Yolanda Mauri es informática, o mejor, “desarrolladora de software” en Cuba. Cuando empezó su maestría en Cibernética Aplicada, especializada en Minería de Datos, no le sorprendió descubrirse junto a otra joven, rodeada por 58 hombres. En la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) donde estudió, se había sentido muchas veces como “un objeto anacrónico”.

Eso de que le gustara programar era visto como algo extraño en un entorno donde un alto porcentaje de las muchachas, a pesar de cursar estudios superiores en el área, detestan la programación. Pero un día supo que no era un bicho raro. Otras estudiantes de la misma escuela donde luego fue profesora se sentían como ella, poco escuchadas o segregadas en sus equipos de creación.

De los desafíos compartidos en ese periodo universitario y el entusiasmo por emprender algo que las hiciera sentirse protagonistas, surgió la comunidad Venus IT que desde 2011 ha pretendido ser “un espacio donde las mujeres comparten ideas, aplicaciones, códigos y experiencias, fundamentalmente relacionadas con la programación”.

Antes de pertenecer a Venus IT, Yolanda se esforzaba “por sentir, hacer y pensar como un hombre programador”. En este tiempo ha comprendido que ese no es el camino: “soy una mujer programadora, mi nivel de abstracción no es inferior ni superior al de mis compañeros, es simplemente diferente. La comunidad me ayudó a sobreponerme al miedo de expresarme y no ser aceptada. Puede que en algún momento, como ha sucedido, no aporte la solución óptima pero sí la más viable, la que está al alcance de todo el equipo y permitirá llegar más rápido al final del proyecto”, se explica.

Foto: Nadia Herrada Hidalgo

Las incomprensiones y obstáculos para organizar el primer y segundo encuentros de mujeres desarrolladoras de software hoy son historia. Lo que a esta joven cienfueguera no se le olvida es que hasta el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, que a ella como a muchos le parecía algo abstracto, se puso en su contra.

“Primero llegó la noticia de que la Microsoft Research no podía hacernos la donación monetaria para apoyar la I Celebración Cubana de la Mujer en la Computación “CCWiC 2015”, porque está prohibido hacer transacciones directas de un banco estadounidense a una institución cubana. Cuando nos lo dijeron todas nos miramos con cara de carnero degollado. Luego supimos que las colegas de esa división de Microsoft, que habían conocido del evento por estar incluido en la programación anual de la Association for Computing Machinery Committee on Women  (ACM Women), tampoco podían venir ya que no les daban visa para esos propósitos”, me cuenta Mauri mientras intenta reproducir los detalles de aquellos días en los que el bloqueo dejó de ser una entelequia y las abofeteó.

A pesar de los imprevistos y poniendo sus ahorros en función de la iniciativa, organizaron el intercambio, en el que estuvieron jóvenes profesionales de varias provincias cubanas y representantes de la ACM Women. La diversidad de las participantes, agrega, contribuyó a fortalecer las visiones de la comunidad y constatar con más anécdotas que “en este ámbito somos subvaloradas y que, incluso, las líderes de proyecto nos maltratan”.

Según algunos despachos de prensa, situaciones similares se constatan en las cifras de importantes compañías como Microsoft, donde las mujeres en puestos técnicos solo representaban el 16.6 % de su fuerza laboral, según reportes de octubre de 2014. Mientras, en Twitter y en Google, ocupaban el 10 y el 17 %, respectivamente. 

Tanto Yolanda como sus amigas están convencidas de que las mujeres son necesarias en los grupos de desarrollo de software porque les interesa “ver el resultado del trabajo en un corto periodo de tiempo y contribuyen a la integración”. Por eso, aunque no estudian ni trabajaban más en la UCI, desean mantenerse conectadas en un nuevo blog –que esté disponible más allá de la red universitaria nacional– y organizar muy pronto otro evento. “Quién sabe si ahora que Cuba y Estados Unidos están normalizando sus relaciones diplomáticas, se abran otras posibilidades de colaboración científica y las colegas americanas finalmente puedan compartir con nosotras sus experiencias”.