Una noche de jueves, hace ya unos cuantos años, Yatsel Rodríguez entró a la peña de los trovadores en El Mejunje, un centro cultural emblemático de Santa Clara. Entonces decidió que quería hacer eso, que trovar era lo suyo.

“No tenía ni idea de que quería ser trovador, ni que la trova existiera como forma de vida, pero siempre tuve en la casa la guitarra y las canciones, mis tíos siempre andaban tocando y cantando, y cuando descubrí la Trovuntivitis en El mejunje, vinieron estos deseos de querer decir cosas que no puedes decir en una conversación de esa forma. Y resulté trovador, y creo que seguiré trovador hasta el fin de los días”.

Al estudiante de la carrera de Ciencias Naturales en el Instituto Pedagógico Félix Varela se le abría un camino que no había imaginado, y claro que recibió el apoyo de una parte de su familia y conocidos, aunque otros todavía hoy siguen pensando que el oficio de bardo es sinónimo de andar con una guitarra en medio de un parque, con una botella de alcohol cantando cualquier cosa, perdiendo el tiempo.

“Creo que es importante lo que hago, y creo que valió la pena dejar de ser profesor y comenzar a defender mis canciones.  La pedagogía que aprendí la puedo aplicar perfectamente en mis canciones y contribuir a que ocurran cambios en las personas. A mí me trasformaron las canciones de otros trovadores. Yo no creía en el poder de la trova ni de la guitarra, y hubo canciones que me cambiaron, por eso hago canciones y toco guitarra.”

Un buen día fue bienvenido oficialmente a la Trovuntivitis, la cofradía de trovadores más longeva del país. “Para mí ha sido la gran escuela, la que nunca pude pasar. Ahí he aprendido prácticamente todo”.

Las canciones de Yatsel Rodríguez nos hablan de amor, a veces desde un tono nostálgico, pero casi siempre el divertimento predomina en sus letras y melodías, porque “al cubano le gusta pasarlo bien y divertirse, ya tenemos el legado del guayabero y Pedro Luis Ferrer, y yo intento seguir ese legado.”

 

Yatsel Rodríguez.

Gracias a una beca de creación de la Asociación Hermanos Saíz, este joven trovador está grabando un disco en los Estudios Delfín, de Cienfuegos, pero el proceso ha sido algo más complejo de lo que él pensaba

“El financiamiento cubre grabación, masterización y mezcla, y he tenido ayuda de la AHS en lo del alojamiento, pero la trasportación he tenido que ponerla yo. El dinero que tú ganas por un lado tienes que echarlo pa ahí pa poder ir, llevar los músicos, los instrumentos. Hemos estado casi dos años de grabación y me parece que vamos a estar otro añito más para que todo salga bien”

De cualquier modo, Yatsel se sabe afortunado, y es que muy pocos trovadores dejan su impronta en un disco, con una industria que se desentiende del valor de una tradición que habita las raíces de la cultura nacional.

“No entiendo eso, porque si te pones a ver, grandes éxitos en la historia de la música cubana, canciones que están y estarán son canciones hechas por trovadores. Ese tipo de trabajo es el que veo que no nos llega, al menos aquí a Santa Clara, que somos tantos trovadores, con tremendas canciones.”

El asunto de la promoción y distribución de discos en Cuba es un asunto no resuelto, y aunque Yatsel sabe que en Santa Clara contará con el apoyo de los medios y las amistades para dar a conocer su producción discográfica, quiere que su música se escuche más allá:

“Cuando termine de grabar mi disco se lo voy a presentar a las disqueras, si a ninguna le interesa, iré a la radio, lo subiré a Internet, lo pondré en las redes sociales, lo llevaré por el país con mis medios, lo meto en el paquete. No veo otra forma de lograr que llegue el disco mío a los oídos de la gente.”

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