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El único taller particular de impresión 3D en La Habana

Una fábrica en tu mesa de trabajo. Una fábrica para construir lo que no puedes comprar. Una fábrica para crear lo que aún no existe. Así de poderosas son las tecnologías de impresión en tres dimensiones (3D).

Fue en 2009, en una Feria de Tecnología en Panamá: Abel Bajuelos vio cómo poco a poco, por capas, una máquina fabricaba un objeto de la nada, por demás, funcional.

Para que él —un individuo cualquiera, cubano, curioso, “cacharrero”— pudiera ver e idealizar tal proceso, el profesor británico Adrian Bowyer, se había encargado de crear impresoras 3D de bajo costo, con software y hardware abiertos.

Abel captó al momento el potencial de la tecnología para un país como Cuba: con un mercado interno muy deprimido, en escenarios de constantes carencias y con una capacidad de inventiva asombrosa.

En un inicio se decidió por otro emprendimiento: la sala de videojuegos Habanastation, la primera del país según él. Los precios de las impresoras 3D eran todavía altos, y había mucho desconocimiento sobre el tema. No era el momento.

“Pero pasó lo que pasó —cuenta—. Prohibieron las salas de juegos de la noche a la mañana. Y ya sabes, a grandes crisis, grandes soluciones”.

Desde entonces, Crear-te es el único taller de impresiones 3D conocido, al menos en La Habana. “En los países subdesarrollados como el nuestro esta tecnología es una bendición. Te permite como ninguna otra, y de manera más rápida y eficiente, dar soluciones locales a problemas locales. Desde un garaje puedo fabricar para mí o para otra persona un objeto específico. No es que mi idea la coja una empresa, la pague y después la fabrique. Yo puedo crear directamente”.

Y en efecto, una de las funciones principales del taller es la replicación de partes y piezas de repuesto. En un proceso llamado ingeniería inversa, se toma la pieza rota, se modela y vectoriza, y luego se imprime para que quede como la original traída por el cliente. En ese grupo de clientes entran muchos cuentapropistas con sus equipos que, al no estar diseñados para usos industriales, se deterioran más rápido.

 

Al principio Crear-te se ideó solo como plataforma para la impresión. Pero se encontró con un problema. Los artistas, diseñadores, arquitectos que modelan lo hacen para renders, videorrealismo, videojuegos o presentación de proyectos, no para fabricar.

“No hay cultura —explica Abel— ni siquiera con los métodos de fabricación tradicionales, por inyección de plástico, molde o sustracción de material. Y eso pasa por la propia dinámica porque aquí, ¿quién fabrica?”.

En cambio, lo que existe es una cultura de reparación, de remiendos.

Abel tuvo que aprender sobre diseño, ingeniería, resistencia de materiales… Y el know how, es sabido, se paga —a veces más que el producto—. Pero en este caso se pone en riesgo a los clientes. Si el precio sube, ellos bajan. Por lo tanto, el margen de ganancias debe ser mínimo, como estrategia para atraer clientes en un escenario donde poco se conoce sobre la tecnología y sus potencialidades. Crear su propio mercado ha sido lo más difícil.

Al precio hay que cargarle además el costo de la materia prima, unos rollos de filamento a base de materiales como polímeros y policarbonatos. Como los rollos, paradójicamente, son solo de fabricación industrial, tienen que importarse, dice él, “por las mismas vías de las que se han valido los cuentapropistas: por envíos o los traigo yo, con carácter no comercial. Lo que no puedo entrarlos en grandes cantidades. Pero como la tecnología optimiza tanto la fabricación, con un rollo se puede fabricar bastante”.  

Los primeros ochos meses de Crear-te fueron, económicamente hablando, de pérdidas. Solo comenzó a ser rentable después de un año. Un tiempo largo si tomamos en consideración que en Cuba un emprendimiento puede tardarse entre tres y seis meses para levantar cabeza. 

Ahora Abel busca un establecimiento estatal para el taller, que ha pasado en dos años por dos locales particulares. Con ellos no puede lograr estabilidad, cuenta, lo mismo porque un buen día deciden vender la casa o porque, al ver de qué va su negocio, quieren cobrarle más caro el alquiler.

“La impresión 3D es un boom —me dice Abel— porque, entre tantas otras cosas, trae el concepto del prosumer (productor-consumidor) al mundo real. Demuestra cómo una persona puede involucrarse activamente en los procesos de desarrollo de los bienes que consume. Darle esa posibilidad a la gente resulta una herramienta de empoderamiento muy eficaz”.

Sobre el autor

Cynthia de la CanteraCynthia de la CanteraPerfil del autor

Comentarios

Yuri 4 meses 1 día

Es un luchador/cacharrero, Fui uno de sus primeros clientes cuando puso su taller en la curva del zoologico de 26 en la Habana. Muy amable, volvi un tiempo despues pero no estaban ya ahi, como bien dice el articulo, necesita establecerce. Le agradeceria si me dieran su contacto.