Jaime nunca imaginó que tuviera tantos escollos para ejercer como un simple entrenador de baloncesto. Su labor en el terreno, debajo de los aros, duró muy poco.

“Me gradué de Licenciatura en Cultura Física en 2011, pero ejercí sólo seis meses como trabajador del INDER. Lo tuve que dejar porque trabajar con el Estado no da para vivir”, dice sin ambages, con la independencia que le da tener ya 29 años.

“Mi especialidad era baloncesto y entrenaba muchachitos de la categoría 11-12 años. Tenía que mantener el área con dinero de mi bolsillo. Compraba las pelotas para entrenar, pintaba el terreno con pintura que conseguía por mis propios medios. Si los aros se rompían tenía que buscar un soldador para que me los arreglara y pagarle con mi dinero. Te exigían que el área tuviera condiciones y nadie se preocupaba por eso”, denuncia.

“Jamás pensé que las cosas fueran tan complicadas. Me imaginé que llegaría donde quería: ser un simple entrenador de baloncesto. Ya que nunca pude ser atleta, preferí vincularme a este deporte como entrenador y hacerlo bien. Y me sentía muy bien con los niños al margen de todos los problemas.”

“En Cuba es difícil enseñar baloncesto porque a todo el mundo le enseñan beisbol. Con los niños y el basket hay que empezar de cero, pero me encantaba iniciarlos en este deporte.”

Una vez que Jaime Simón Hurtado decidió salir del sistema institucional del deporte, buscó opciones para generarse ingresos y al cabo encontró una oferta que no se distancia tanto de su formación universitaria.

“Ahora trabajo en dos gimnasios particulares. En uno toda la mañana y en otro de ocho a diez de la noche”, se explica.

Foto: Yariel Valdés

“Soy es supervisor. Ayudo a los clientes, los oriento en cuanto al ejercicio y peso que tienen que hacer, el plano muscular que hay que trabajar cada día, las cargas. En ocasiones ejerzo como entrenador personal cuando un cliente quiere un entrenador a tiempo completo.”

Aquí me va bastante bien con los colegas. No tengo que estar haciendo papeles ni justificando nada, casi que se alegra.

El preparador físico en esta nueva forma de realizar su oficio se aplica a fondo:

“A las personas que están pasadas de peso le damos una dieta, pero le explicamos que la solución comienza en la casa y no en el gimnasio. Nosotros aconsejamos mucho a las personas, tratamos de eliminar tabúes, sobre todo en las mujeres, que piensan que el gimnasio las deforma”.

Foto: Yariel Valdés

“Yo me paso el tiempo explicando lo favorable que es el ejercicio físico para la salud y no solo hacer gimnasio, sino también ejercicios de cardio, correr, montar bicicleta. No es solo venir a realizar ejercicios, los que vienen a mi rutina se van de aquí educados acerca de su salud, que es más importante que venir a realizar ejercicios”, argumenta el “profesor”.

Aunque a Jaime se le nota entusiasmado con su oficio, libre de requerimientos burocráticos, si se le toca “la tecla” del básket se pone a soñar.

“Me gustaría volver al Básket. Quisiera trabajar las pesas en categorías superiores. De vez en cuando hago mis trabajitos con los atletas de la primera categoría, que me buscan para que los oriente en las pesas. Y ese es el sueño: llegar un día a ser ese preparador de gimnasio para los atletas profesionales de baloncesto. También quisiera tener mi propio gimnasio de pesas, pero eso cuesta dinero”, asegura.

Mientras lo reúne, nos dice, lo que hace ahora es una manera de calentar el brazo para intentar hacer otra vez una buena canasta.

Foto: Yariel Valdés