Jesús es un varón hermoso, con el biotipo perfecto de los galanes de telenovelas. Jesús es un modelo de 30 años y aparenta veinte y tantos. No se afeita el pecho ni se saca las cejas.

Se dejó una barba al estilo leñador para no tener que rasurarse el rostro. Y es que a Jesús no le gusta andar mirándose en los espejos y prefiere conservar el look natural. “Soy de pocos cuidados”, dice. “No es que ande sucio ni nada de eso, pero no soporto estar poniéndome cremas. Yo soy más a lo antiguo. Del menor acicalado posible”.

Se ve alto, pero me comenta que mide solo 1.80 metros y que es la talla mínima que demandan los diseñadores. “Por eso tengo competencia en cuanto a mi estatura, porque ahora buscan modelos más altos”. A pesar de los centímetros que puedan faltarle, este muchacho ha sabido triunfar en mundo del fashion show y colarse en importantes pasarelas de Cuba.

Cuando Jesús Rojas González empezó Economía y Contabilidad se dio cuenta de que no le había dedicado el tiempo que requerían sus estudios y decidió consagrarse solamente al modelaje para mejorar su “otra economía”. Sin embargo, no dejó de superarse con cursos de idioma o comunicación social. Él sabe que la carrera de los modelos es corta, y que los años te pueden serruchar la pasarela. 

Foto: Yariel Valdés

“Tenemos límites de condiciones físicas. Mientras te conserves bien y tu imagen sirva para promocionarte, puedes seguir. Depende del medio y los diseñadores que te contraten. Algunos dejan la pasarela y se dedican a hacer publicidad, aunque aquí en Cuba no funciona igual que en otros países. Ahora me estoy enfocando un poco en hacer ese trabajo porque es más cómodo para mí”.

Para darle promoción a un fotógrafo nuevo, a un determinado producto, o a las colecciones de los modistas, Jesús tiene que moverse generalmente a la capital. Mientras, en Santa Clara pertenece al Centro de la Moda y las Costumbres y trabaja para Pável y Guido, dos reconocidos diseñadores de la ciudad.

“Al principio tuve muchas limitantes porque debía mejorar mi condición física. La vida me cambió, porque tienes que acostumbrarte a hacer ejercicios a diario. No es fácil ser modelo, aunque las personas piensen lo contrario. Tienes que mantener una imagen y conservar determinado peso. ¿Te digo algo? La verdad es que nunca he tenido que hacer dieta”.

Foto: Yariel Valdés

En el pecho de Jesús se puede leer: “El verdadero sueño es poder soñar”. Le gustan los tatuajes y luce también un piercing cercano a la frase, dos caprichos personales que se pueden convertir en impedimentos para su oficio. Ser modelo y hombre, también anima comentarios populares poco laudatorios.

“Existen muchos prejuicios, sobre todo en América Latina. A veces nos acusan de narcisistas y ven a todos los hombres que lo practican como metrosexuales. Ahora se está usando más lo natural. También existe el cliché de que los modelos somos tontos y a mí me encanta leer, ver documentales mientras otros ven novelas. Te puede parecer increíble, pero ni siquiera tengo juegos en mi celular”.

En 2012 Jesús participó en el evento Arte y Moda y defendió un vestuario basado en un retrato de Fredy Mercury. Lo hizo montado en tacones. “Tenía que bailar y doblar la canción y me fue difícil aprender a andar en zapatos altos. Esa fue mi gran meta. Aquí en Cuba he hecho todo lo que he podido en el mundo de la moda. He servido de modelo protocolar, he trabajado con diseñadores cubanos e internacionales…Quizá me quedaría salir del país algún día para hacer algo en el exterior, pero la verdad es que tengo otras ideas para mi futuro. Sería interesante convertirme en ‘embajador de alguna marca’. No sé”.

Quizás más realista es que sueñe con convertirse en estilista o fotógrafo. Con conocimiento conversa sobre el buen vestir porque “el mundo del modelaje te enseña a saber lo que va bien contigo y lo que no”. Aunque parte de su vida ha transcurrido entre trajes, luces y maquillaje, quisiera montar algún día un negocio de gastronomía italiana. Adora la cocina y lleva “un gordo en su interior”.

El salario de un modelo en Cuba depende de la importancia del encargo hasta la fama del diseñador. “Es un buen trabajo y se gana bien. Yo no hago más nada que esto, llevo trece años viviendo de mi imagen”. 

Foto: Yariel Valdés