“Llegar hasta aquí ha sido como una película de terror”, cuenta George Zamora al recordar su travesía de 13 meses desde que salió de Cuba. Hoy vive a la intemperie en el puente internacional de Ysleta – Zaragoza, que une Ciudad Juárez con El Paso, Texas. Sigue allí con la esperanza de poder solicitar asilo político en Estados Unidos.

Ciudad Juárez es una ciudad mexicana que comparte la frontera con Estados Unidos y la principal fuente de ingresos de su población es la manufactura en masa para empresas transnacionales. En este territorio desértico es muy común la población flotante, casi siempre de otras regiones de México, personas que llegan con la esperanza de obtener un trabajo en esta zona geográfica donde los salarios son más elevados que en otras partes del país.

Al ser una ciudad que depende en gran medida del comercio con Estados Unidos, cuenta con cinco cruces internacionales: Santa Teresa, Paso del Norte, Córdova-Américas, Ysleta-Zaragoza y Tornillo, que permiten el traslado de vehículos y peatones entre ambos países. Los cruces de Santa Teresa y Tornillo se encuentran fuera de la mancha urbana, mientras que los otros se hallan en diferentes puntos de la ciudad.

George cuenta que tenía una paladar en Cuba, pero decidió salir de Cuba porque su ideología es opuesta a la del gobierno. Ahora se cubre con la cobija que le donó una mexicana y toma sorbos de su café de la mañana. “Yo tengo ganas de salir adelante y por eso me voy a quedar en este puente hasta que nos acepten a mí y a mi esposa en Estados Unidos”.

Su travesía inició con un vuelo destino a Guyana en septiembre de 2017. Luego llegó a Brasil en autobús. En el país sudamericano realizó varios trabajos, incluso recogió basura de las calles, a fin de recabar más dinero para llegar rápido a la frontera mexicana y cruzar a Estados Unidos.

En su recorrido dice haber sido golpeado y asaltado por policías locales, sobre todo en Panamá y Costa Rica, países en los que perdió todo el dinero que había juntado. Trabajó en varias localidades para poder continuar.

“Lo más difícil del viaje fueron los siete días que pasamos en la selva de Colombia, estábamos perdidos, caminamos largos tramos y sin alimentos”, recuerda.

cubanos emigrantes

Cubanos viviendo en el puente internacional de Ysleta – Zaragoza, que une Ciudad Juárez con El Paso, Texas. Foto: Esaú Nevárez

Entre la solidaridad y la indiferencia

A 10 kilómetros de donde se encuentran George y su esposa, en otro puente internacional de Ciudad Juárez, Felipe lleva siete días en espera de que el gobierno de Estados Unidos le permita llegar a la garita para solicitar asilo político.

Este cubano de 26 años vivía en Cienfuegos y tardó ocho meses en llegar hasta la frontera. En la actualidad, solo 20 pasos lo separan de su meta; el inconveniente: dos agentes de CBP —Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos— armados con fusiles de asalto, impiden su paso a territorio estadounidense.

“Yo tengo fe”, dice Felipe. “Pronto voy a estar del otro lado y voy a obtener un empleo”.

El camino para llegar aquí tampoco fue fácil, pero narra que lo más difícil es vivir en este sitio, con la incertidumbre y la desesperación que implica.

El frío seco del desierto mexicano ha sido su constante enemigo. Por la madrugada, la temperatura en esta área donde se halla el puente de concreto y malla ciclónica puede descender a cinco grados centígrados. La brisa entumece las extremidades y se cuela en los pulmones. Además, se hallan en medio del ajetreo de los transeúntes.

Miles de residentes de Ciudad Juárez atraviesan caminando diariamente la línea peatonal del cruce internacional en el que esperan cubanos, salvadoreños, hondureños, guatemaltecos… Algunos los apoyan y les entregan bebidas calientes, abrigos y dinero; otros pasan junto a ellos con mirada indiferente.

En esta zona fronteriza, el paso a través de los cruces forma parte de la dinámica cotidiana. Estadounidenses que viven en el territorio mexicano se trasladan cada mañana a Estados Unidos para estudiar y trabajar; mexicanos que cuentan con visa de estudiante viajan a la ciudad de El Paso en las mañanas y regresan en la tarde. Además, muchos de los mandos medios y altos de las maquiladoras viven en El Paso, pero su trabajo está en Juárez.

La empatía de los ciudadanos juarenses y de las asociaciones civiles ha hecho más llevadera la estancia de los migrantes en este cruce internacional, donde hoy se encuentran aproximadamente 30 cubanos. Además, voluntarios de la Cruz Roja local verifican que su estado de salud les permita seguir en el lugar, sin que ello represente un peligro para su vida.

El café caliente llega todos los días a las 5:00 a.m. y todos beben, incluso los niños, ya que eso les permite mantener su temperatura corporal.

La convivencia diaria los ha hecho organizarse entre ellos mismos y, como resultado, ahora todos llevan en su mano un número, el cual les asegura su lugar en la fila para cuando finalmente se les permita el acceso al punto de inspección migratoria estadounidense.

cubanos emigrantes

El número, asignado entre los propios migrantes según el orden de llegada, les asegura su posición de entrada a la garita de vigilancia fronteriza. Foto: Esaú Nevárez

El futuro a merced de los guardias fronterizos

Andrea es otra cubana; permaneció en el puente internacional Paso del Norte por tres días. La holguinera de 19 años —que al igual que Felipe se negó a decir su apellido— dijo que estudiaba el segundo semestre de la carrera de Derecho, pero que la falta de oportunidades en su país la llevó a buscar la forma de migrar, con Estados Unidos en la mira.

“Ahorré por años para llegar hasta aquí y ya estoy muy cerca”, comentó la estudiante.

Al momento de finalizar este artículo, Andrea había sido admitida por el gobierno estadounidense para solicitar asilo político, por lo que probablemente se encuentre en un centro de detención, en espera de una audiencia, la cual puede tardar meses.

El centro de detención de El Paso, Texas, es parecido a una gran bodega, delimitada por una malla ciclónica. La estancia de migrantes allí puede ser indefinida. En este lugar duermen, conviven y comen, como si estuvieran presos, pero no se encuentran en celdas aisladas, sino en áreas comunales donde alrededor de 40 migrantes tienen unas pequeñas camas individuales y cobijas delgadas, que parecen estar hechas de papel aluminio. A unos 50 kilómetros al este, se encuentra otro centro donde solo albergan a niños bajo unas condiciones similares.

Durante la estadía en los puentes internacionales de Ciudad Juárez, los migrantes han presenciado la hostilidad de las autoridades estadounidenses, que realizan simulacros antimotines a unos metros de donde ellos esperan. Al menos dos operativos se llevan a cabo diariamente.

Han visto cómo decenas de agentes —armados con rifles de asalto, macanas, gases lacrimógenos y escudos— ensayan formaciones tácticas para entrar en acción, en caso de una contingencia.

“Es impresionante y sí me da miedo, pero voy a seguir esperando mi turno”, asegura Felipe mientras voltea la mano en la que tiene plasmado el número 22.

Foto: Esaú Nevárez

Foto: Esaú Nevárez

Entre la medianoche y las 3:00 a.m. la esperanza crece en el grupo, ya que en ocasiones los agentes migratorios suben a la joroba de los puentes y dan entrada a algunas personas para que inicien su petición de asilo político.

En una ocasión pasaron tres familias procedentes de Cuba, Honduras y Rusia. Otra noche, fueron admitidas personas que viajaban con niños, al igual que mujeres que habían llegado sin compañía. Los hombres que viajan solos se han ido rezagando, pero aun así no pierden la esperanza de que pronto les den ingreso.

A pesar de que es común ver a migrantes en la frontera de Juárez y El Paso, es la primera vez que se postran en los puentes internacionales durante días, a la espera de que las autoridades estadounidenses les permitan solicitar asilo político. Su presencia se ha ido incrementando y ya suman más de 200 personas viviendo en los cruces internacionales de este estado mexicano. Los medios de prensa de otras ciudades fronterizas como Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo, estado Tamaulipas, también informan de aglomeraciones de migrantes en los cruces internacionales, entre ellos cubanos.

Los cubanos han perdido privilegios

Antes de que Obama derogara la política de Pies secos/Pies mojados, el 12 de enero de 2017, los cubanos que llegaban a estos puntos fronterizos y pedían ingresar a Estados Unidos, eran admitidos directamente bajo palabra (parole) y la mayoría de ellos no permanecía en los centros de detención, a menos que contaran con antecedentes penales en la isla.

Luego de ese acontecimiento, en determinados centros de control de la frontera estaban siendo procesados cubanos que pedían asilo político pero debían permanecer detenidos, al igual que el resto de los migrantes que buscan quedarse en territorio estadounidense sin la documentación requerida por este gobierno. Tras la detención de hasta seis meses, en algunos casos eran liberados con una orden de supervisión y comenzaban su proceso para solicitar asilo político, siempre que contaran con pruebas de que eran perseguidos por el gobierno en Cuba.

La humedad de los pies

Desde hace varios meses la situación ha cambiado, y en varias ciudades fronterizas los cubanos deben esperar a que les den paso al centro de migración. Mientras esa autorización llega, viven en los cruces internacionales. Actualmente en Ciudad Juárez, se hallan en el mismo sitio que el resto de los migrantes, no tienen la seguridad de que pasarán al otro lado, cuál será el tiempo de espera si logran entrar y si finalmente serán aceptados para quedarse. Según el sitio web oficial de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, durante el año 2018 un total de 7,079 cubanos han sido declarados inadmisibles. Solamente en el estado de Laredo, han sido procesadas 6,533 de estas negaciones.

Las reglas migratorias se han vuelto más restrictivas durante la administración de Donald Trump y ya se atrincheran efectivos de la Guardia Nacional para reforzar la seguridad en la frontera con México, ante el avance por este territorio de más de 7 mil centroamericanos que desean llegar a Estados Unidos.

Además, el pasado 9 de noviembre el presidente Trump firmó una orden que impide a los inmigrantes que lleguen ilegalmente en Estados Unidos a través de la frontera con México, solicitar asilo político.

“La continua y amenazante migración en masa de extranjeros, sin base para su admisión en Estados Unidos a través de nuestra frontera sur, ha precipitado una crisis que socava la integridad de nuestras fronteras”, indica Trump en la proclamación presidencial.

Tal y como está planteado, el decreto parece afectar el proceso de solicitud de asilo no solo de los migrantes que burlen a las autoridades fronterizas sino también el de quienes soliciten el acceso en los centros fronterizos, incluidos los cubanos, pues también llegan sin visa a dichas instalaciones. Quienes no hayan realizado un trámite consular y no posean sus documentos en regla, serán considerados bajo la misma categoría de ilegales.

Desde que la caravana de centroamericanos avanza por territorio mexicano la situación se ha vuelto caótica en los cruces internacionales. Además de la novedosa situación de migrantes viviendo a la intemperie, los tiempos de traslado de un país a otro se han incrementado —normalmente en diferentes horarios del día oscilaban entre 10 y 45 minutos para los peatones y entre 30 minutos y dos horas para vehículos—. También han comenzado a ocurrir paros intermitentes de 10 a 15 minutos durante el día, en los que se detiene el paso desde México hacia Estados Unidos y viceversa. Según declaraciones de la guardia fronteriza, se trata de ensayos tácticos como preparación para una posible migración masiva.