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Roberto está alejado por decisión propia de su pareja y sus familiares. No asiste a discotecas ni revisa Facebook en zonas wifi. Donde está, a duras penas, se ve la señal de la televisión.

No es por falta de talento que ha decidido permanecer en lo más intrincado de las montañas. Los productores cinematográficos en La Habana lo seleccionaron para interpretar un personaje secundario en la película Vientos de Cuaresma, junto a Jorge Perugorría; lo cual podría constituir un buen inicio en la capital cubana para cualquier actor.

Pero Roberto ha preferido permanecer en la sede del Grupo Teatro Escambray, a 42 kilómetros de Santa Clara, totalmente alejado de la vida citadina. Desde las lomas y con sus puestas en escena, pretende aportar al escenario cubano, reflejarlo y cuestionarlo desde el arte, a pesar de la distancia.

Me quedé aquí porque es el grupo que hace el tipo de teatro que me gusta.

"Prefiero trabajar con teatro realista. Aquí también tengo la posibilidad de hacer cosas infantiles, de crear, y otras instituciones no dan esa posibilidad”. Yariel Valdés

Aunque el ambiente bucólico del lugar le permite a este joven interactuar con personas de campo y desarrollarse sin interferencias, también lo separa de los principales centros culturales, en los que no se presenta con regularidad como otros actores.

“Salimos de pase con una frecuencia semanal. Aquí tenemos espacios para ensayar y trabajar todo el tiempo del mundo. Así te dedicas íntegramente al trabajo, pero no tenemos lugares donde salir, pierdes totalmente tu vida social. Imagínate, hasta Cumanayagua, el pueblo más cercano, son 14 kilómetros”.

“También se dificulta el transporte cuando te vas, y tienes que estar aquí exactamente a las ocho de la mañana todos los lunes para ensayar”. Yariel Valdés

“Antes teníamos teléfono en los cuartos, pero ahora es un solo teléfono por planta y si se va la corriente pierdes completamente la comunicación. Cuando se rompe el teléfono comunitario de La Macagua la gente viene aquí a llamar. Si este también se rompe, como ocurre frecuentemente, tendríamos que viajar hasta dos kilómetros. Por suerte pusieron una torre en La Hanabanilla que nos da cobertura a los celulares, porque antes ni eso teníamos”.

Cuando no tiene trabajo o montajes de obra, Roberto se queda en la tranquilidad de su cuarto componiendo con su guitarra para los espectáculos, o para quien quiera cantar sus canciones en el futuro. Al caer la noche, el silencio sobrecoge al campamento. Para llegar hasta el lugar de las presentaciones, en ocasiones intrincado, el grupo debe moverse o trasladar al público a la sede.

“Aquí nos entretenemos de noche con una laptop o con los celulares, porque la señal de televisión es muy mala, aunque movamos la antena una y otra vez. A veces nos ponemos a hacer campeonatos de Call of Duty para distraernos”.

Hace poco montó junto a la actriz Arletty González una obra que retrata la realidad cubana mediante la crítica social y a través de personajes como Cleopatra, la reina de la noche, un delincuente que viaja a España y no sabe qué hacer allá, o un profesor desmotivado por lo que hace.

El salario de los actores depende de los niveles.

"Yo estoy considerado como primer nivel y por eso gano 640 pesos. Tienes que esforzarte para eso, porque hace mucha falta. En mis viajes, por ejemplo, gasto mucho dinero y a veces debo traer algo de comida porque a dos kilómetros a la redonda no hay nada que comprar. Por suerte aquí cocinan bien, incluso, nos dan doble ración. Antes vivía también de repartir películas y series con el Paquete aquí, pero luego alguien más se dedicó a eso y lo dejé”.

 Yariel Valdés

Lejos, muy lejos de La Habana, “en el fin del mundo”, dirían muchos, Roberto también tiene sus pretensiones: “Aprobé este año las pruebas del Instituto Superior de Arte y entro en septiembre. Ojalá se me dé la oportunidad de trabajar en televisión. Me preocupa que cuando vienes del teatro se te quedan algunos vicios que debes quitar”. 

Fotos: Yariel Valdés 

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Laura RodríguezLaura RodríguezPerfil del autor

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