerza la provincia, el cuerpo de guardia del Hospital Daniel Codorniu estuvo muy ocupado. César Ariosa, interno de sexto año, cuenta su primera experiencia frente a estos fenómenos climatológicos: “El centro se encontraba en colapso. Los ventanales se abrieron por las ráfagas de viento que azotaban. Además se inundaron las salas de ginecología, cirugía, medicina y pediatría. Los pasillos estaban abarrotados, con gente guarecida como podían. Por suerte no llegó nadie lesionado por el huracán, pero fue una guardia difícil. Ocurrieron tres nacimientos, un aborto y una amenaza de parto pretérmino. Mucho trabajo en una situación especial. Poco importa que pasara un ciclón, el pueblo asiste al hospital y aquí estábamos para auxiliarlos.”

Respecto a los días posteriores el doctor Jorge Arocha advierte las medidas a seguir: “En plena fase recuperativa son comunes los brotes de enfermedades infecciosas: cólera, diarreas agudas (por el consumo de fuentes de agua no segura), infecciones transmitidas por vectores y roedores (dengue, zica, leptospirosis). Exhorto a la población a hervir el agua, usar hipoclorito de sodio y a consumir los alimentos en buen estado el mismo día. También a las familias que se encuentran en casas con peligro de derrumbe que evacúen a lugares más seguros, con atención médica garantizada.”

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Emilio L. HerreraEmilio L. HerreraPerfil del autor

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